Fernando Cruz: Ocho años en la Sala Constitucional. La Constitución, algo más que un texto.

Qué herencia más valiosa, un legado precioso que se sintetiza en nuestra Constitución, no es sólo la letra de un texto, es la historia política de un país que ha forjado una República civilista y democrática. La constitución, es algo más, mucho más, que un texto. Posee raíces históricas, sacrificios, conflictos y aspiraciones, tan generosas, como la justicia social. Muchas gracias al pueblo costarricense que me ha permitido ejercer el servicio público en un país, que aunque nos parezca extraño, es excepcional.

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Fernando Cruz Castro,  Abogado, Magistrado, Presidente de la Corte Suprema de Justicia.

El quince de noviembre del 2012, la Asamblea Legislativa no me reeligió como magistrado de la Sala Constitucional. Treinta y ocho legisladores votaron en contra de mi reelección. El acto pretendió ser una llamada de atención a los jueces. Las motivaciones del parlamento, no fueron muy claras. Cuatro años han pasado desde que el Congreso tomó esa decisión política. Durante el trámite de mi reelección, presenté al Congreso unas reflexiones sobre mis ocho años en la Sala Constitucional. Comparto en este espacio, mis meditaciones sobre la delicada función que me encomendó el parlamento.

«…Ocho años en la Sala Constitucional, una gran responsabilidad y un privilegio. Es una ventana privilegiada para apreciar y juzgar los reclamos relacionados con la vigencia de los derechos fundamentales, apreciar sus deficiencias, limitaciones y omisiones.

Un reto complejo estar en una jurisdicción que con prudencia y limitaciones, debe juzgar algunos elementos de la política, que según las circunstancias, suscitan irritación, especialmente cuando debe definirse el horizonte infranqueable en el que el saludable ejercicio del poder no puede exceder las límites, los equilibrios que definen la estructura de la constitución.

La Constitución refleja un equilibrio que se forjó después de la década conflictiva de los cuarentas del siglo pasado. Se definió, en términos generales, no sólo los derechos individuales, sino que también se forjó un estado social, cuyo contenido y alcance no sólo está en la norma fundamental, sino que respondía a una ideología política que le daba trascendencia a lo social.

La misión de un tribunal constitucional enfrenta retos y algunas tensiones, especialmente en una época en que el desafío del libre comercio y la tutela del medio ambiente, enfrenta omisiones, deficiencias y disfunciones.

Es necesario mencionar las estadísticas, las que reflejan, en apretada síntesis, el cumplimiento de los deberes propios de la función jurisdiccional, empero, es indudable, que la labor de un juez constitucional, supera, con creces, la evaluación cuantitativa.

También se viven tensiones, pues no son ajenas las preocupaciones de un poder jurisdiccional que arbitra, que define, que limita a los actores políticos, pero que debe hacerlo con prudencia, serenidad y autocontención. Estos conceptos son tan complejos, de tanta profundidad, que por esta razón no es posible definirlos, no se reflejan en las estadísticas o en esquemas gráficos.

Esta tensión entre sabiduría, autocontención y el poder, no es fácil de resolver, porque en ningún momento la autocontención se puede convertir en un pretexto para huir de las definiciones puntuales que exige el desarrollo del sistema jurídico y político del país.

Con el texto en la mano, para decirlo en términos muy esquemáticos, el tribunal debe definir el espíritu y el alance de un diseño constitucional que debe ser fiel al texto original, pero abriendo el espacio para las transformaciones que requiere la sociedad costarricense. Las que son inevitables, pero que en esencia, mantienen la vigencia de conceptos básicos, que son el compromiso con la dignidad del ciudadano; con conceptos tan ricos como la equidad social, el estado social, la paz, el progreso humano de todos los ciudadanos, el respeto efectivo de los derechos fundamentales; estos valores y otros que sería largo enumerar, son las guías de cualquier jurisdicción constitucional, son los puntos cardinales que se han definido en los conflictos sociales y políticos, que se han plasmado en el texto constitucional, sin ignorar, por supuesto, el aporte valioso del derecho internacional de los derechos humanos.

