Elliot Coen Riba.

Nos guste a pocos y, a disgusto de muchos que no lo quieren aceptar, la realidad es que la política digital avanza a pasos de gigante.

Las recientes elecciones en México nos dejaron lecciones valiosísimas. El triunfo de Milei, los altos índices de aprobación de presidentes como Bukele en El Salvador y Chaves en Costa Rica, -entre otros- requieren de una reflexión, no política, sino más bien filosófica.  En este articulo me aventuraré desde esa óptica en algunos párrafos con el permiso de mis lectores a quienes acostumbro a entregarles datos para confirmar mis apreciaciones.

La piedra angular que sostiene el poder en nuestros días ya no es la propiedad de los medios de producción sino, saber manejar la información “infinita” a la que hoy, gracias al internet, tenemos todos acceso y, utilizarla para hacer control político, control social e incluso, generar tendencia y realizar pronósticos de comportamiento social e incluso provocar “x” o “y” comportamiento social.

Vivimos en el capitalismo de la información. Solo que el “cuarto poder” ya no lo constituyen los medios de comunicación tradicional, son los ciudadanos que hoy tienen el poder de opinar, nos guste o no. Ya el mensaje o la narrativa no viaja verticalmente, desde la línea editorial hacia el receptor, sino horizontalmente entre las diferentes comunidades digitales. Los receptores de mensajes hoy en día son también editores de los mismos. Los medios de comunicación tradicionales han perdido la capacidad de “influenciar” como lo hacían antes. Hoy los “influencer” son otros. Ocurre lo mismo con los dueños de los medios de producción e, incluso con las iglesias tradicionales y los mismos sindicatos y no hablemos de los partidos políticos, porque ahí, es “más peor” cómo diría Gorgojo.

Hoy tenemos más información de la que podemos procesar al punto que el ciudadano digital, es decir, la gran mayoría de los ciudadanos de nuestras sociedades, está “aturdida’”. La sociedad digitalizada, mejor dicho, informatizada, por ello, es permeable. Una fotografía de un niño con hambre en un medio tradicional nos hacía pensar que el mensaje de la imagen era verdad. Hoy, un post cualquiera en las redes sociales, es asumido por muchos como verdad, creándose una realidad distinta. Esta realidad ya no se basa en los hechos sino en las percepciones que tiene la gente. transformándose para el ciudadano en una verdad. En la sociedad digital la realidad basada en hechos no existe, solo existe “la realidad” que descansa sobre las percepciones que tienen los ciudadanos sobre cada mensaje que reciben y que emiten.

La verdad, tal como lo entendemos y la conocimos, está en crisis. “Una crisis de la verdad es una crisis de la sociedad” (Byung-Chul Han). Nuestras sociedades se están desintegrando.

Esta desintegración de nuestras sociedades pasa por una narrativa que tiene dos lados, una que estimula (beneficio) y otra que asusta (miedo). Esas son las características que tiene la narrativa de las figuras públicas arriba mencionadas, entre otras.

El éxito de ellos, como transparentemente lo dijo el presidente Chaves ayer, es que “yo converso con el pueblo, yo estoy en las redes sociales”

En efecto, ahí está, engordando miedos y ofreciendo esperanza.  La oposición por su lado sigue en sus comunidades digitales donde sólo están sus amigo de mejenga y tragos, los compañeros de escuela, los de trabajo, sus colegas y sus partidarios, como bien escribió un colega en un whatsapp: “El país es más que tus amigos del club, tus tías panistas, y tus compañeros de colegio. Si creíste que Xochitl tenía oportunidad, solo habla de lo invisible que es el país para ti fuera de tu burbuja y eso es lo que hace tan poderoso a Morena. Eso es lo que hace tan poderoso a Chaves.

Los políticos no están como Chaves, conversando con el pueblo en las redes sociales.

Los diputados, por ejemplo, con dos años de “control político” y el volumen que sus investiduras les otorga, no han sabido usarla. Fuera de Rodrigo Arias que tiene un conocimiento del 61,3%, Pilar Cisneros con un 84,4 y Fabricio Alvarado con un 84,6% los demás diputados son completos desconocidos para los ciudadanos. Feinzag, excandidato presidencial que lidera en conocimiento a los demás diputados tiene un “raquítico” 58%.  Sofia Guillén, por ejemplo, que sale mucho en los medios tradicionales es apenas conocida por un 19,5% de la población. Marta Acosta, la contralora, que ha sido valiente desde su posición pública la conoce el 20.4% de los costarricenses. Datos tomados de la encuesta de Borje y Asociados de mayo 2024.

Sigo con mis herramientas de escucha social: los diputados y las fracciones y no tienen alcance, interacción y menos engagement. Mientras no “estemos con el pueblo en las redes sociales” como esta Chaves, Bukele, Milei. Almo, Claudia, entre muchos otros, la sociedad costarricense tal como la conocemos, respetuosa, solidaria, pacífica, seguirá desmoronándose.

Los propietarios de los medios de producción, los medios de comunicación tradicionales, los educadores, los académicos, los de cultura, los sindicatos, los solidaristas, los cooperativistas, todos, si no quieren perder sus espacios de influencia completamente deberían entender esto. Tienen que aceptar, con humildad, que ya no son los “influencers” que fueron antes y lanzarse al mundo digital urgentemente.

Pero, el “gran pero”, no es abrir un Facebook y hacer post con sus caras como hacen muchos diputados. La política digital es más que eso. Lo principal es “la narrativa”. entiéndase por narrativa un mensaje que sistemáticamente se repite hasta que se queda en el imaginario colectivo como una verdad: “la prensa canalla” es un ejemplo de una narrativa que lleva una clara intención, para citar uno solo.

La narrativa no es tampoco una sobredosis de yoismo como hacen muchos diputados: yo hice, yo propuse. Tampoco es el ataque a la persona, menos en Costa Rica donde tenemos el gen “del pobrecito”. La oposición por ataque no es el camino, los resultados de México lo confirman: Xóchitl engrandeció a Claudia con su narrativa.

Si bien la política es un tema de adversarios hay que definir bien el enemigo o contrincante. En la crisis de la verdad que tenemos el enemigo no es el presidente Chaves en Costa Rica, por ejemplo, es otro, el enemigo en Costa Rica es la pérdida de lo que hemos construido y atesorado como costarricenses: nuestra democracia, nuestro estado social solidario.

La narrativa es un mensaje con dos caras como mencione párrafos arriba, un mensaje que asuste y que movilice.

En la comunidad digital costarricense hay, ya, un estado totalitario construido sobre una gran mentira. Requiere acciones revolucionarias en lo digital de quienes nos oponemos a desarmar nuestro sistema político, económico y social. ¿Cuándo lo entenderán los que defienden el sistema?

La verdad como la entendimos se pierde en una sociedad digitalizada.  La realidad hoy no son los hechos por más que los cacareemos, son percepciones, que los políticos, los líderes comunales, los “influencer” de siempre, no han sabido instalar.

Seguiré intentado persuadir a los líderes de opinión que no subestimen el poder de las redes sociales. Me asusta lo que se viene si no entendemos esto.

Elliot Coen Riba

Por Elliot Coen Riba

El autor es empresario y consultor en mercadotecnia y asesorías, especialista en estrategias de contenidos para redes sociales.