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Eleonora Badilla Saxe

Me estoy repitiendo…  como me decían mis estudiantes cuando creían que lo habían comprendido todo…

Conforme pasan los años, regreso a mis referentes y confirmo que, a pesar de tanto avance civilizatorio, seguimos sin el valor para asumir el pensamiento y la acción necesarios para cambiar el rumbo de caminos que sabemos inciertos y peligrosos.

Por lo menos en relación con la educación, tengo certeza de que es así. Por eso, regreso a H.G. Wells ( Herbert George 1866 – 1946), novelista, periodista, sociólogo e historiador inglés, considerado por muchos el padre de la ciencia ficción moderna, y a su sentencia lapidaria de que “la historia se convierte cada vez más en una carrera entre la educación y la catástrofe”. Ya lo había citado en el 2004 en otro artículo de opinión, porque la situación de la educación a principios del siglo XXI, estaba en una situación peligrosa; y porque la falta de pensamiento y acción al respecto auguraba que la catástrofe nos estaría ganando la carrera.

Recurro de nuevo a la cita de Wells, por al menos dos razones. Por una parte, porque podemos reconocer que es una verdad compartida en muchas culturas, que la educación es la que permite a la humanidad escribir una historia vital, equitativa, longeva, beneficiosa, (no catastrófica); y también porque si entrando en este siglo observaba que la catástrofe podría estar ganando la carrera, el Informe del Estado de la Educación que se presenta cada dos años, confirma periódicamente la lamentable situación del sistema educativo y alerta de su permanente deterioro. Los hallazgos del informe no siempre son sorpresa para quienes observamos la educación; muchas de las carencias están a simple vista. Pero  su rigurosidad investigativa y la inclusión de muchas voces y miradas, le dan una validez contundente. Además, de que revela muchos datos que no siempre son visibles.

El Noveno Informe, presentado el pasado jueves 31 de agosto, además de mucha preocupación nos ha dejado con un profundo dolor. En el lapso entre el octavo y el noveno Informes, el Estado Costarricense no ha querido asumir con valentía las difíciles decisiones que se requieren para atender la agonizante situación del sistema. Y cuando hablamos de sistema, es necesario tomar conciencia de que nos referimos a personas: a niños, niñas, adolescentes, docentes y familias enteras a la que la situación catastrófica que padecen les arrebata el derecho a una educación de calidad y les condena a una historia personal y familiar de vulnerabilidad e imposibilidad de progreso humano. Y también es necesario reconocer que nos referimos a toda la sociedad costarricense, que se enfrenta a una historia presente y futura de inequidad, ignorancia y violencia. En estas condiciones nadie se salva nadie. Nadie.

El informe hay que leerlo completo para comprobar su rigurosidad investigativa y su seriedad académica. Pero además, hay que relacionarlo con los otros ocho informes (que han sido ignorados) porque han venido señalando el peligro al que nos enfrentamos y ofreciendo alternativas de mejora. El Informe está disponible en Internet. donde se puede leer en línea y también descargar.

Quisiera hacer un resumen o destacar algunos aspectos del informe, pero las carencias educativas para estudiantes, docentes, familias y en general el país, son multidimensionales y bastante generalizadas: la infraestructura está deteriorada; el aprendizaje es muy deficiente; los avances que veníamos poco a poco cultivando han sufrido “borrón sin cuenta nueva”; hay brechas de género; aún no hay conectividad; no hay macro evaluación y la micro evaluación está cuestionada; no se aplican las pruebas de conocimiento e idoneidad para la contratación de docentes.

Innumerables veces en el pasado hemos dicho que se requiere un acuerdo nacional para enfrentar los grandes desafíos que presenta la situación del sistema educativo costarricense. Treinta y un veces esa intencionalidad se ha convertido en uno y otro acuerdo nacional en pro de la educación. Uno a uno, hemos engavetado los treinta y un acuerdos, como si no fueran de cumplimiento obligatorio.

Esta catástrofe nos pone al borde del abismo social e histórico. No es necesario otro acuerdo. Hay que estudiar los que ya hemos firmado; hay que revisar las propuestas de este y de los anteriores Informes del Estado de la Educación; hay que definir una política de Estado (no de gobierno) de largo plazo; y sobre todo, es imperativo modernizar la Gobernanza del sistema educativo nacional.

Se trata de una tarea política pero no puede asumirse de manera partidista ni electorera; es una misión nacional que es urgente acometer desde la sociedad civil.

Como dijo H.G. Wells, la carrera es entre la educación o catástrofe.

 

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Por Eleonora Badilla Saxe

Es Rectora de la Universidad Castro Carazo y Catedrática de la Universidad de Costa Rica. Tiene un Doctorado en Educación por la Universidad De La Salle y una Maestría en Educación con mención en uso de Tecnologías Digitales en el Aprendizaje por la Universidad de Hartford. Ha sido consultora en temas educativos en Costa Rica y otros países de la región. Entre 2000 y 2004 fue Investigadora Visitante en el Laboratorio de Medios (Media Lab) del Instituto Tecnológico de Massachusetts MIT. Publica con regularidad en revistas especializadas y en páginas de opinión (OP ED) en diversos medios de prensa.