La Sala refleja las tensiones que suscitan áreas tan sensibles como el medio ambiente, el desarrollo urbano, la globalización, las urgencias de un desarrollo que además, de económico, debe ser integral, es decir, que debe ser humano. Es imposible y a la vez saludable, que la instancia constitucional se pronuncie sobre todos los temas, porque el espacio de las definiciones políticas corresponde a las actores y grupos que actúan en el amplio campo del sistema político. Es indiscutible que las decisiones de la jurisdicción constitucional, que nunca actúa oficiosamente, reflejan las aspiraciones, las deficiencias y las omisiones en relación a derechos individuales y garantías sociales.

La intervención oportuna en la defensa de derechos individuales y al mismo tiempo, la tutela o la llamada de atención sobre el desarrollo y protección del estado social. Son muchos equilibrios, a veces no tienen solución, pero queda señalado, en cada decisión, el rumbo cuestionable o la omisión que requiere una política pública.

Como juez constitucional no puedo ignorar un dato obvio, pero de trascendencia, pues nuestra institucionalidad ha sido construida por muchos costarricenses, destacados y anónimos, que nos han heredado un país singular, aunque a veces no nos percatemos de la trascendencia de nuestra historia política e institucional.

Figuras como Juan Rafael Mora, Jorge Volio, Félix Arcadio Montero, Ricardo Jiménez, Rafael Ángel Calderón Guardia, Manuel Mora Valverde, Carlos Luis Fallas, Monseñor Sanabria Martínez, José Figueres Ferrer, Rodrigo Facio, son parte de esos costarricenses destacados que junto con un pueblo esforzado nos heredaron este país que con ligereza se dice que es ingobernable, pero quizás la ingobernabilidad provenga de los valores y tradiciones que se gestaron lentamente y que exigen convencimientos y no consignas.

Al leer los conceptos y las ideas de los costarricenses que forjaron esta República, es inevitable destacar algunas.

Don Ricardo Jiménez, a propósito de la conversión de un cuartel en Escuela y que lleva el nombre de Juan Rafael Mora, definió las prioridades de nuestra democracia, al considerar que: “.. el cuartel era el símbolo de los gobiernos fuertes, es decir, de los gobiernos tiránicos: el símbolo, no del ejército que sirve de escudo a las libertades y a la soberanía de la nación, sino el símbolo del militarismo que es cosa muy distinta. “Esto matará aquello”, decía Víctor Hugo, y yo me dije: la escuela matará el militarismo y si no el militarismo matará a la República. De nosotros se ha dicho que somos un país que cuenta con más maestros que soldados y que transforma cuarteles en escuelas. Completemos la fórmula y digamos: un país que tiene más maestros que soldados y que transforma cuarteles en escuelas…”.

También don Ricardo, cuando se enteró del decreto que disolvió el Congreso, siendo Presidente del Poder Judicial, redactó una nota de renuncia dirigida a los miembros del Tribunal Supremo, en la que considera que tal acción es un ataque mortal a la Constitución, mencionado, textualmente, “..Mi autoridad se deriva de ella, y se ha extinguido al extinguirse su fuente..”. Una defensa clara y sincera de la constitución, algo más que un texto.

Entre las curiosidades que menciona don Joaquín Vargas Coto, se refiere a la campaña iniciada por algunas personas con el propósito de regalarle una casa a don Ricardo, pues vivía en una de alquiler, muy modesta, por cierto. El veterano político, al enterarse de tal pretensión, expresó en un reportaje: “.. Si la idea en vez de ser la de regalarme una casa, fuera para adquirir una tumba, menos mal, porque una vez metido en ella no oiría los comentarios de las gentes de que a don Ricardo lo entierran en una fosa regalada..”

