Eugenia Zamora: 75 aniversario de la Asociación Fulbright

Eugenia Zamora Chavarría. Magistrada del Tribunal Supremo de Elecciones.

La Revista, con motivo de la celebración del 75 aniversario del Programa Fulbrigt.

En el marco de la celebración de este 75 aniversario de la Asociación Fulbright, me permito compartir unas palabras sobre lo que fue mi experiencia como Fulbrighter, y el impacto que la misma tuvo en mi vida personal y profesional. Para ello comentaré primeramente algunos rasgos de mi experiencia como estudiante, y luego aportaré algunas reflexiones sobre el compromiso profesional que ello ha significado en mi vida.

Primero contarles que las vivencias derivadas de haber estudiado con una beca Fulbright son muchas y muy bonitas. En el año 1981 me atreví a participar para optar por la beca, quedando en segundo lugar entre las personas escogidas. El primer lugar lo tuvo doña Clotilde Fonseca, en ese momento decana de la Escuela de Filología, quien posteriormente, por razones personales, tuvo que retirarse, quedando yo así en la primera posición. En el contexto de esta postulación, un día me llamó el agregado cultural de la Embajada de los Estados Unidos, quien me pidió que me presentara en la tarde en su oficina. Cuando llegué me recibió con la grata noticia de que había sido admitida en la Escuela de Derecho de la Universidad de Harvard. Fui la tercera persona costarricense en ser admitida en esa Escuela, y la primera mujer en lograrlo. Cuando salí de la cita, fui a buscar un teléfono público para llamar a mis padres y comunicarles la noticia, y a partir de ese momento me preparé para lo que sería una de las mejores experiencias de vida que he tenido. Fue muy interesante todo el proceso, sin embargo, no fue solamente el conocimiento técnico que adquirí lo que valoro como importante para mi desarrollo personal y profesional, sino especialmente destaco el impacto que tuvo el contacto y la convivencia con diferentes personas y culturas con las que compartí.  A mi me correspondió compartir con más de 64 personas de los distintos continentes.

Tengo muchas anécdotas que atesoro, pero entre las que más me impactaron, recalco el haber sido alumna del profesor Lawrence Tribe, uno de los constitucionalistas más destacados del derecho anglosajón. También subrayo el haber recibido lecciones con Norman Dorsen, quien era profesor visitante, pues pertenecía a la Universidad de New York. Dorsen era en ese momento el presidente de American Civil Rights, de manera que sus lecciones se convirtieron en una rica fuente de conocimiento y experiencias en materia de la lucha por los derechos humanos. Finalmente, tuve la oportunidad de cerrar con broche de oro, porque la Universidad de Harvard invitó a Carlos Fuentes para que dictase el discurso de graduación. Durante mi vida como estudiante compartimos con muchos personajes políticos, religiosos, del ámbito de la cultura y de la historia, que aportaron a mi experiencia más allá de las clases, pues también los foros académicos brindaron una riqueza extraordinaria.

La experiencia como Fulbrighter fue de gran impacto para mi vida, pero también implicó una gran responsabilidad y compromiso, el cual cobra vigencia en los diferentes campos profesionales en los que nos corresponde desenvolvernos.

En mi experiencia profesional, primero tuve la oportunidad vivir ese compromiso en México, en el Alto Comisionado para Refugiados. Posteriormente en mi país, en el servicio público, y después en Uruguay, como representante de la OEA para el Instituto Interamericano del Niño. Actualmente, y desde 2005, estoy en el Tribunal Supremo de Elecciones, en donde institucionalmente mantenemos un compromiso con la democracia y el respeto con los derechos humanos en su dimensión política, al cual haré referencia de seguido en el marco del proceso electoral de 2022.

Estamos a las puertas de un proceso electoral muy complejo, en un contexto socio-económico y político difícil, a lo que se suma la situación de pandemia por el COVID-19. Creo que, en la historia contemporánea, particularmente a partir de la promulgación de la Constitución Política que nos rige desde 1949, no habíamos enfrentado un proceso electoral con tantas candidaturas a la presidencia, además de las numerosas agrupaciones políticas que también han presentado postulantes para diputaciones. Pero la complejidad del proceso no es únicamente desde el punto de vista logístico para el organismo electoral, sino desde la perspectiva de sus efectos políticos. El contexto ha cambiado: hemos pasado de un sistema multipartidista moderado a uno no tan moderado; estamos enfrentando una creciente presencia de la interacción en las redes sociales durante la campaña, con sus efectos sobre la democracia al darse fenómenos como la desinformación y la proliferación de noticias falsas; y tenemos también a una ciudadanía que se manifiesta desencantada con la política.

Cuando analizo este contexto, en el marco de esta celebración, indefectiblemente relaciono el compromiso de los Fulbrighters con procesos sociales y políticos que generen el respeto a los derechos humanos y que contribuyan a la construcción de la convivencia pacífica en un régimen de derecho y, ciertamente, la celebración de elecciones libres, transparentes, justas y legítimas, cuyos resultados representen la voluntad libre del pueblo soberano son un aporte a la paz y a la democracia.

Es por ello que aprovecho hoy este mensaje, para pedirle a los Fulbrighters que sigamos aportando a la paz de nuestro país, que motivemos a cada ciudadano y ciudadana para que asistan a votar y asuman su responsabilidad con la democracia. No nos cuesta nada. Somos un país pequeño con muchas facilidades para que la ciudadanía emita su voto. Con pocas excepciones, los electores y electoras tienen muy cerca su lugar de votación. El TSE, como órgano encargado de organizar las elecciones, hace su tarea, pero el rol de los ciudadanos y de las ciudadanas es fundamental en el proceso del ejercicio de los derechos políticos y la preservación de la democracia. Ante una audiencia de constructores de paz, invito a renovar el compromiso con la democracia electoral costarricense.

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