Enrique Margery Bertoglia, Doctor en Educación y TEDx speaker.

¿Qué se hace cuando sin aviso, impulso ni plan, hay que saltar a la virtualidad? Aunque la pandemia ocasionada por el COVID-19 impactó muchas facetas de nuestra realidad, el tsunami viral fue un punto de quiebre que agudizó las debilidades estructurales de muchos sistemas educativos. Con 1600 millones de aprendientes parcial o completamente fuera de los centros educativos, todo el espacio educativo se vio (aún más) empobrecido por docentes mal preparados para el salto digital, “aulas caseras” batallando con el hacinamiento y una larga lista de obstáculos, brechas de conectividad, dificultades económicas y, en general, una población angustiada, confinada y desgastada, con poca energía para dedicarla a la enseñanza y el aprendizaje.

Los factores apuntados configuran un “apagón educativo”, es decir, un rezago estructural del aprendizaje a todo nivel. Así, las problemáticas arrastradas en la educación básica obstaculizan el progreso en la diversificada y explotan en la universitaria.

Frente al reto gigantesco de superar el apagón, podemos echar mano a dos viejas recetas. La primera es la del “avestruz”: hundir la cabeza en la tierra, fingir que nada ha pasado y pretender un retorno a la presencialidad “como estábamos hace cinco años”, mientras “facilitamos” las titulaciones a quienes están lejos de cumplir con el estándar.  Una segunda estrategia es la del “pensamiento lineal”: creyendo (falsamente) que “el doble de esfuerzo producirá el doble de avance”, pondremos a una generación completa en aceleradas sesiones de “macatraca memorístico”, para respirar aliviados al certificar a cada individuo las “150 horas de estudio de su plancito de recuperación”.

Tal vez sea hora de probar otras cosas. Proponemos tres de ellas.

  1. La Urgencia Metacognitiva. En la metacognición tomamos nota y reflexionamos sobre nuestros pensamientos. Esta es la capacidad de regular el propio aprendizaje al trabajar con preguntas como: ¿Qué fue lo más interesante de la clase de hoy?, ¿Cuáles son las fortalezas y debilidades de mi trabajo?, ¿Cuáles problemas se me dificultan más? y ¿Cuáles estrategias voy a emplear en este curso (grupo de estudio, exámenes de práctica, consulta con profesores)? y ¿Por qué?

Trabajar con las capacidades metacognitivas es algo que se puede enseñar, y que se aprende. Es lo que llamamos “aprender a aprender”: la base para elevar las capacidades lectoras a nivel País, apoyar el éxito académico estudiantil, impulsar el pensamiento crítico de los estudiantes y mejorar dramáticamente la calidad docente.

  1. La Educación híbrida. La educación del futuro combina estratégicamente las fortalezas de la presencialidad con el alcance de la virtualidad. Por “educación híbrida” entendemos el mejor diseño, interdependiente y complementario, de clases en línea y presenciales. Y cabe subrayar dos asuntos: primero, que el éxito de los estudiantes híbridos depende muchísimo de su automotivación y capacidades de autorregulación del aprendizaje. De aquí que el desarrollo de su metacognición es esencial. Un segundo asunto es que la educación híbrida plantea retos docentes, como el trabajo con contenidos granulares (micro aprendizajes) y el modelo de clase invertida -entre otros-, por lo que la “urgencia metacognitiva” no solo es clave en el estudiante, sino también en el docente “híbrido”.
  2. La lúdica y el flow. Vivimos en la sociedad del entretenimiento. La ubicuidad de las redes sociales y la “generación tik-tok” plantean retos serios. Pero de nada sirve aplicar aquí la estrategia del avestruz. La clave es emplear la lúdica como herramienta pedagógica. Proponemos que el disfrute lúdico se da en actividades que suman emociones como el placer y la sorpresa con lo que hemos llamado “miedo sintético” (el terror que experimentamos cuando somos perseguidos al jugar, a pesar de que sabemos que nada nos va a pasar). Pues bien, estos ingredientes de la lúdica son esenciales para desarrollar nuestra capacidad de correr riesgos, afrontar la incertidumbre y una larga lista de capacidades esenciales para la vida. De ahí la importancia de contar con profesores con capacidad de animación sociocultural y procesos didácticos que permitan a grupos e individuos una inmersión profunda y lúdica en el aprendizaje (algo que los entendidos llaman “estado de flujo” o flow).

Podemos instaurar la urgencia metacognitiva, la educación híbrida y el flow lúdico como conjuntos de prácticas educativas muy potentes. Ojalá que estas ideas se vuelvan virales: así, si un mal virus nos metió en este problema, también podemos encontrar buenos “virus” que nos ayuden a salir de él.