Evasores

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Carlos Francisco Echeverría.

Hay quien cree que hay un dos o tres docenas de grandes evasores, y que si todos ellos pagaran los impuestos no habría crisis fiscal.

A esa idea contribuyó, curiosamente, el anterior ministro de Hacienda, cuando afirmó que la elusión y la evasión en Costa Rica suman el 8% del PIB. Nadie sabe de dónde salió esa cifra.

Se mencionó una combinación de los datos de tributación … con los de la encuesta de hogares, lo cual suena un poco extraño. Lo cierto es que no existe una metodología universalmente aceptada para calcular la elusión y la evasión como porcentaje del PIB. Lo reconocen incluso los economistas que hacen esos estudios.

El Foro Económico Mundial y las Naciones Unidas dicen que los países con más alta evasión son Guyana y Chad, empatados con un 6,9%. Es difícil creer que los superemos. En todo caso, esos mismos estudios señalan que la mayor parte de la evasión se explica por la economía informal: los negocios y las personas que no emiten facturas, no declaran impuestos, no pagan cargas sociales.

En Costa Rica son decenas de miles, puesto que más del 40% de la fuerza de trabajo está en el sector informal. Las empresas más grandes están bajo la mira del Ministerio de Hacienda, que incluso tiene para ello una Dirección de Grandes Contribuyentes. Por supuesto que algunas cometen fraudes fiscales, usando trucos contables o mecanismos extra-territoriales. Por eso hay tantos juicios tributarios por cientos de millones. Pero el volumen más grande de evasión es el que queda “fuera del radar” de Hacienda.

Allí hay de todo, desde salones de belleza o talleres mecánicos hasta consultorios médicos y jurídicos. Nuestra economía se mueve en gran medida en la informalidad. Por eso es tan importante la aplicación del IVA a los servicios, junto con la facturación electrónica.

De manera tal que el argumento “cóbrenle a los evasores en vez de crear el IVA” se cae solo. El IVA se crea precisamente para cobrarles a los evasores.

 

 

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