Ellyn Kaschak: De celulares y Donald Trump

Los estadounidenses sentimos una amenaza a nuestra mera existencia. Nuestras reacciones son diversas. Sin embargo, creo que la mejor alternativa, para las próximas elecciones,  es una coalición de perspectivas diferentes.

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Ellyn Kaschak,  Psicóloga (PhD).

Los Estados que no son Estados Unidos de América tienen la gran necesidad de reemplazar a un presidente de “reality” televisión a uno que sea real, o sea uno mental, moral y físicamente fuerte y con la suficiente inteligencia para manejar el cargo con firmeza y vigor.  Hemos aprendido en los últimos tres años que  la inteligencia, la amplitud de conocimiento, la estabilidad mental, la honestidad y el coraje,  importan. Si no hacemos un cambio, dudo que el país pueda sobrevivir y ciertamente no como  el líder mundial y el bastión de la democracia que es.

Mucha gente me dice que la mejor opción para las próximas elecciones es elegir al candidato más moderado. Esto con el fin de no perder el apoyo del sector conservador. Siento simpatía con la idea, pero, ¿es un soporífero una alternativa ante el terror diario? Ante el bombardeo diario de mentiras,  complots y arreglos de tipo inescrupuloso, es un tranquilizante el mejor remedio para un encendido y casi explosivo mercado electoral?

Los estadounidenses sentimos una amenaza a nuestra mera existencia. Nuestras reacciones son diversas. Sin embargo, creo que la mejor alternativa, para las próximas elecciones,  es una coalición de perspectivas diferentes. Aunque algunos expertos aconsejan seguir el camino seguro, moderado y que no asuste al electorado y por lo tanto, que apoyemos a Biden, no sé si esto es lo correcto y lo más sabio. Es cierto que Biden  es amable, campechano y algo torpe, aunque siempre bien intencionado. Si hubiera sabido lo espeluznante de su impacto, no habrá tocado, besado y olido el pelo de las mujeres. El hombre como que no está del todo en contacto con la realidad, pero sus intenciones son de las mejores.  Eso es lo que nos dicen.

Cualquier error al leer lo que la población está pensando podría ser fatal. Un mal paso político y  los supremacistas blancos rusos y los  estadounidenses podrían prevalecer. En ese caso, ya perdimos una vez. Por lo tanto, se nos recomienda extrema precaución. No podemos enajenar a la población conservadora para que se vaya por otro similar. Busquemos, se nos dice, lo moderado y lo seguro.

Como experta en psicología y conducta humana, tengo una opinión diferente que explicaré con una analogía. Vamos a imaginarnos que le quitaremos el omnipresente teléfono celular a cada individuo. Dependemos tanto de este, que es como quitar una droga. Pronto seguirá, de seguro, un período internacional de profundo luto, de depresión y de crisis de abstinencia. Lo más seguro que esto provocará también una depresión mundial social y política. Nos sentiremos confundidos, ansiosos, sin saber qué hacer todos los días, como los zombies de Stephen King.

Permítanme continuar con la comparación entre celulares y la política actual de Trump.  Las travesuras diarias de este presidente constantemente energizan no solo su base, sino a sus oponentes. Tanto sus seguidores como sus contrincantes estamos sobre estimulados. No sabemos qué esperar y recibimos lo que menos esperábamos. En otras palabras, el pueblo vive en un estado de cocaína política. Buscar una solución leve y balanceada ya no es apropiada para nuestra situación actual. Los constantes ataques, sorpresas y reacciones inesperadas tienen al electorado en un estado similar a la adicción a sus celulares. Si se los quitamos de inmediato, es posible que los electores no puedan soportar la falta de excitación y estimulación a las que hemos estado expuestos. Como no podemos vivir ya sin los celulares tampoco podremos hacerlo si regresáramos a la política tradicional respetuosa y moderada de antaño. El público necesita ser suavemente destetado de la sobreestimulación de todos los días. Eliminar precipitadamente esta hiper emocionalidad y reemplazarla con demasiada rapidez crearía un desastre psicológico y político.

No necesitamos un candidato moderado, agradable que inspire una sensación difusa de paz, tranquilidad y calidez humana. Tal vez sea una buena pastilla para curarnos de la ansiedad, pero jamás para entusiasmarnos, que es lo que necesitamos en esta nueva cultura política. Por esto, si queremos sobrevivir en lo personal y en lo social,  necesitamos un candidato que inspire entusiasmo, seguridad y firmeza. Ella debe saber proyectar empatía pero también dureza y firmeza para enfrentar los ataques de la cintura para abajo  de Trump. Debe mostrar aplomo, inteligencia y toda la energía de una peleadora.

Trump funciona por la intimidación y la vergüenza, por mentiras constantes, por la confusión y por el caos. Debido a lo que parece ser una incipiente demencia, él no piensa y no puede siquiera sostener una conversación de un alumno de tercer grado. (Lo siento, estudiantes de tercer grado!). Ella debe ser capaz de resistir, sin caer en lo mismo,  esta forma de terrorismo infantil.

Esta candidata debe tener una serie de cualidades bien complejas.  Ni Biden ni Sanders cumplen estos requisitos, uno es demasiado anticuado y soporífero, el otro demasiado histriónico y enojado. Sólo hay una persona postulándose para presidente que tiene todas esas cualidades. Ella proviene de la tierra mental del corazón, compleja e incisiva en su pensamiento y en el trato con la gente, cálida y solidaria.

El único problema que queda es si el pueblo estadounidense, que todavía no ha decidido ratificar la Enmienda de Igualdad de Derechos o crear la igualdad de género en el ámbito público, votará por una mujer. Precisamente por su oposición a estos derechos es que no votó por Hillary Clinton. Elizabeth Waren es un tipo diferente de mujer y candidata que Hillary y no está asociada con un pasado conflictivo o con un cónyuge problemático. Para que ella triunfe,  necesita una estrategia diferente a la de Clinton que le permita ganar el colegio electoral y no sólo el voto popular. Otra acción necesaria  es proteger nuestras cabinas de votación de la interferencia rusa. Estas cosas se pueden hacer.

En el trágico pero improbable caso de que no haya suficientes votos para elegir a esta mujer, sería la misoginia en lugar de Donald Trump, lo que habrá destruido nuestro ya frágil país. En mi opinión, sin embargo, el país está más que listo para que una candidata emocionalmente alerta,  dinámica y ambiciosa logre aumentar la intensidad necesaria que nos haga salir del sopor en que estamos. Siguiéndola a ella tenemos muchos candidatos creativos y energéticos que podrían ser electos como vicepresidentes para que obtengan la experiencia y la sabiduría para una nueva administración posterior.

Si desconectamos el teléfono celular llamado Trump, Elizabeth Warren es la única que nos sacaría de las casas a votar.


Ellyn Kaschak, Ph.D es Psicóloga, Profesora Emérita de Psicología San Jose State University, California Fundadora del Instituto Ellyn Uram Kaschak de Justicia Social para mujeres y niñas, SUNY, Binghamtom. Es profesora en la UPAZ y autora de varios libros en los Estados Unidos.

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