Elizabeth Jiménez Núñez: Todos somos la familia Calzada

Después recordamos que todos y cada uno de nosotros somos parte, somos la familia Calzada y nuestros hijos puede conectarse en cualquier momento y en distintas circunstancias, y somos padres y madres, y parimos hijos e hijas ajenas

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Elizabeth Jiménez Núñez, Abogada y escritora.

En el misterio de la vida estamos todos, nuestros progenitores eligen el nombre con el que iniciamos nuestro camino, pero el camino va eligiendo la forma en que transitaremos por el viaje de la existencia.

Los padres y las madres desfilamos inquietos pero fortalecidos porque a pesar de los riesgos, y de la incertidumbre de traer una vida al mundo, logramos escuchar el grito de júbilo y de continuidad, nuestros recién nacidos libran la batalla y logran desafiar el frío y la luz que, antes les era totalmente extraña. El mundo los recibe. Vemos con extrañeza a esas pequeñas criaturas indefensas en la cuna tibia de nuestro pecho y en ese preciso instante nos sentimos confiados, nuestros hijos y nuestras hijas están a salvo.

Después, vamos librando obstáculos, reconociendo la imperfección de la que estamos hechos y nos gustaría tener un manual certero que pudiera darnos algunas respuestas para no equivocarnos. En esa tarea los que deambulamos por algunos momentos álgidos de la crianza de nuestros hijos e hijas, recurrimos a lo que nos sostiene, generalmente el sentido de nuestra vida y nuestros esfuerzos están enfocados en hacer bien las cosas.

No todos gozamos de las mismas condiciones de privilegio, ni imaginamos que en la carrera contra el tiempo coexistimos con quienes muchas veces no han tenido recursos suficientes para librar la batalla de la crianza, porque desafortunadamente existen casuísticamente miles de contextos sociales difíciles que acarrean mucho desasosiego en los núcleos familiares y las consecuencias inimaginables persisten.

Después de todo, desde el rincón más remoto de la tierra hasta el ruido más ensordecedor de cualquier ciudad, existe una estructura familiar, un grupo de personas que están unidas, personas que alberga alegrías y dolores múltiples y que no escogieron sus cruces. No es sencillo entender la complejidad con la que se trazan las relaciones humanas, y el por qué en la ruleta del camino o en el camino de la ruleta algunos seguimos contando la historia y otros no.

El cuestionamiento muchas veces viene dado por la nostalgia de lo inexplicable, cuando no alcanza el entendimiento, ni la lógica, y tampoco hay un orden que nos dé cierta tranquilidad, porque estamos amarrados al mismo pilar y cuando un hijo o una hija muera en circunstancias trágicas, de alguna manera morimos todos, morimos porque nos embarga esa inquietud de no tener el control y de no poder cambiar el orden de los acontecimientos de manera inmediata.

Levantarme hoy martes y ver la primera plana de un periódico de circulación masiva con la imagen del entierro de Marco Calzada, es también ver y enterrar parte de de mi propio cuerpo, es dejar un poco de desolación en mi propio fuero interno, es preguntarme el por qué y sobre todo el para qué tuvo que partir Marco de este viaje.

Después recordamos que todos y cada uno de nosotros somos parte, somos la familia Calzada y nuestros hijos puede conectarse en cualquier momento y en distintas circunstancias, y somos padres y madres, y parimos hijos e hijas ajenas, y cualquier individuo que camine o se mueva cerca de nuestro entorno o fuera él, es un hijo o una hija que, espera llegar a su casa para colocar su cabeza en la almohada, donde también hay padres y madres aguardándolo en silencio, así como también hay hijos e hijas huérfanos, sin almohada y viviendo sin propósito.

Sin duda revisamos detenidamente la historia de Marco Calzada y encontramos alguna línea que nos acerca a él, porque nos conmueve su partida, porque tenía la vida por delante, porque podría ser uno de nuestros hijos, y en nuestros esfuerzos también están cobijados los esfuerzos y la dedicación de sus padres, quienes lucharon por guiarlo y cuidarlo durante su camino. Su legado debería dejarnos más atentos ante la realidad, porque muchas veces es más fácil cerrar los ojos sin dimensionar en qué parte de la coexistencia con nuestros congéneres, estamos también presentes, en la ira, en el hambre, en la angustia, en la falta de esperanza, en la miseria, en la falta de oportunidades, en la violencia, y entonces nos acercamos a las escenas dolorosas que a veces pasamos por alto, y nos sentimos totalmente vulnerables, porque también los victimarios han sucumbido ante la peste que arrastra la indiferencia y cuando sus vidas dejan de tener un por qué, las nuestras se ven estrechamente relacionadas en ese abatimiento, y un grito se escucha en nuestros oídos, no es el de un recién nacido, es el grito de todos los adolescentes que cruzan sus caminos, mueren las víctimas pero antes de su fallecimiento, en la intención de sus victimarios se esconde su propia muerte espiritual, individuos que transitan por el mundo totalmente perdidos.

Gracias Marco, porque, aunque no te conocí, me coloco en el papel de mamá y sé que tu existencia será un ejemplo y un camino, y la trascendencia de tu destino cambiará el destino de muchísimos jóvenes, porque estuviste en este viaje maravilloso y estarás presente en el corazón de todos los que sin conocerte personalmente, recordaremos tu legado, y en la reflexión profunda de tu existencia, albergamos la esperanza de un mejor futuro para nuestros hijos.

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