Elliot Coen: Investigando con el modelo Churchill

El día que nuestros políticos entiendan que es el ciudadano el que tiene que estar en el centro de nuestro accionar dejarán de recibir tanto rechazo, meme, insulto. No es por deporte que nos quejamos de quienes nos gobiernan. Es porque estamos hartos de qué no sepan cuales son nuestros problemas y busquen atenderlos.

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Elliot Coen Riba, Consultor.

Me quedé sin carro un par de semanas por un problema mecánico que tuve. Desempolve la aplicación de Uber y seguí movilizándome, ya no por mis propios medios, sino con “chofer” ¡Qué maravilla!

Aproveche los traslado que tenía que hacer para “investigar” sobre las plataformas digitales de movilidad.

Roberto, fue uno de mis primeros choferes.

-Don Roberto, dígame ¿Usted porque anda ubereando? Le pregunté.

-Mire, me contesto, yo era profesor de Historia en el Liceo del Sur y me pensioné hace 6 años. Cuando hicieron los recortes a los jubilados me quede corto, no es que la pasara feo, pero ya me había acostumbrado al otro ingreso y quería hacer un poquito de plata extra. Tenía el carrito y tiempo y un día le dije a mi mujer que me iba a poner a jalar gente. Con tal de que buscara la calle me dijo que estaba bien, se río.

-Mire, siguió, antes me pasaba viendo tele o jocoteando a la doña y ahora, vea aquí estoy, entretenido, conversando con usted y a fin de mes me quedan unos cinquitos más para ponerle un buen bistec o un pescadito al arroz y los frijoles. Si me canso me voy para la casa y listo. No tengo que pedirle permiso a nadie. Entro y salgo cuando quiero ¿En qué otro trabajo puedo escoger mí horario?

Me despedí de don Roberto como de un amigo ¿cómo no? si en esos 23 minutos que duró el viajes hablamos del presidente, de fut y de la familia.

Terminada la reunión el celular y a pedir otro carro. No habían pasado ni 5 minutos y ya iba con Rodney de regreso. Rodney era joven, muy joven.

-¿Le quito la música? ¿Le pongo el Aire? ¿Quiere una botellita de agua? ¿Unos confites? Tengo chicles también, me dijo.

-Bueno, con Rodney voy en primera clase. Pensé para mí. Seguidamente le pregunté:

-¿Desde cuándo trabaja en esto?

-Apenas el Ministro Salas nos liberó yo me metí en esto.

-¿Por qué? Le pregunté.

-Yo estudio diseño publicitario en la Veritas que me pagaba mi tata pero con la pandemia a él le bajaron el salario a la mitad primero y después terminaron echándolo entonces, mi tata se puso a manejar y un día le dije:

-Mi tata, cuando usted para yo sigo, y con este pichirilo nos la estamos jugando los dos. Así le echo un empujón al viejo y de ahí me regala algo para las birritas del fin de semana mientras termino la U y encuentro trabajo aunque dicen que no va a haber brete. ¿Usted cree?

Tenía un par de días encerrado en la casa haciendo teletrabajo hasta que tocó volver a salir. Decidí pedir un carro con la plataforma de Didi esta vez, como mercadólogo, la rigurosidad investigativa obligaba.

Igual de amigable la plataforma que la de Uber. Seis minutos después de solicitar el viaje estaba el carro en la puerta. Un buen carro, he de decir.

Me subí y esta vez mi chofer era mujer.

-Buenos días me dijo.

-Buenos días le contesté.

-¿Lo llevo por la ruta que me indique Waze o prefiere una ruta distinta?

-Me es igual. Como usted prefiera. Respondí.

Se hizo un gran silencio. Saqué mi celular y me puse a vagar por whatsapps. Al rato, me animé y le pregunté:

-¿Cómo se metió en esto?

-Por necesidad. Yo era administradora de una boutique en Guadalupe. Bueno, la verdad es que era la Soyla: soy la que vende, soy la que cobra, soy la que limpia, soy la que abre y cierra. Soy la que hace todo. La dueña me ayudaba en las mañanas que tenía a sus chiquillos en la escuela pero por la tarde, desaparecida. Sus hijos eran su prioridad.