Dos días antes de su muerte, don Ricardo brinda unas declaraciones en las que define muy bien el sentido de una democracia con equidad, puntualizando que de su liberalismo, “.. nadie puede dudar. Yo pelearía si un día a los comunistas costarricenses se les quisiera restringir sus derechos de hacer propaganda, de reunirse, de elegir y de ser electos y los defendería, sí contando con al voluntad nacional, se pretendiera cerrarles el camino del poder que hubieran conquistado legítimamente. (…) Por otra parte, el país necesita una evolución económica hacia la justicia. Lo humano y lo natural es que el privilegio no exista. Locura es pensar en la absoluta igualdad entre los hombres pues habrá siempre unos afortunados que marchen a la cabeza, es decir, una especie de aristocracia democrática que, para bien de los pueblos, deben ser los conductores. Pero los privilegios de la casta, del dinero, de la cuna, son lesivos de la dignidad humana. En el mundo futuro será la supremacía del talento, del técnico, del genio. Y del más equitativo reparto de los dones materiales, que son los únicos que se pueden repartir, entre todos los trabajadores de la tierra, entendiéndose por trabajador el que produzca para la comunidad, desde el sabio y el artista hasta el barredor de las calles…..” Esta es una muestra de la profundidad de nuestro espíritu republicano, el cuestionamiento de los privilegios y el respeto a la institucionalidad, que de todas maneras y por desgracia, no garantiza su inamovilidad. Las palabras sabias de Jiménez Oreamuno, fueron moldeando la constitución viviente, la que se define, la que se marca en la cultura política.

De igual forma, una figura como Monseñor Sanabria, en una época difícil, se atrevió a decir en 1938: “.. No hemos de perder de vista en estas cuestiones que lo que hay de justicia en las ideas comunistas- a ellas nos referimos tomado está del cristianismo y calcado está sobre las exposiciones de León XIII y de Pío XI. Sólo que en el sistema comunista se hallan tales bondades curiosa y sarcásticamente mezcladas, contra todas las reglas de la lógica, con otras ideas diametralmente opuestas a ellas, que neutralizan y destruyen su efecto….” Qué privilegio tuvo Costa Rica de poder contar con una persona de tan amplio criterio como Monseñor Sanabria, hace más de sesenta años, en una época en que no era usual analizar el comunismo desde una perspectiva ponderada y serena. Su actitud y sus acciones tuvieron un efecto determinante sobre la paz social que ha tenido Costa Rica desde mediados del siglo XX.

La mención de Monseñor Sanabria se vincula con la intervención de otro costarricense destacado como Calderón Guardia, quien al proponer las garantías sociales, variando el papel tradicional del Estado, menciona en su mensaje que “…El artículo cincuenta y uno del proyecto es la base del nuevo concepto del Estado, que ya no puede limitar su acción a una gestión administrativa, pura y simple, ni a permitir el libre juego de factores que no pueden vivir ni progresar sin un cabal ordenamiento de los mismos. La armonía social exige, antes de que la abierta competencia de las grandes fuerzas económicas, la intervención del Estado a fin de evitar que unas se impongan sobre otras, con detrimento del tranquilo desarrollo de la colectividad. …” Este no fue un simple mensaje, se tradujo en una transformación radical de la función del Estado, dando lugar al Estado social costarricense. Este es el sentido sustancial de las garantías sociales, no es una declaratoria de intenciones, es una apuesta a la armonía social, a la equidad social. Otro hito en la construcción de esta República en la que puede actuar un Poder Judicial que incluye una jurisdicción constitucional, un poder jurisdiccional que está llamado a trascender las formalidades y que procura darle vigencia real a los derechos individuales y sociales.
Las intervenciones de Rodrigo Facio en la Constituyente del cuarenta y nueve, son una fuente importante que define el contenido de la constitución vigente. Tuvo un papel protagónico en la asamblea nacional constituyente, expresando conceptos que poseen la autoridad del ejercicio legítimo del poder; su oposición a la exclusión del partido comunista, recién pasado el conflicto bélico del cuarenta y ocho, refleja su compromiso democrático y su sensibilidad respecto de los derechos fundamentales. Consideraba que la exclusión de una agrupación política en un texto constitucional, resultaba inconveniente para la democracia, “..Porque el comunismo es una amenaza transitoria (….) y parece inadecuado tratar un asunto transitorio mediante una fórmula que de manera permanente quede incorporada a nuestra Constitución. Porque el principio prohibicionista , negativo, rompe la filosofía democrática y libertaria general de lo que será la nueva Constitución Política de Costa Rica, porque, en fin, a igual norma han echado mano regímenes que no se recomiendan como democráticos. (……) Yo no sé si será una debilidad mía; admito que los sea; confieso que esas debilidades no deben influenciar una labor constituyente como en la que estamos; pero sin embargo, me crispa el pensar que la nueva Constitución de Costa Rica, conseguida después de tanta ardua lucha por la libertad, por la libertad para todos los costarricenses, contenga un principio igual al que contienen las constituciones de algunas de las más sórdidas tiranías de nuestra América…”. Las palabras de Facio, su interpretación, trasciende el texto constitucional, definiendo las raíces políticas e ideológicas que le dan legitimidad y vigencia efectiva a la norma fundamental; sin esa visión política y filosófica, sería un texto más, como los que se imprimen en las sistemas autoritarios, sin mayor trascendencia.

