Estafa telefónica o al mejor mono se le cae el zapote

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Roberto Gallardo Núñez, Politólogo.

Pues hoy me convertí en una de esas personas que en el pasado me provocaban una gran incredulidad. ¿Cómo es que alguien proporciona información sobre sus cuentas bancarias por teléfono?. Eso a mí JAMÁS me pasaría, pensaba cuando leía estas noticias. Hoy me tuve que tragar mis palabras.

Lo tienen bien montado. La persona que me llamó citó artículos de ley, mencionó a la SUGEF y me aseguró que no me pediría claves ni nada por el estilo. Tenía todos mis datos personales, cédula, dirección, teléfonos, profesión, correos electrónicos. El motivo de la llamada era el cambio del número de cuenta cliente a IBAN de una cuenta que tengo en el Banco Nacional.

A la persona que me llamó le expresé dudas tanto sobre el proceso mismo como de la información misma que me iba a pedir, por lo que me ofreció transferirme con su “supervisor”. Y ahí fue donde me dieron el golpe de gracia. Me pusieron en espera, oyendo la misma grabación que se oye cuando uno llama al Banco Nacional. Incluso me hicieron esperar unos minutos, porque “todos nuestros agentes están ocupados en este momento”. De veras que me debo estar haciendo viejo.

El “supervisor” inició disculpándose por el procedimiento y poco a poco me fue pidiendo datos para poder cambiar mi clave de acceso a la cuenta (sin que yo supiera que era para eso). Confieso que en cierto momento dudé de lo que estaba haciendo. Pero entre la grabación del Banco y los correos que recibí del servicio de mensajería institucional (parte del proceso del cambio de clave en el que yo estaba colaborando ingenuamente), me confié y terminé dando mas información de la que nunca creí fuera capaz de dar por teléfono.

Después me enteré de que además de sacar plata de la cuenta -si la hay-, lo que quiere esta gente es utilizar la cuenta como “mula” para hacer transferencias a cajeros, de recursos que provienen de cuentas en donde si encontraron plata. Así entonces hicieron depósitos a mi cuenta y de ahí transfirieron a un cajero en Nicaragua, $576 que alguien debe estar descubriendo le desaparecieron de la cuenta.

Afortunadamente, el daño no fue mayor por ser una cuenta que no utilizo mas que para pagar un préstamo (que ya había pagado este mes). Ahora sé que a otras personas les ha ido muy mal en el pasado. Por eso decidí compartir con ustedes lo que pasó, y no terminen siendo embaucados como lo fui yo.

El autor es político, académico, investigador y politólogo costarricense. Ejerció como Ministro de Planificación y Política Económica de Costa Rica y también de Ministro de Comunicación y Enlace Institucional
De su autoría el blog: Roberto Gallardo

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