Respiró hondo y continuó:

-La patrona tuvo que cerrar. La golpeó fuerte la pandemia y yo me quede en la calle. Me dolió porque viera que buena patrona tenía. Las dos lloramos cuando nos despedimos.

Volvió a respirar hondo.

-Yo tengo un muchacho que está en el Colegio Técnico y con el Tata de él no se puede contar así que los dos vivimos de lo que yo haga. Una mujer como yo, ya mayorcita, le cuesta encontrar trabajo. Una amiga que está en esto me dijo que probara.

-Imagínese que yo ni carro tenía. Pero nunca le sobran ángeles a uno y un primo que tiene una venta de usados me financió este ¿Esta bonito, verdad?

-Y no quiero sonar mal agradecida, pero la verdad, es que estoy mejor que antes.

-Ya voy para dos años.

Fueron muchos los viajes que hice esas dos semanas mientras me reparaban el carro. Les cuento estas tres historias porque me marcaron especialmente. Sin embargo, con los otros choferes que me tocaron encontré un denominador común: esto de las plataforma digitales es una salvada.

Se estima que en Costa Rica hay más de 40,000 personas auto-empleadas en uno u otra plataforma. No entiendo como esta “bendición” sea ilegal.

Por supuesto que también me contaron de las veces que les hicieron partes, les quitaron las placas, las veces que las vieron feo pero, siguen, porque entienden que es una buena forma de poner techo en sus cabezas y alimento en sus mesas. ¿Lo entenderán los diputados que les corresponderá legislar sobre el particular? Los de la administración pasada no lo entendieron. Quizás esta sí.

Les aconsejo a los “padres de la patria” que hagan las de Winston Churchill cuando lo presionaban los “sabios” de su partido a firmar la paz con Hitler: tomar el metro para descubrir que los trabajadores londinenses no se sentían bien representados por la élite de Westminster.

Para asombro de quienes viajaban en el vagón del tren el Primer Ministro preguntó: ¿Debemos firmar la paz con Hitler? Un rotundo “Nunca” se escuchó como respuesta.

La historia la conocen.

¿Tendrán nuestra élite política la humildad de bajar de su castillo para preguntar al ciudadano?

No lo creo. Las redes sociales hoy nos dan la posibilidad de escuchar las preocupaciones de los ciudadanos sin necesidad de coger un tren pero, algunos, siguen creyendo al igual que los políticos de Westminster, que lo que ellos decidan es Santa Palabra.

Cuando hago un barrido por las herramientas de escucha social que manejamos me sorprende el divorcio que hay entre el ciudadano y sus representantes. El tema de la movilidad que requiere formalizar a estas 40,000 personas es una preocupación recurrente que es humano atender de inmediato.

Igualmente, el ciudadano que se traslada en buses, está harto, con justa razón, de “desperdiciar” 4 horas al día, cinco días a la semana, en un bus para ir a sus trabajos. Tiempo que pudo “aprovechar” para un ingreso extra, para dedicarlo a sus hijos, su esposa, sus amigos, para un emprendimiento o estudios. Cualquier cosa es mejor que botarlos en un bus innecesariamente.

También estamos los que tenemos la posibilidad de movernos en carro propio que circulamos en la GAM a una velocidad promedio de 12 kms por hora cuando ciudades congestionadas como París, New York o Roma circulan a 30 kms por hora. En ciudad de México la velocidad es de 25 kms por hora. Aquí, somos lentos, muy lentos. ¡Quemamos petróleo en presas como ningún otro país! ¡Cada 12 kilómetros que recorremos desperdiciamos una hora de nuestras vidas!

El día que nuestros políticos entiendan que es el ciudadano el que tiene que estar en el centro de nuestro accionar dejarán de recibir tanto rechazo, meme, insulto. No es por deporte que nos quejamos de quienes nos gobiernan. Es porque estamos hartos que no sepan cuales son nuestros problemas y busquen atenderlos.

Tan simple, como escuchar. El humor social es quien debe gobernar.

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