Fernando Cruz: Joan Manuel Serrat, de su música brota humanidad y utopía

El agua, tantos años discutimos sobre su constitucionalización. Parece evidente, pero para algunos sectores poderosos, el agua no es como dice Serrat, que el agua es la vida, es el rumbo, es la memoria de nuestra existencia. No, para esos sectores, el agua es el negocio, es la codicia.

Fernando Cruz Castro,  Abogado, Magistrado, Presidente de la Corte Suprema de Justicia.

El artista que nos canta de humanidad, el que ilumina lo que la rutina ha “normalizado”. Obviamente, no sólo canta o entretiene, es que en su canto nos recuerda que requerimos sueños y utopías. En cada canción, hay una ternura, una denuncia que se desliza lentamente y que no pierde su musicalidad. Tuve el privilegio de asistir a la famosa presentación que él hizo en el Centro de Recreación de la Universidad de Costa Rica en 1972. Yo tenía veintitrés años. Su estilo poético y su musicalidad tan particular hacía que cada verso tuviera mayor claridad en su voz. Poseía una singularidad ajena a la superficialidad. En su poesía cantada encontramos un manual de humanidad, comprensión y tolerancia, expresado con esa música que brota de su voz y que es inimitable. Al escucharlo descanso en mi querido diván de nostalgia y utopía. Así fue siempre. Era quizás inevitable que en una discusión de la Sala Constitucional sobre un tema que despierta tanta codicia como el agua, recordara una bella canción que dedicaba al precioso líquido de la vida. No sólo la recordé, sino que cité una parte de los versos de esa canción, en una nota del voto de la Sala Constitucional, cuyo texto comparto:

“XIII.- Nota del Magistrado Cruz Castro sobre la derogatoria de la Ley de Aguas contenida en el art.128.a del proyecto.-

Sobre la derogatoria de la Ley de Aguas, es procedente agregar que la vocación comunitaria del agua, no como bien de interés económico, sino de interés social, cultural y de protección de la vida y la salud de la población, debe tener un marco bien definido sobre el dominio a favor de la comunidad, en este caso, el perímetro no menor de doscientos metros que circunden los sitios de captación o tomas surtidoras de agua potable. Un círculo de doscientos metros en las tierras que circunden los sitios de captación o tomas surtidoras de agua potable, es una previsión trascendental como reserva a favor de la Nación. Igual consideración se puede hacer sobre la zona forestal que protege o debe proteger el conjunto de terrenos en que se produce la infiltración de aguas potable, así como la zona que dan asiento a cuencas hidrográficas y márgenes de depósito, fuentes surtidoras o curso permanente de las mismas aguas. No es un tema menor, es fundamental; resulta lesivo a los valores que tutelan y protegen la participación ciudadana, que una legislación que surge bajo el influjo del protagonismo de la población, se convierta más bien en un instrumento que debilite el marco jurídico que ya existía antes de la intervención de la ciudadanía. El agua, un bien que expresa algo más que un valor económico, algo más, sin duda alguna, que la apropiación codiciosa, un bien de todos y que protege hasta las generaciones que no hemos conocido, las que vendrán y que merecen una tutela relevante. Las palabras del conocido cantautor Joan Manuel Serrat sobre el hombre y el agua, fijan la delicada dimensión humana de un bien de tanta relevancia, porque “.. si el hombre es un gesto, el agua es la historia…. Si el hombre es un sueño, el agua es el rumbo…Si el hombre es un pueblo, el agua es el mundo…Si el hombre es recuerdo, el agua es memoria… Si el hombre está vivo, el agua es la vida…. Si el hombre es un niño, el agua es París……Si el hombre la pisa, el agua salpica…Cuídala como cuida de ti…” Estas reflexiones, es algo más, mucho más, que poesía, algo más que bellas palabras, es una evidencia que demuestra que el agua es algo más que un bien de apropiación o de registros contables, porque su tratamiento, reparto y protección, es una prioridad social, cultural y de vida…”

El agua, tantos años discutimos sobre su constitucionalización. Parece evidente, pero para algunos sectores poderosos, el agua no es como dice Serrat, que el agua es la vida, es el rumbo, es la memoria de nuestra existencia. No, para esos sectores, el agua es el negocio, es la codicia. En esa interesante discusión en la Sala Constitucional, recordé el verso de un artista que no sólo nos seduce con su musicalidad, sino que nos recuerda que la gente, en su esencialidad, requiere utopías, humanidad, algo más que ganancias, mercados y ganadores.

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