Fernando Ferraro: La culpa no es siempre de los populistas

Aterrizo finalmente sugiriendo que lo que hasta ahora nos ha salvado de replicar a Chile, es nuestra idiosincrasia y unos buenos compensadores sociales (la CCSS, el MEP, los programas contra la pobreza, etc.) que, a pesar de sus deficiencias, sí funcionan. Sin embargo, el riesgo de una explosión sigue estando ahí, y la culpa de un eventual socollón no será únicamente de nuestros populistas de "agua dulce".

0

Fernando Ferraro Castro, Abogado.

No menosprecio el hecho de que lo que voy a plantear, es un tema que merece una buena discusión. Así que comienzo por aclarar que hoy no aspiro más que a señalarlo.

Me parece que hay un rasgo del fenómeno populista, que casi siempre dejamos de lado, y no estoy seguro de que se haga sin intención. Me refiero a que el «éxito» de los populistas no es solo «culpa» de ellos, y menos de la ignorancia de los pueblos.

Pensemos en los «políticos responsables y moderados», en esos que se ven a sí mismos como lo opuesto de un «populista». Unos a los que prefiero no llamar «tradicionales», porque la experiencia demuestra que quienes usan este término para atacar a sus adversarios, apenas acceden al Poder, acaban copiando sus mañas.

Pues bien, cuando dan la cara ante la ciudadanía, ante el pueblo, es frecuente que los «políticos responsables y moderados» se pierdan en teorías y explicaciones que reflejan buenas intenciones y muchas veces, cinismo. Es lo que sucede cuando tratan de explicar la realidad de la que inevitablemente son responsables, aunque solo sea de manera parcial.

El populista, por el contrario, parece llamar «al pan, pan, y al vino, vino» …. y no se queda en la palabra. Luego actúa. Al menos, eso parece. Obviamente, juega con ventaja porque no ha «padecido» el desgaste de gobernar. Sin embargo, este argumento, por más real que sea, no sirve como advertencia ante la opinión pública. Es más, por no servir, no sirve ni para un consuelo.

Así que vamos al grano. ¿Es razonable esperar que la ciudadanía, y la población en general, sean generosas y comprensivas con el «político responsable y moderado» y seguidamente descarten al «populista» por su falta de modales, elegancia o, peor aún, por su falta de fundamento? A los analistas del «establishment» les encanta pensar que sí, que la ciudadanía debería hacerlo. Por supuesto, los políticos del «establishment» ni cuenta se dan, y no cambian su rollo.

Luego vienen los populistas, ganan las elecciones, y los perfumados de turno culpan cómodamente a los pueblos por ignorantes. Soslayan, creo que deliberadamente, que así como «estado de derecho» no es lo mismo que «ordenamiento jurídico», la democracia no se reduce al funcionamiento de un sistema electoral. La democracia es uno de varios métodos para obtener resultados en materia de asuntos públicos; y sin desviarme a discutir las características que la diferencian de otros métodos, quiero insistir en que la democracia no es sólo representación, participación, deliberación y votación. Debe ser también, resultados; y en este punto, no es irrelevante ni secundario, el tiempo y la calidad de estos. A lo que se suma, la actitud con la que actúan las autoridades políticas y administrativas de una democracia al dar cuenta de esos resultados. Aquí, recuerdo lo dicho líneas atrás sobre la manera torpe como estas abordan la comunicación pública y la gestión de sus responsabilidades.

Así pues, tengamos presente que en la política y en la opinión pública costarricenses, hay dos cosas que abundan. Una es el análisis y la información técnica, las propuestas, los planes y, ni se diga, los proyectos de ley sobre cualquier tema, desde útiles y convenientes, hasta ridículos e irrelevantes; la otra, es el dramatismo, la exageración y el choteo. Los costarricenses tenemos demasiado tiempo de vivir relativamente bien, o al menos, de no padecer los apuros y las desgracias de nuestro entorno. Algo que en lugar de generar una valoración positiva de nuestro desarrollo y sus instituciones, lo cual no excluye el ejercicio de la crítica constructiva, provoca una actitud despectiva, sentenciosa, patológicamente inconforme e ingrata. Una que explicaría el malestar y la impaciencia acumuladas en la opinión pública, y que de momento los efectos de diciembre y enero, mantienen sedadas.

Preguntémonos ante la explosión de un país ejemplar como Chile, por qué aquí en Costa Rica no enciende la mecha, a pesar de las provocaciones e intentos para que suceda. ¿Qué falta para que revienten los fuegos artificiales? …. a falta de acción estratégica y reformas para mejorar la efectividad y los resultados de nuestra democracia (que es lo opuesto de lo que hacen en Zapote y en Cuesta de Moras) lo que falta es un chispazo. Y cualquier cosa puede provocarlo, en cualquier momento. Para citar un par de ejemplos penosos de posibles detonantes, recordemos la anécdota de «cafecito de oro» o la rebeldía de algunos funcionarios judiciales ante las normas que debemos observar todos. En ambos casos, pensemos en ellos a la luz del Plan Fiscal y la manera cómo lo entendió y recibió la opinión pública. Reflejan una actitud con la que demuestran cínicamente que en Costa Rica todos somos iguales, pero algunos son y se creen más iguales que otros.

Aterrizo finalmente sugiriendo que lo que hasta ahora nos ha salvado de replicar a Chile, es nuestra idiosincrasia y unos buenos compensadores sociales (la CCSS, el MEP, los programas contra la pobreza, etc.) que, a pesar de sus deficiencias, sí funcionan. Sin embargo, el riesgo de una explosión sigue estando ahí, y la culpa de un eventual socollón no será únicamente de nuestros populistas de «agua dulce».

 

 

 

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Cargando...