Fernando Ferraro: La fábula del boyero

Costa Rica necesita una buena reforma, y si no entendemos que esta no será posible si no es entre todos y de manera pareja, se va a podrir el café, y el boyero y los bueyes, que no les dije antes pero están encadenados a la carreta, morirán poco a poco.

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Fernando Ferraro Castro, Abogado.

Costa Rica tiene un Sistema (instituciones y legislación) cuyo funcionamiento no es fácil de entender. No lo es ni para los extranjeros, incluso si son consultores de organismos internacionales, de esos que llegan cargados de fórmulas talla única que luego encallan en nuestra realidad, ni para los mismos costarricenses. Tiene particularidades propias de nuesta historia y cultura, que debemos hacer el esfuerzo por comprender, porque afectan nuestras opciones de desarrollo.

En este sentido, les dejo una ocurrencia que trata de ilustrar una de esas particularidades.

Para efectos de esta imagen fabulesca, ubiquémonos en el negocio cafetalero del siglo XIX y principios del XX, cuando las carretas eran el medio para llevar la cosecha de la plantación al beneficio y luego a los puertos. Es decir, uno de los medios para transformar recursos en riqueza.

Nadie cuestiona que el boyero tiene la responsabilidad de conducir la carreta. La cosa se tuerce, sin embargo, porque en nuestra fábula, antes de comenzar a caminar, el boyero debe escribir la ruta que seguirá, de manera detallada y enviarla al gamonal para que la apruebe. Debe hacerlo, además, en consulta con cada uno de los bueyes. (Ya sé que estos semovientes no hablan, pero es una fábula)

Todo se enreda más, porque los bueyes pueden discutirlo todo. Cuestionan desde la ruta hasta el tiempo y el ritmo. Es decir, el boyero tiene la responsabilidad, pero no tiene realmente el mando. Es algo que no entiende el dueño del café (nosotros, la ciudadanía), que exige al boyero rapidez y seguridad. El dueño del café olvida, sin embargo, que encargó a sus representantes (nuestros diputados en la vida real) diseñar el Sistema que rige los trabajos del boyero y de los bueyes, y la operación del transporte en carreta; y que además dispuso que cualquier cambio al esquema original debe ser consultado al boyero y a cada buey, y que los tres deben estar de acuerdo en todo.

La anterior es una fábula que ilustra la confusión de jerarquías y competencias, la duplicidad de funciones, la hipertrofia de garantías y la dispersión de controles, y autorizaciones que deforman nuestra democracia y nuestra administración pública, internamente y en su relación con el administrado.

Se trata de una realidad donde no es posible realizar acciones contundentes ni canalizar adecuadamente las energías acumuladas por una sociedad y una economía que son bastante dinámicas.

En este contexto, la capacidad negociadora es indispensable para lograr acuerdos que, a su vez, son la única vía para ejecutar las reformas que el país requiere. Algo distinto al «nadadito de perro» que caracteriza las pequeñas transformaciones de los últimos tiempos.

Siguiendo con la fábula, el problema de lograr en Costa Rica acuerdos como los que el pais requiere es el siguiente. Como la carreta no camina al ritmo necesario, el boyero podría hartarse y darle cincha a los bueyes. Sí, pero no tiene cincha y además hay un policía (la Sala IV) que lo vigila y se lo impide. ¿Los bueyes podrían ser más responsables? Sí, pero cada vez que se plantea el tema, el buey derecho pide que comience el izquierdo, y el izquierdo dice ¿por qué a mí? Ambos saben que el boyero siempre tratará de «convencerlos» dándoles ventajas «de a callado» , sin que el otro se entere. Es algo que funcionó en el pasado, pero los bueyes entendieron el truco y lo manipulan a su favor.

El boyero de la fábula sería el Presidente y su gabinete, el Poder Ejecutivo. Los bueyes son, por un lado, el entramado de sindicatos y organizaciones sociales afines; y por el otro, el gran empresariado, que también incluye a muchas cooperativas. No hablo de los pequeños y medianos empresarios, que junto con los profesionales liberales, los empleados públicos que no pertenecen a la aristocracia del sector público, y la clase media en general, son los que acaban pagando las cuentas.

Costa Rica necesita una buena reforma, y si no entendemos que esta no será posible si no es entre todos y de manera pareja, se va a podrir el café, y el boyero y los bueyes, que no les dije antes pero están encadenados a la carreta, morirán poco a poco.

¿Hay salida? Sí, pero el dueño del café no ha sabido pedirla.

 

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