Fernando Ferraro: Por un patriotismo cosmopolita, constitucional e integrador

El liberacionismo debe ser un proyecto abierto y aglutinador.

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Fernando Ferraro Castro, Abogado.

Creo que este escándalo de la Upad es el catalizador que puede acabar con la viabilidad electoral del PAC en el 2022 (Yo no doy por derrotada a esa amalgama flexible que aprovecha al PAC como vehículo electoral). El escándalo de la Upad se suma a factores anteriores que han revelado poco a poco el fariseísmo y la ineptitud politica y administrativa de un PAC que logró en el pasado la confianza y el beneficio de la duda de la opinión pública.

Qué partido puede beneficiarse de esto es una pregunta de difícil respuesta, para la cual los liberacionistas más fiebres tendrán respuestas previsibles que llevan seis años fallando. El PLN sigue siendo el carro de mayor cilindrada en la pista, pero eso no garantiza nada en el ámbito electoral de las presidenciales. Sin embargo, probablemente SÍ significa que si en el PLN se aborda la Política de otra forma, habría una buena posibilidad de éxito en el 2022. Parece una obviedad decirlo, pero NO lo es en un partido alérgico a la autocrítica, no solo por su autosuficiencia y consecuente desconexión de la opinión pública (las explicaciones de sus derrotas siempre son autocomplacientes) sino también porque no sabe ejercerla y la confunde con la destrucción del adversario interior.

Creo que sigue siendo posible “decodificar” la política costarricense en “liberacionismo” y “antiliberacionismo”. Sin embargo, cada concepto ha evolucionado en su contenido y expresión, y no basta agitar una bandera verdiblanca para atraer a los primeros. Todo esto me parece considerable, porque el PAC está agotando 8 años (lleva 6) de antiliberacionismo, pero como dije, despertar y cohesionar al “liberacionismo” ya no depende de evocar a don Pepe, cantar el corrido y pintarse de verde y blanco. Se necesita un enfoque muy diferente.

El PLN debería ser capaz de hablarle a la gente común recordándoles que todos somos parte de un proyecto que eclosionó en 1821, y del cual somos deudores de la próximas generaciones. El partido debe ser el vehículo de ese proyecto común, y por lo tanto debe ser capaz de hablarle a socialdemócratas, a socialcristianos, a liberales y a conservadores, a empresarios, a asalariados públicos y privados, a profesionales, a sindicalistas, solidaristas cooperativistas, ambientalistas, mujeres y hombres desde eso que es común a todos, y nos puede unir de cara al futuro.

Si el pasado nos divide y el presente nos enfrenta, el PLN debe entenderse a sí mismo como la plataforma de convergencia que nos reúna a todos por encima de las siglas. El PLN debe ser la coalición de la que se habla, por su oferta, por su proyecto y no simple y tontamente porque se ofrece “a ganar o a sacar al PAC” Esto demanda generosidad, pero sobre todo entender que si antes no se ganan mentes y corazones, no se ganan después los votos.

Así, el liberacionismo debe ser un proyecto abierto y aglutinador. ¿Cuál es la idea que podría materializar esto? Un patriotismo cosmopolita, constitucional, integrador, ambientalista y por supuesto demócrata, que identifique el hilo conductor que hay desde la independencia hasta hoy, y desde el cual se promueva la mayoría capaz de devolverle al país, liderazgo, trabajo y seguridad. Una mayoría que no se basa en la militancia ni en la disciplina de partido, sino en la capacidad de atraer la atención de millones de particulares, con vidas privadas e intereses propios y comunales, a los que nadie les ha dicho que el país donde viven es también su hogar común. Suena a cháchara, pero es un enfoque tan viejo como nuevo que puede ser útil.

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