Eli Feinzaig: Lo bueno, lo malo y lo feo de la cifras fiscales 2018

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El gobierno anunció esta mañana que el déficit fiscal cerró en 6% del PIB el año pasado, lo cual representa una mejoría con respecto al 7,2% proyectado a principios del 2018. No todo lo que brilla es oro. Puesto de otra forma, las cosas no son en blanco y negro, sino que hay miles de tonos de gris en el medio. Matices, diría don Randall Rivera.

LO BUENO

Empecemos por lo obvio: un déficit menor al proyectado es una buena noticia, sobre todo para un país que ha estado (y sigue) jugando al borde de un precipicio de profundidad insondable.

El hecho de que una parte de ese mejor resultado se deba a un esfuerzo de control del gasto público desplegado por el gobierno es también una buena noticia, máxime que desde el gobierno de Abel Pacheco no se veía en Costa Rica un esfuerzo en esa dirección. Hay, sin embargo, una diferencia enorme: la contención del gasto originada en el cambio del cálculo de las anualidades y otros pluses, instaurada vía decreto desde el primer mes de la administración Alvarado Quesada, y luego introducida en la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas aprobada en diciembre, es sostenible en el tiempo. Lo de la época de Pacheco de la Espriella fue un simple “dejar de hacer” que produjo ahorros inmediatos, pero no sostenibles. Kudos, Rocío Aguilar.

LO MALO

No nos llamemos a engaño: un déficit del 6% es un desastre, aunque sea menos malo que uno del 7,2%. El 2018 fue el noveno año consecutivo en que el déficit fiscal superó el 4% del PIB, además de haber sido el sexto año consecutivo -y el sétimo de los últimos nueve años- en que superó el 5%.

Producto de lo anterior, la deuda del gobierno central (no la del sector público completo) pasó de un saludable 24,1% del PIB en 2008 a un preocupante 53,7% el año pasado, y se proyecta que seguirá creciendo al menos de aquí al 2022. Este es uno de los indicadores que los mercados siguen muy de cerca, sobre todo al relacionarlo con la poca credibilidad de las reformas (la ya aprobada y las pendientes) para poder garantizar el pago.

Otro aspecto muy preocupante es que los ingresos tributarios cayeron en 0,19% del PIB (con respecto a 2017) producto de la desaceleración económica, y no se ven en el horizonte medidas y reformas que puedan dinamizar la producción del país. De hecho, en el comunicado de prensa oficial del gobierno, se habla de la urgencia de aprobar los eurobonos (mayor endeudamiento), pero no se menciona del todo las reformas del empleo público y del Estado, ni tampoco un plan creíble de reactivación.

Y mientras no haya recorte del gasto (no mera contención) y una reactivación de la economía, no tendremos ni esperanza de parar el crecimiento del rubro de intereses de la deuda, que subió en 0,44% del PIB con respecto al 2017.

LO FEO

La reducción en el rubro de remuneraciones, mérito total de este gobierno, representó apenas el 0,06% del PIB. Para llegar a la reducción del 1,2% del déficit (con respecto a lo proyectado), otras cosas menos edificantes sucedieron en el trasfondo.

Por el lado de los ingresos, las cifras se beneficiaron del efecto de la amnistía tributaria (+0,2% del PIB) y de la cancelación por parte del BCR del perro que había dejado amarrado Bancredito (aprox. 0,2% también). Estos son ingresos extraordinarios, que no se repetirán en años subsiguientes, y por ende distorsionan el verdadero panorama de los ingresos que, como ya vimos, han caído por causa de la ralentización de la economía. El punto: esta “mejora” no es sostenible en el tiempo.

El rubro de “Transferencias corrientes” cayó en 0,17% del PIB, mientras que el de “Otros gastos” lo hizo en un 0,60%. Aunque no lo cuantifica, el gobierno admite en su comunicado que esto se dio, en parte, subejecutando el rubro de inversión pública (gastos de capital), lo cual, dice, “no resulta satisfactorio” y es un “reto necesario de solventar, como elemento dinamizador del crecimiento”.

Un aspecto al que no alude el comunicado del gobierno es el atraso en los giros de las ayudas sociales que la prensa ha venido reportando en las últimas semanas. Con solo que un pago se atrase de diciembre a enero, altera los resultados en caja al final del ejercicio fiscal, y eso podría estar reflejándose en esas disminuciones observadas en transferencias corrientes y otros gastos. Las cifras presentadas por el gobierno el día de hoy no son definitivas, ya que la elaboración de la contabilidad nacional es bastante compleja. Uno esperaría que las cifras definitivas sean reportadas con base devengado y corrijan ese efecto.

LO HORRIBLE: LA DUDA

Cuesta creer que se pueda dar una disminución del déficit del 1,2% del PIB, cifra que no se la salta una cabra con garrocha. Menos aun cuando el crecimiento ha sido también significativamente menor al proyectado.

Hasta hace pocas semanas, tanto el Banco Central como Hacienda venían insistiendo que el déficit cerraría en el orden de lo pronosticado. A finales de agosto la ministra Rocío Aguilar más bien advirtió a la Asamblea (https://bit.ly/2CvloX2) que el déficit financiero cerraría en 8,2% (un punto más de lo proyectado, dos puntos más de lo reportado hoy) y que el déficit primario (excluyendo el pago de intereses) cerraría en 4,2% (ahora dicen que cerró en 2,44%, casi dos puntos menos).

No hay ninguna descripción de la foto disponible.Entiendo que Hacienda quisiera asustar con la vaina vacía para impulsar el paquete fiscal, pero diferencias tan grandes en tan solo 4 meses ponen en entredicho la seriedad con que se hacen las proyecciones en este país.

El propio Banco Central -de quien esperamos más apego a la técnica y no caer en el juego político al que es más susceptible Hacienda- proyectó en su revisión del Programa Macroeconómico de julio del 2018 que el crecimiento sería del 3,2% en 2018 y 3,4% en 2019, e insistió en el déficit del 7,2% para el 2018 (en ausencia de reforma fiscal).

Para ese entonces ya el Banco Mundial había proyectado 2,7% y 2,6% de crecimiento en 2018 y 2019 respectivamente. Ahora las autoridades hablan de alrededor de un 2,7% de crecimiento real en el 2018, y culpan de ello a la huelga (que en efecto habrá impactado el crecimiento, pero no es el único factor; la desaceleración y la disminución de los ingresos venían desde el primer semestre).

En los próximos días el Banco Central deberá presentar su Programa Macroeconómico para el 2019, el primero con don Rodrigo Cubero como su presidente. Se le presenta una oportunidad de oro para rectificar, abandonar la politiquería que fue la norma cuando Olivier Castro presidió dicha entidad, y permitirnos recuperar la confianza en las cifras que elabora y publica. El país debe adoptar reformas mucho más ambiciosas que el paquete fiscal. Recuerden la parábola de Pedro y el lobo.

 

Eli Feinzaig.
Economista, consultor y empresario. Liberal, demócrata y librepensador.
Presidente del Partido Liberal Progresista.  
#SoyLiberal

 

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