La decisión del Presidente Donald Trump de reconocer a Jerusalén como la capital de Israel significa un cambio a la política de los últimos 70 años de Washington hacia esa zona del mundo. Un cambio equivocado. Un cambio que tendrá enormes consecuencias.

Con esta decisión Estados Unidos pierde su autoridad moral para auspiciar nuevos intentos de negociaciones de paz entre israelíes y palestinos.

Con esta decisión Washington se aísla definitivamente de toda la comunidad internacional: ni sus más cercanos aliados, árabes y no árabes, acompañarán a Trump en esta equivocada aventura. El daño de esta decisión es inimaginable: quiera Dios que no se manifieste en más violencia en todos los rincones del planeta.


Si alguna vez pensó Trump que su yerno Jared Kushner le podría regalar a la esperanzada humanidad la negociación del siglo, hoy me temo que ese regalo pueda convertirse en la mayor catástrofe del siglo.


Este 6 de diciembre será recordado como un día muy triste para todos aquellos de nosotros que no renunciamos a la ilusión de poder disfrutar de una paz duradera en el Medio Oriente.

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