Factura Electrónica, ATV y otras inutilidades

La estulticia administrativa en Costa Rica no conoce límites. Pero la paciencia ciudadana, ojalá sí. De tal suerte que deje de tolerarse que, para terminarla de hacer, por estos días, el sistema gratuito de Factura Electrónica proporcionado por Hacienda, presenta fallos que impiden firmar y recibir los tres archivos que luego nos exige la propia Tributación, para hacerlas valederas posteriormente. ¡Pónganse serios señores!

0

Pablo Barahona Kruger,  Abogado y Profesor Universitario

Es inevitable la desazón, el enojo y el estupor, que anteceden a la crítica obligada.

Simplemente, es esta, una de esas raras veces en que toca agarrarse la cabeza con ambas manos, fruncir el ceño y apretar los dientes, ahogando el grito de indignación.

La pregunta principal es una, pero está preñada de ramificaciones insoslayables: ¿Cómo es posible que los burócratas ni siquiera prueben los sistemas informáticos indescifrables que nos ponen por delante como la panacea de “simplificación” de trámites? O lo que es igual: ¿Dónde estaban los jerarcas, probando personalmente, esos programas hechos para informáticos y no solo por informáticos?

Queda decirlo de una buena vez: los (anti)sistemas denominados Factura Electrónica y Administración Tributaria Virtual, son la invención más árida, impráctica, absurda e ineficaz, que hayan podido idear desde el Ministerio de Hacienda, los genios de Tributación Directa, o sus contratistas y consultores.

Ahí, simplemente, algo no anda bien. Y al decir “algo”, nótese mi sentido de diplomacia a prueba de balas. Ese mismo que me desaconseja caer en el dramatismo de lo superlativo y me permitiría afirmar –sin faltar a la verdad-, que se trata de dos fiascos, dos desastres, o, en síntesis, de dos monumentos a la inutilidad burocrática y la total ausencia de liderazgo de los jerarcas de hacienda y los mandos medios de tributación.

En ambos casos, asistimos a la mayor demostración de total ausencia de empatía con los usuarios o administrados.

Negocio intencionado.- Pero esas dos “herramientas” no son mal negocio para todos. No, al menos, desde que esos nuevos obstáculos para cumplir con las obligaciones tributarias –léase con asombro: ¡para pagarle al Estado!- han dado pie al surgimiento de una “selva” de programas informáticos, para traducirle, a los cristianos como usted o yo, esas ocurrencias oficiales. O lo que es igual: esas dolencias informáticas que igual pasan por indolencias burocráticas.

Esto último quiere decir –y no se ría, que va en serio-, que Hacienda nos ofrece un tipo de herramientas para supuestamente simplificar los trámites tributarios más elementales, que a su vez necesitan ser simplificadas por otros programas por los que debemos pagar, so pena de tener que cursar Factura Electrónica I y II, así como un máster en Administración Tributaria con sus respectivos cursos intensivos que nos permitan, al menos, empezar a “travesear” el ATV.

Fuera de interpretaciones ni aproximaciones experienciales, denuncio un hecho incontestable: ¿Por qué los obligados tributarios tenemos que terminar pagándole a contadores o informáticos, para que nos hagan las facturas o las declaraciones, simplemente, porque en el ente recaudador (interesado) no tuvieron la delicadeza e inteligencia mínimas, de asegurar la simpleza y economía necesarias, para que cualquier abogado, médico o topógrafo, pueda operar el sistema personal, gratuita, y céleremente? ¿Es acaso buen negocio para el cobrador, encarecer y complicar el pago a sus pagadores?

Meter cabeza.- Preocupa severamente, la evidencia que arroja este asunto, como ejemplo de la forma descuidada y ciega, en que se vienen tomando las decisiones trascendentales en este país.

¿Cómo es posible que, en media crisis fiscal, el gobierno que se viene cortando las venas por más recursos, le complique la existencia a las personas dispuestas a pagarle, al punto de forzarlos a convertirse en portentos de la informática y de hacerles perder innecesariamente su tiempo -además de su dinero-, precisamente, para poder pagar?

¿Será que como lo burócratas de hacienda no pagan los impuestos que sí cancelamos los profesionales liberales y el comercio -que somos los que generamos riqueza en vez de consumirla-, tampoco tuvieron la deferencia mínima de probar esos pésimos sistemas, por los que, sin embargo y con toda seguridad, terminaron -léase: terminamos- pagando una millonada?

Y no se trata de llevar la discusión a los límites de si los (anti)sistemas referidos (Factura Electrónica y ATV), se pueden aprender a usar, a la larga y después de una inversión masiva de tiempo (y por tanto de dinero). Sino, más bien, de evidenciar el contrasentido de pagar por sistemas que quitan tiempo y tornan onerosos, trámites, supuestamente, gratuitos y simples.

La estulticia administrativa en Costa Rica no conoce límites. Pero la paciencia ciudadana, ojalá sí. De tal suerte que deje de tolerarse que, para terminarla de hacer, por estos días, el sistema gratuito de Factura Electrónica proporcionado por Hacienda, presenta fallos que impiden firmar y recibir los tres archivos que luego nos exige la propia Tributación, para hacerlas valederas posteriormente. ¡Pónganse serios señores!

Esta “pelada” descomunal de Hacienda, y particularmente de Tributación Directa, obliga a la Contraloría General, la Procuraduría de la Ética Pública y la Presidencia, a sentar responsabilidades administrativas. Al tiempo que los diputados deberían investigar, evidenciar, responsabilizar y recomendar inhabilitaciones para el ejercicio de los cargos públicos, por tanta inutilidad flagrante.

 

Pablo Barahona Kruger
El autor es Abogado constitucionalista y profesor universitario
Fue Embajador de Costa Rica ante la OEA
pbarahona@ice.co.cr

Del mismo autor le podría interesar:

 

También podría gustarte

Comentarios

Cargando...