Elliot Coen: ¿Habrá muerto la política tradicional?

El acercamiento de los políticos con el entornos de este Siglo no debe verse como un acto oportunista, todo lo contrario, esto es un volver a las bases, abrir espacios para la modernización de la sociedad.

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Elliot Coen Riba, Consultor.

Hace unos días me encontraba, como una enorme cantidad de costarricenses, viendo la primera participación de Andrea Vargas, nuestra puriscaleña, en las olimpiadas de Tokio 2020.

Unos 30 minutos antes abrí una de mis herramientas de escucha social que me permite scanear mas de 160,000 páginas de Facebook costarricenses para determinar el tema tendencia en tiempo real. El “engagement” alrededor de nuestra representante era gigante. Mayormente los ticos estábamos pendientes de Andrea.

Igualmente verifico mas de 25 medios digitales en busca de comprobar si la prensa está sincronizada con la ciudadanía. Esta herramienta actualiza cada 10 minutos los temas que estan tratando los medios. Así las cosas, Amelia Rueda, CRHoy, Extra, La Nación, La Teja, Monumental, Columbia, El 7, Repretel, Multimedios, elmundocr, entre ortos estaban atentos a ese heat que metería o no a Andrea en las semifinales.

Pasaron los 12 segundos que duró la prueba y Andrea ganó. Las redes sociales explotaron de alegría. La comunidad digital costarricense se hizo un unísono aplauso, un único grito: ganamos. Si, ganamos, porque para los ticos cuando uno de los nuestros gana nos apropiamos del éxito, con toda razón. Costa Rica entera ganó. Todos ganamos. El nombre de nuestra Patria estaba por encima de grandes potencias.

Los pantallazos del triunfo se empezaron a compartir en las redes sociales con “copies” hermosísimos sobre nuestra atleta, entrenada por su madre, hermana de otra gran campeona. Orgullo nacional.

Inmediatamente abrí el tablero en el que doy seguimiento a los Facebook de los principales candidatos a la presidencia de Costa Rica, políticos que creemos están al tanto del lo que pasa en todas las esferas del país y del sentir de los habitantes.

Pero, eso claramente no es así, están en otras, nadie los saca de su capsula política modelada en el siglo pasado. Pude comprobar sin lugar a equivocarme, porque los datos estadísticos son de gran fiabilidad, que ninguno, ninguno, 30 minutos después había hecho referencia a esta victoria enorme que toda Costa Rica celebraba.

Entender el sentimiento de nuestra ciudadanía (humor social) es el ombligo umbilical del ciudadano con sus políticos y gobernantes en los tiempos digitales que vivimos. Sin ese entendimiento no hay conexión emocional y, les guste o no, el voto es una decisión emocional.

El político tiene que conectar con su gente si no estará condenado a fracasar en una elección donde los votos, suman igual, los razonados o los sentidos y pareciera ser que estos últimos son cada vez más, entendiendo una sociedad en evolución rápida y constante en materia tecnológica como generacional.

La ignorancia, prepotencia y soberbia de algunos candidatos, no les permite a lo que consideran banalidades sin importancia e impacto político alguno, como sería rebajarse a los temas deportivos, donde felicitar a una atleta por su brillante triunfo en un improvisado post, un simple y escueto mensaje de una felicitación desde el corazón es impensable.

He oído argumentos de algunos “expertos” que asesoran a estos candidatos, responderme cuando les sugiero que busquen conectar emocionalmente con la ciudadanía, con frases como “el candidato esta por encima de eso”, “debe comentar cosas más importantes”.

Cuando se pierde el vínculo emocional se pierde el liderazgo y el vínculo político ya débil, acaba por desaparecer. Tema este, motivo de diversos estudios de prestigiosas universidades interesadas en los retos de la democracia participativa del Siglo XXI.

En los estudios cualitativos realizados por nuestra parte, en torno a la contienda electoral que tenemos a pocos meses, nos encontramos respuestas en el entorno digital, como “se acabó la fiesta”, “ya no les creo a los políticos”, “no me inspiran confianza”.

La política, tal como la vivíamos, ha muerto, estamos frente a otro contexto donde los patrones tradicionales ya han fenecido y obligan a dar paso a nuevas conceptualizaciones acerca del ciudadano y los sistemas políticos, jurídicos e institucionales.

Hemos visto como el voto ya no se decanta por la esperanza, el voto, hoy es un castigo. El voto en la elección pasada del PLN fue un castigo al candidato ganador. ¿Será el voto del próximo febrero un voto de esperanza o será un voto de castigo? El anti cobra importancia y el porcentaje de quienes no tiene partido siempre es el partido mayoritario.

Mientras tanto, nuestros candidatos sigan divorciados de la ciudadanía ese voto será una vez más, un voto de castigo, un voto por el menos malo, el menos pior como diría Gorgojo.

Los candidatos deben de entender que antes de sus “brillantes propuestas” sus diagnósticos sobre la realidad, las recetas cliché y los largos discursos cargados de demagogia, para sacar este país del atolladero en que nos encontramos no son lo esperado por la audiencia.

Los candidatos, ubicándonos en el nuevo contexto al que me he referido, deben empezar por recobrar la confianza de la ciudadanía en sus políticos y gobernantes.  Para ello, urge que generen una ilusión colectiva, realista y cercana. Algo tan plausible como la que logró Andrea Vargas en Tokyo y de la que ellos -los políticos- no formaron parte, equivocadamente por falta de visión y mal asesoramiento, ya que hasta ahora lo que hemos percibido que unos y otros siguen practicando el manual del candidato del Siglo XX.

James Baldwin, escritor afroamericano y uno de los más respetados promotores de los derechos civiles escribió: “El mundo cambia en función de cómo lo ven las personas y si logramos cambiar la manera como ven la realidad, aunque sea un soló milímetro, entonces podemos cambiarlo”.

El gran reto para quienes nos dedicamos a la estrategia de contenidos de comunicación, es encontrar la forma en que los costarricenses no vean la Costa Rica del mañana con la frustración, incertidumbre y enojo con que la ven hoy y a nuestros políticos y gobernantes con desconfianza e ira. Esto no es fácil y más aún cuando el diálogo de sordos es el deporte político oficial.

Si continuamos alimentando la ira como estrategia de campaña lograremos llevar la gente a votar pero, la ira no sirve a la democracia, porque la ira solo sirve para destruir. Y hacia este rumbo los políticos van llevando sus relatos y concepciones.

La construcción de un “nosotros” es fundamental para un proyecto político democrático. La práctica política en Costa Rica se ha vuelto insensible  y calculadora y esto, ha abierto la brecha de confianza y cercanía con la persona ciudadana.

Tenemos a nuestra disposición la tecnología (escucha social), las redes (redes sociales) y los dispositivos (teléfonos celulares) que permiten y favorecen la relación entre las emociones de la persona con la colectividad, entre lo que siento y lo que sentimos, entre el yo y el nosotros.

El acercamiento de los políticos con el entornos de este Siglo no debe verse como un acto oportunista, todo lo contrario, esto es un volver a las bases, abrir espacios para la modernización de la sociedad. Obtener del dialogo y no del monólogo, las propuestas y los apoyos para transformar las actuales democracias en sistemas a la altura de los tiempos. Tarea nada fácil.

Hablar con el corazón y desde el corazón les permitirá a los políticos generar la confianza para construir ese nosotros que la Costa Rica democrática y participativa necesita. El medio ideal para establecer ese vínculo entre el candidato y el elector son las redes sociales. ¿Por qué insisten en desaprovecharlo?

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