Enrique Castillo: Una ciencia, varios tipos

Sin embargo, ese es un punto que podría llevarme a una polémica con los partidarios de la “teoría del caos”, en la que no quiero meterme.

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Enrique Castillo Barrantes, Abogado y sociólogo, Ex Canciller de la República.

Los conocimientos de todas las ciencias deben ser un solo sistema Los lectores han debido leer con interés sendos artículos publicados en Áncora , uno del doctor Róger Churnside el 24 de junio, y otro del doctor Julio F. Mata Segreda, el 12 de agosto (reeditado el domingo 20), titulados respectivamente “¿Cuál ciencia?” y “¿Cuál
ciencia? La única”.

Churnside señaló un sesgo a favor de las “ciencias de la naturaleza”, dando a entender que a las “ciencias sociales” en cierto modo se les escatima el reconocimiento de su carácter de ciencia. Mata lo atribuye más a una cuestión de “costumbre y de conveniencias gremiales que asunto científico” y aclara que solo hay una ciencia, con dos áreas, y que la única diferencia entre ellas “es el grado de precisión predictiva de sus leyes”.

Como Mata ha dicho, en relación con otro punto, que “sería interesante conocer el criterio de los estudiosos de la pedagogía, la economía, el derecho o la demografía”, me atrevo a intervenir, en mi condición de sociólogo y de jurista, para ofrecer algunas precisiones en cuanto a la existencia de una única ciencia, más allá del problema del sesgo, y en cuanto a la definición de ciencia de la que Mata parte.

El método.

Si hablamos de ciencia positivista o empírica, es cierto que las “naturales” y las “sociales” corresponden a un único patrón de ciencia, cuya concepción concretó Augusto Comte en el siglo XIX. La definición en la que Mata se basa es la primera acepción del término que da el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE). Ella corresponde al concepto comtiano y contiene cuatro elementos: 1) conjunto de conocimientos; 2) obtenidos mediante la observación y el razonamiento; 3) sistemáticamente estructurados; 4) de los que se deducen principios y leyes generales.

Empero, en esa definición falta un elemento: el Método (con mayúscula para que no se confunda con los “métodos” o técnicas de investigación, que son otro tema).

Las “ciencias naturales” y las “sociales” tienen en común, precisamente, el empleo del Método científico, que regula la observación de la realidad y el procedimiento mediante el cual de esa observación se extraen explicaciones, leyes y predicciones. Empero, no es necesario que siempre lleve a principios o leyes generales, al contrario de lo que postula el DRAE en el cuarto elemento de su definición: la Historia puede explicar fenómenos históricos únicos; por ejemplo, la Revolución del 48. Aunque pueda sacar conclusiones generales, la Historia no está obligada a ello para que sus estudios tengan carácter científico.

Igualmente, la Criminalística puede circunscribirse a explicar un crimen en particular, como alguno de los atribuidos al “Psicópata”. Aunque pueda también extrapolar principios y leyes generales – estudiando una multiplicidad de crímenes–, no está obligada a hacerlo siempre para hacerse valer como ciencia.

Ciencia empírica.

Por otra parte, no hay solo ciencias positivistas o empíricas, que estudian una realidad directa o indirectamente tangible. Hay otra categoría: la de las ciencias no empíricas, independientemente de que se puedan o no catalogar como “naturales” o “sociales”.

En esa dirección, el segundo elemento de la definición del DRAE (conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento) es el que más requiere una aclaración: la observación a que ella se refiere no es necesariamente la de la realidad percibida por los sentidos, sea fisicoquímica o del comportamiento humano (económico, social o psicológico), sino que puede ser de conceptos o entidades abstractas, no por ello menos reales.

Las Matemáticas puras son el caso más obvio. ¿Son “ciencia natural”? Parece que sí pues es la naturaleza la que resulta ser mensurable y cuantificable. Otro ejemplo de ciencia no empírica es el Derecho. Lo propio del Derecho como ciencia es construir un conjunto de conocimientos sistemáticamente estructurados de los que se deducen principios y leyes, obtenidos mediante la observación de las normas y el razonamiento.

No obstante, esa observación es intelectiva y no empírica: lo que el Derecho estudia es el contenido y la estructura de las normas y las relaciones lógicas entre ellas (método lógico-abstracto denominado exégesis). Sin embargo, es “ciencia social” (aunque no empírica) porque las normas son un producto social y regulan la conducta del ser humano en sociedad.

Todo lo demás, lo relativo al estudio de la conducta humana concreta regida por el Derecho, no es materia propiamente jurídica, sino sociológica, antropológica, psicológica, económica o política. Ese estudio debe acometerse con un bagaje teórico y con un instrumental de investigación de las ciencias correspondientes, aunque los profesores de Derecho obliguen a veces a sus estudiantes a hacer estudios de ese tipo para los cuales no han sido formados. La confusión suele ocurrir porque el concepto Derecho es ambivalente: al mismo tiempo es una ciencia no empírica y una técnica. En tanto ciencia, consiste en la elaboración de ese conocimiento lógico-deductivo que ya mencionamos; en tanto técnica, se refiere al sistema de normas destinado a la función práctica de regular la conducta humana.

En ese segundo sentido, el Derecho se convierte en objeto de estudio de ciencias sociales empíricas, como la Sociología, la Antropología, la Psicología, la Economía o la Ciencia Política.

La teoría.

Lo anterior es parte de los vínculos que, en general, se dan entre ciencia (producción de conocimientos) y técnica (aplicación de los conocimientos), tal y como ocurre entre la Física y la Ingeniería, o entre la Química y la Farmacia.

La definición del DRAE no menciona el Método y no especifica el tipo de objeto de la observación (abstracto o concreto), y es tan englobante que abarca todas las ciencias, empíricas o no empíricas. Esta es su ventaja.

Por ello, Mata finalmente tiene razón: todas las formas ordenadas y sistemáticas de producción de conocimientos son especies de un mismo género, de una única, aunque compleja, ciencia, con la salvedad –agrego– de que esta no siempre procede inductivamente.

La idea de una única ciencia concuerda con el otro concepto fundamental: el de Teoría (también con mayúscula para distinguirlo de las “teorías”, conjuntos de meras hipótesis y no de leyes verificadas). La Teoría es el sistema integrado por todos los conocimientos comprobados e interdependientes.

Todos los conocimientos de todas las disciplinas científicas deben formar un solo sistema coherente porque toda la naturaleza (incluido lo social) es una sola, a pesar de las aparentes contradicciones debidas al llamado principio de indeterminación. Este último no es un verdadero principio, sino el corolario de la imposibilidad material en la que se halla el ser humano de conocer y preverlo todo de manera absoluta porque no tiene los instrumentos suficientemente vastos y precisos para ello.

Sin embargo, ese es un punto que podría llevarme a una polémica con los partidarios de la “teoría del caos”, en la que no quiero meterme.


La Nación, suplemento Áncora, 9 de setiembre, 2007

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