Egipto, Valle de los Reyes, Tumba de la reina Taousert/Sethnakht (KV 14). Marie Thérèse Hébert & Jean Robert Thibault, CC BY-SA

En el antiguo Egipto, las mujeres gozaban de mayor consideración jurídica e independencia que en otras sociedades como la griega y la romana. Sin embargo, llegar a ser nombrada gobernante del país del Nilo no era nada común. Aunque aparecen como madres, esposas o hijas “de”, no lo hacen como reinas gobernantes… salvo en las ocasiones en las que se imponían como una solución política a un problema dinástico.

Relieve que representa a la reina Tausert. Templo de Amón (Amada), Nubia egipcia, 2007.
Relieve que representa a la reina Tausert. Templo de Amón (Amada), Nubia egipcia, 2007.
John D. Croft/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Entre esas excepciones se encuentra Tausert (reinado 1539-1069 a. e. c.). Se desconoce su filiación exacta, aunque sabemos que era miembro descendiente de los múltiples hijos de Ramsés II, y una de las tres esposas reales de Seti II, tal vez su favorita. La muerte de su esposo condujo a la ascensión al trono del joven Siptah, posible fruto del matrimonio del faraón con su tercera esposa, Sutereri.

En medio de esta transición, Tausert emergió como una figura clave al asumir, primero, el papel de regente durante seis años y, después, el de reina tras la muerte del joven rey.

La reina ascendió al trono en un momento de incertidumbre política y económica. Parece así el último recurso de una familia que había llegado al límite de sus posibilidades.

El concepto de “acantilado de cristal”

En la actualidad ya estamos familiarizados con el término “techo de cristal”. Esta expresión, acuñada por Marilyn Loden en 1978, es empleada en los estudios de género para hacer referencia a las barreras invisibles que impiden que las mujeres accedan a cargos de poder en el mundo laboral: hay un tope que parece no estar pero que sí existe.

Este análisis dio un paso más allá cuando, en 2004, Michelle K. Ryan y Alexander Haslam plantearon el término “acantilado de cristal” tras analizar una sobrerrepresentación de mujeres en posiciones de responsabilidad en situaciones de crisis.

Estos nombramientos no se otorgan como méritos, sino que ellas acaban teniendo oportunidad de acceder a esos puestos solo en circunstancias muy desfavorables, cuando nadie más querría tomar el mando. Esto indudablemente las expone a un mayor riesgo de fracaso. En otras palabras: las mujeres que han superado el techo de cristal se exponen a caer por el precipicio.

Este fenómeno se puede explicar desde dos ópticas. La primera interpretación se asocia a los estereotipos de género que tradicionalmente se han asociado a la mujer: cuidadora, empática, intuitiva y con menor tendencia a la corrupción que los hombres, características entendidas como positivas en momentos de crisis.

La segunda es que las mujeres, al no tener las mismas oportunidades de ascenso que los hombres, aceptan tales posiciones incluso en momentos de gran riesgo. No obstante, debido a que la misión que se les asigna tiene muchas probabilidades de fracasar, al no salir adelante parece confirmar la falsa creencia de que ellas no están capacitadas para ocupar puesto de responsabilidad.

El “acantilado de cristal” a lo largo de la historia

Aunque el término original se refiere a las mujeres del mundo empresarial, se han publicado numerosos estudios sobre cómo el acantilado de cristal se extiende a otros ámbitos profesionales.

En los estudios de Historia Antigua, Prehistoria y Arqueología, la publicación en 1984 del artículo “Archaeology and the study of gender”, de Margaret Conkey y Janet Spector, favoreció que se analizaran y revisaran los datos históricos y arqueológicos desde una perspectiva de género, siendo el estudio del Antiguo Egipto uno de los más prolíficos en este sentido.

Así, seleccionando el término “acantilado de cristal” como eje de análisis, podemos volver a examinar los motivos que empujaron a Tausert a ser gobernadora de Egipto al final de su dinastía durante un breve espacio de tiempo.

