Fernando Cruz Castro,  Abogado, Magistrado de la Corte Suprema de Justicia.

El 27 de Enero de 1901, en Milán, italia, moría el más notable e influyente compositor de ópera italiana, ese día fallecía Giuseppe Verdi Uttini, su nombre completo era Giuseppe Fortunino Francesco Verdi.
En el peor momento personal, provocado por la muerte de su esposa y su hija, produjo “Rigoletto”, “La Traviata” e “Il Trovatoresus” sus obras mas populares y recordadas.
El 27 de enero de 1901, estando en Milán, sufrió un derrame cerebral que le provocó la muerte, su entierro fue una clara expresión de su arraigo popular, con el paso de su féretro la gente en las calles entonó espontáneamente el coro de los esclavos de Nabucco “Va pensiero sull’ali dorate”. El hecho que dejara su fortuna para el establecimiento de la “Casa Verdi”, una residencia de reposo para músicos jubilados, no hizo mas que engrandecer su recuerdo. La palabra VERDI, significando “Vittorio Emmanuele Re D’Italia” se usó en la época como acrónimo político clandestino a favor de la unificación italiana. Vivía en el alma de muchos italianos, no requería corifeos ni  testaferros que lo adularan, poseía el chispazo auténtico de su arte sublime que sintonizó con el alma de los ciudadanos, que lo despidieron con su música, su arte de emoción y delicada armonía. Culmina su eternidad al abrazar a los demás donando su fortuna para la casa de los artistas. Se instaló en el  corazón de sus contemporáneos, sin echar mano a plumas de ocasión, desdeñando la codicia y el poder. Hay seres que nos dejan un chispazo de eternidad, sin recurrir al insulto, la pequeñez,  el autoritarismo o la acumulación de riquezas. Se le despidió con el dulce canto de su arte, algo espontáneo..porque su generosidad y desprendimiento le permitió alcanzar un chispazo de eternidad..Así hay seres privilegiados, no requieren poder o adulación, son con los demás, con la humanidad, ese es su chispazo de eternidad profunda. Verdi..su eternidad, es su sensibilidad y desprendimiento. El verso de «va piensero», canto  de despedida del pueblo  al eterno Verdi, es el mejor testigo de su delicada sensibilidad:
Ve, pensamiento, con alas doradas;
ve, pósate en laderas y colinas
donde huele la suave fragancia
la dulce brisa de la tierra natal!
Las orillas del Jordán saludan,
de Sión las las torres destruidas.
¡Oh, patria mía, tan bella y perdida!
¡Oh, recuerdo tan querido y desdichado!
Arpa dorada de profetas fatídicos,
¿por qué muda de los sauces pendes?10
Reaviva los recuerdos en tu pecho,
¡y cuéntanos sobre los tiempos pasados!
Recordando el destino de Jerusalén
toca el sonido de un triste lamento,
que te inspire el Señor un canto,
que infunda valor al sufrimiento.

 

Este es el chispazo de eternidad de un espíritu que escucha y siente lo que escapa a nuestra humanidad tan sorda, tan insensible.