Eli Feinzaig: La ciudadanía lo exige, el Teatro Nacional lo demanda

Pero el Teatro Nacional necesita estos trabajos con urgencia. No podemos seguir arriesgando su integridad cuando hay oficinas instaladas en los camerinos y bodegas llenas de material inflamable en las propias instalaciones del teatro. Por eso, además de los trabajos eléctricos y restaurativos, estoy convencido de la necesidad del edificio anexo planteado en el proyecto.

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Eli FeinzaigEconomista.

El rechazo legislativo del crédito para el Teatro Nacional no significa que el Teatro no necesita los trabajos de restauración, reemplazo del sistema eléctrico e instalación de un sistema anti incendio. Los necesita con urgencia.

La no aprobación del crédito es un triunfo del populismo sobre la razón y un fracaso de la administración en brindar argumentos convincentes para neutralizar la demagogia populista de quienes entienden que hacer oposición es promover que arda Roma, siempre y cuando suceda bajo la administración del adversario.

Y digo que es un fracaso de la administración porque el costarricense promedio tiene muchas razones para dudar de este tipo de proyectos, y hace falta explicar las cosas con total claridad y la más absoluta transparencia.

La historia reciente está plagada de créditos aprobados que luego no se pudieron ejecutar por falta de información, planos incompletos, ausencia de presupuestos detallados y, en otros casos diferentes, expropiaciones no contempladas y nula coordinación entre entidades estatales que deben reubicar o resguardar las infraestructuras públicas que comparten los mismos espacios.

La historia reciente está plagada de créditos por los que pagamos comisiones sin poder utilizarlos, y proyectos que terminan costando el doble de lo inicialmente estimado, si es que alguna vez se llegan a hacer.

Pero el Teatro Nacional necesita estos trabajos con urgencia. No podemos seguir arriesgando su integridad cuando hay oficinas instaladas en los camerinos y bodegas llenas de material inflamable en las propias instalaciones del teatro. Por eso, además de los trabajos eléctricos y restaurativos, estoy convencido de la necesidad del edificio anexo planteado en el proyecto.

Ojalá que este fracaso sea tomado como una oportunidad por la administración del Teatro para explicar mejor el proyecto y someter voluntariamente planos, presupuestos y demás información pertinente a una auditoría externa e independiente que los valide, para poder convencer a los incrédulos, o que señale las carencias y fallas que habrá que corregir, para replantearlo de manera que se pueda aprobar lo más pronto posible.

La ciudadanía lo exige; el Teatro lo demanda.

 

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