Tumba de Tausert y Sethnakht.
Tumba de Tausert y Sethnakht.
Wikimedia Commons

Análisis del reinado de Tausert

A finales del prolongado reinado de Ramsés II, Egipto había perdido el esplendor de sus décadas anteriores. Meremptah, su decimotercer hijo, ascendió al trono en el 1212 a. e. c. y gobernó durante 10 años. Mantuvo su posición en Oriente gracias a una alianza con los hititas, impulsada por su padre y Hatusil III.

Aunque Meremptah parecía haber designado a su hijo Seti II como heredero, Amenmesu, posible mediohermano de este, desafió su autoridad en el sur, desatando una guerra civil que duró dos o tres años. Seti II recuperó el control, pero el caos persistió.

Después de la muerte de Seti II, su hijo Siptah ascendió al trono. Siptah era muy joven y enfermizo y Tausert, segunda esposa de Seti II, se convirtió en reina regente.

Durante esta fase, Tausert tuvo que hacer frente al Canciller Bay, una figura clave en el gobierno De origen extranjero, Bay, que ya contaba con un papel importante en el reinado de Seti II, adquirió una importancia política desmesurada durante el reinado de Siptah. Fue su gran acumulación de poder lo que, posiblemente, hizo desconfiar a la sociedad egipcia y llevó a su ejecución, allanando así el camino para que Tausert asumiera el trono en solitario tras la muerte de Siptah.

Tausert ascendió al trono durante el 1188 a. e. c. Aunque su reinado apenas duró dos años, se pueden observar trazas de su actividad en Heliópolis, Menfis, Per-Ramsés, Abydos, Hermópolisen, el templo de Hathor en Serabit al Khadim, al sur del Sinaí, e incluso en Timna, Israel. Las expediciones al Sinaí, a Nubia o la construcción de templos indicaban el poderío y la capacidad económica de los reyes (en este caso, reinas) de Egipto. No obstante, las grandes obras de su reinado se encuentran en Tebas, donde se hizo construir su templo de conmemorativo y su tumba en el Valle de los Reyes (KV 14). Esta última fue usurpada por su sucesor e iniciador de la dinastía XX, Sethnakht.

Sarcófago de la tumba de Bay (KV13) en el Valle de los Reyes (granito rosa, dinastía XIX), destinado a la reina Tausret, usurpada por Sethnakht, expuesto en el Museo de Luxor, Egipto.
Sarcófago de la tumba de Bay (KV13) en el Valle de los Reyes (granito rosa, dinastía XIX), destinado a la reina Tausret, usurpada por Sethnakht, expuesto en el Museo de Luxor, Egipto.
Olaf Tausch/Wikimedia Commons, CC BY

Poco se sabe de por qué tuvo lugar el final de su reinado. Lo que sí sabemos es que a partir de Ramsés III, segundo faraón de la dinastía XX, el gobierno de Tausert empieza a estar empañado por una especie de “leyenda negra” donde se la asocia a años de anarquía en los que solo Sethnakht consiguió restaurar el orden.

Una de tres

Nos encontramos ante una de las tres escasas mujeres que lograron afirmarse como reinas del país del Nilo en un momento de máxima complejidad. Pese a que la información que conservamos de ella es parcial y sesgada, y a que durante siglos pasó a la historia como mala gobernante, en la actualidad se trabaja para ponerla de relieve gracias a nuevos descubrimientos y reinterpretaciones anteriores.

Por tanto, ¿será que la leyenda negra que rodea a Tausert esté relacionada con el concepto “acantilado de cristal”? ¿Es posible que la figura de Tausret haya sido injustamente oscurecida por la historia debido a prejuicios de género o narrativas historiográficas sesgadas?


Este artículo ha sido escrito en colaboración con Sara Navaz Ayesa, investigadora centrada en el Reino Nuevo egipcio.

The Conversation

Inmaculada Delage González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Publicado originalmente en The Conversation

The Conversation

Por The Conversation

The Conversation US surgió de preocupaciones profundamente arraigadas por la calidad cada vez menor de nuestro discurso público, y del reconocimiento del papel vital que los expertos académicos pueden desempeñar en la arena pública. Independiente y sin fines de lucro, es parte de una red global de redacciones que se lanzó por primera vez en Australia en 2011. The Conversation comenzó sus operaciones en EE. UU. En 2014 y ahora también publica en Canadá, Reino Unido, Francia, Indonesia, África y España. así como Australia.