Eli Feinzaig: El sector más importante de la sociedad

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Eli Feinzaig, Economista.

Los jueces son el último bastión de la democracia. Ni hablar de los magistrados, que son como el Atlas sobre cuyos hombros descansa el cielo. Ningún esfuerzo que haga la sociedad para remunerar su excelsa labor les hará justicia. Sus salarios deben ser entre 20 y 30 veces el salario mínimo para evitar que caigan en la tentación de la corrupción. Sus pensiones no pueden guardar relación con sus aportes, porque en su jubilación ellos, y solo ellos, tienen nietos y también las dificultades propias de la tercera edad. Aunque se pensionen a los 55 años.

Los médicos son indispensables. Sin ellos, cualquier gripe nos mataría y nuestra calidad de vida sería inferior. Además, estudian muchos años. Sin ninguna duda, ellos, más que nadie, merecen que sus salarios siempre sean más altos que los del resto de los trabajadores. Y que sus ingresos crezcan cada vez que se les aumente el salario a los demás funcionarios, no vaya a ser que deje de ser notoria su superioridad.

Ninguna sociedad podría progresar sin maestros. Sin ellos no habría transmisión de conocimientos, nadie se podría superar, y nadie saldría de la pobreza. Ellos educan a nuestros hijos mientras nosotros trabajamos para alimentarlos. Por aguantarse a un montón de güilas ajenos, merecen tres meses de vacaciones, un plus por calificar tareas y exámenes y otro por preparar lecciones, además de un sobresueldo por cuidar la huerta de la escuela y el derecho a no recibir castigo alguno por abandonar las aulas durante 45 días de huelga ilegal.

No hay nadie más importante que los agricultores. Sin ellos no tendríamos alimento, una dieta balanceada, y la añoranza de un tiempo mejor y un estilo de vida superior. No tendríamos el mejor café del mundo, bananos cargados de potasio para evitar los calambres, arroz y frijoles pal gallo pinto, tomates, lechugas ni cebollas para la ensalada. Ellos merecen que sus productos estén protegidos con aranceles de importación, aunque ello condene a la pobreza al 20% de la población, y que su estilo de vida sea preservado, aunque ello los condene a la pobreza. Así de importantes son.

Ya en plan, no hay trabajador más importante y sacrificado que el recolector de basura. Viven expuestos a la inmundicia, las enfermedades y los malos olores. Sin ellos no habría médico que nos salve de la peste, no podríamos sacar el carro de la cochera para llevar a los mocosos a la escuela o para visitar la feria del agricultor, ni fallo de la Sala IV que garantice un ambiente sano para los ciudadanos. Aún así, son probablemente los funcionarios peor pagados de la administración pública.

Si esto le suena a chiste, es porque está inspirado en aquel que cuenta que estaban los órganos del cuerpo humano discutiendo cuál es el más importante. El cerebro es el director de orquesta, el que le dice a todos los demás qué hacer y cuándo. El corazón bombea sangre y lleva vida a todos los rincones del cuerpo. Los pulmones oxigenan la sangre y el cerebro, sin lo cual moriríamos. Y así por el estilo, hasta que le tocó el turno al ano, que sin mucha parsimonia recordó a sus más prestigiosos compañeros que si él se pone en huelga, pronto estarían todos hasta la cabeza de excremento. Que es como vamos a quedar en Costa Rica si todos se siguen creyendo miembros de una aristocracia esencial y mantienen la exigencia de que sea alguien más quien cargue con el peso del ajuste.

(Este fue mi comentario editorial del 23/19/2018, en A Las Cinco Con Alberto Padilla, por CRC 89.1 Radio)

El autor es Economista, consultor y empresario. Liberal, demócrata y librepensador.
Presidente del Partido Liberal Progresista.

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