Don José Figueres, sembró tantas ideas y actitudes, que aunque el tiempo y la realidad parece que ha enterrado profundamente su legado, las raíces están presentes en muchas conciencias y acciones del pueblo costarricense y se alojan en nuestra constitución viviente. Sus inquietudes sociales las resumió muy bien cuando en cartas a un ciudadano rescató un lema de la revolución mejicana que mencionaba: nadie tiene derecho a lo superfluo mientras haya quienes carezcan de lo indispensable. Según decía, este es uno de los lemas más hermosos del socialismo. Sin aplicar un socialismo extremo, José Figueres le imprimió a la política costarricense una visión que ya se había comenzado a gestar desde Jorge Volio y otros costarricenses. Fue extraordinario que no sólo suprimió al ejercicio oficial, sino que tampoco convirtió al grupo militar ganador, en otra casta militar. Respecto del pacto fundamental y el cambio social, expresó ideas de profunda vocación democrática, cuando afirmó que “.. La Constitución debe entenderse como obra de conjunto, e interpretarse siempre de la manera que más favorezca la moral y los derechos ciudadanos. El juramento que se exige al Presidente de la República no es sólo el de acatar la Constitución y las leyes, como un autómata, sino el de aplicar su discreción, proceder con sentido de responsabilidad y cumplir fielmente los deberes de su destino. Yo cumplo fielmente los deberes de mi destino, cuando contribuyo por todos los medios posibles, a que nuestro sistema político mejore, sin detrimento de ningún derecho ciudadano, y a que no se quede atrás del sistema económico, del sistema social, y de todo el pensamiento democrático contemporáneo…”.

Todas las ideas que en una apretada síntesis he citado, constituyen un monumento espiritual e histórico valioso, una herencia que inspira los valores de nuestra República. Se trata de un privilegio que hemos tenido los costarricenses, en el que con las imperfecciones e inconsistencias inevitables, hemos podido forjar un sistema político que es producto de un cambio social que si bien no pudo evitar el conflicto, construyó un república que le dio paso a instituciones, valores y actitudes.

Es en ese contexto político tan privilegiado que he podido ejercer, con dignidad, funciones en el Poder Judicial, especialmente en la Sala Constitucional, que requiere reformas, al igual que el Poder Judicial, pero que asume y representa lo que con mucho esfuerzo y sacrificio se ha forjado en Costa Rica desde la independencia.

No todo ha sido miel sobre hojuelas, pero es inevitable recordar a algunos de los forjadores de esta República tan singular, cuyo fundamento y vigencia debemos defender con plena conciencia de esta herencia histórica que construyeron costarricenses distinguidos, algunos de ellos conocidos, como los que he citado, y otro grupo gigantesco de conciudadanos que murieron en el anonimato, pero que dejaron un legado precioso y valioso.

Por esta razón las funciones que he ejercido en la Sala Constitucional y en otros cargos en el Poder Judicial, se han convertido en un privilegio, en una experiencia de excepción, porque muchas personas crearon la atmósfera política y social que me permitió alcanzar dignidad personal y profesional, ejerciendo, en la medida de mis posibilidades, el servicio público, en su sentido más generoso. No podía dejar de mencionar actitudes y valores tan importantes, que son los que han marcado mi ruta en el Poder Judicial, especialmente en la judicatura Constitucional.

Qué herencia más valiosa, un legado precioso que se sintetiza en nuestra Constitución, no es sólo la letra de un texto, es la historia política de un país que ha forjado una República civilista y democrática. La constitución, es algo más, mucho más, que un texto. Posee raíces históricas, sacrificios, conflictos y aspiraciones, tan generosas, como la justicia social. Muchas gracias al pueblo costarricense que me ha permitido ejercer el servicio público en un país, que aunque nos parezca extraño, es excepcional. Muchas gracias……».

 

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