¿Es Carlitos una lesbiana?

Mientras los líderes gays  están calladitos más bonitos, repartiéndose, según Juan Diego Castro, un botín de $5 millones y otros despotrican contra la diversidad, Carlitos se mantiene firme. Decir que es gay no es apropiado; mejor digan que es valiente como una lesbiana.

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Jacobo Schifter Sikora, Historiador (Ph.D).

La derecha cristiana, para convencernos de que estamos ante un régimen de “ideología de género” suelen acusar a nuestro presidente de ser gay. Llegan a insinuar en los memes que es el amante de un Ministro que tiene como crimen soltar, como decimos en la cultura de ambiente, una que otra pluma. La asociación es que si hay un gesto amanerado, existe un gay escondido. Sin embargo, son tan ignorantes que se olvidan que las dos cosas no van de la mano. En el siglo 18 en Francia, ser amanerado era ser libertino con las mujeres. O sea entre más amanerado, más heterosexual. Y en nuestro medio tenemos homosexuales sin plumas, de los que nadie sospecha.

Freud opinaba que los hombres que perseguían a los homosexuales eran los que más inseguridad tienen. Los que les importa un comino la orientación sexual del otro, suelen ser los más seguros de lo que son. En el parloteo gay, se dice que no existe peor enemigo que una loca frustrada. Recuerdo muy bien cómo en Estados Unidos, Hoover, el director de la FBI, en los años cincuenta y sesenta, destrozaba las vidas de los políticos gays. Ahora sabemos que él era un travesti que asistía vestido de mujer a las fiestas de los homosexuales en Capitol Hill. Lo mismo, para tener un caso latinoamericano, hizo Ricky Martin. El llegó a intimidar a los gays cuando todavía no había hecho pública su condición sexual.“Estaba enfadado con el mundo, era terriblemente rebelde. Solía mirar a los homosexuales y pensar: ‘Yo no soy como ellos. No quiero ser así, ese no soy yo’. Me sentía completamente avergonzado de lo que era”, asegura, sincero, el cantante en una entrevista concedida a la edición australiana de la revista GQ. “Miro al pasado y me doy cuenta que le hacía ‘bullying’ a la gente que sabía que era gay”. “Tenía una homofobia interiorizada. Me di cuenta de que chocaba conmigo. Quería alejarme de ella”, reconoce.

De ser parte Carlitos del movimiento de la diversidad no sería jamás un hombre gay. Sería una lesbiana. La razón es muy sencilla Carlitos, como ellas, no es un Judas  como Edgar Hoover y Ricky Martin y como heterosexual, más valiente en defender el respeto de los derechos humanos que hasta los mismos gays. Y esto es así porque no deja de asombrarnos mirar un sindicalista que siendo un homosexual, apoye y promueva una huelga para que echen a un ministro por promover el respeto a la diversidad. Y uno se cae para atrás cuando, del otro lado, aparece otro gay super católico  y devoto de la Virgen, atacando la marcha de la diversidad y hablando de “ustedes” los gays. Esto me recuerda a un sacerdote que solía pescar en La Sabana  mientras lanzaba las turbas en contra de los albergues de sida.

Mientras los líderes gays  están calladitos más bonitos, repartiéndose, según Juan Diego Castro, un botín de $5 millones y otros despotrican contra la diversidad, Carlitos se mantiene firme. Decir que es gay no es apropiado; mejor digan que es valiente como una lesbiana.

 

El autor es Historiador, profesor universitario, fundador del Instituto Latinoamericano de Prevención y Educación en Salud (ILPES), autor de numerosas publicaciones sobre sexualidad, Premio Aquileo J. Echeverría en Ensayo.

 

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