Fernando Ferraro: Vigencia del Liberacionismo

Cualquiera que ponga atención al debate público con un mínimo de justeza, admitirá que si los liberacionistas pecamos a veces de auto suficiencia y exceso de confianza, somos al mismo tiempo hipercríticos con nosotros mismos, al punto de que muchas veces hemos dado pie a que se menosprecien como disputas personales, lo que en realidad son polémicas normales en un partido de la trayectoria y dimensiones del PLN

0

Fernando Ferraro Castro, Abogado.

Recuperar la capacidad de transformar el país, que no es lo mismo que el apuro por tratar los efectos inmediatos de problemas públicos acuciantes, demanda reivindicar los partidos políticos y su papel en la democracia representativa. No es teoría. Es un paso necesario para superar la casi parálisis del presente.

Nuestra vida está amenazada por los estragos sanitarios, económicos y sociales de la pandemia, pero también por las consecuencias de una actitud anti política que dificulta entender las necesidades y posibilidades del país, así como la selección e implementación de acciones estratégicas.

Obviamente, los partidos incurrieron en errores y excesos que alimentaron el vendaval de la anti política, pero ese es un tema muy discutido, que no pretendo reciclar.

Prefiero insistir en que si el primer problema de Costa Rica, ese del que depende la solución de todos los demás, es político, es entonces indispensable revalorizar los partidos. Algo que no será posible si no se hace desde adentro de cada uno de ellos.

Pues bien, el pasado 12 de octubre el Partido Liberación Nacional cumplió 69 años de fundado; y aunque no se trata de uno de esos aniversarios emblemáticos, la coyuntura por la que atraviesa el país le da un significado especial, cuya comprensión demanda algunas consideraciones previas.

Cualquiera que ponga atención al debate público con un mínimo de justeza, admitirá que si los liberacionistas hemos pecado a veces de auto suficiencia y exceso de confianza, somos al mismo tiempo hipercríticos con nosotros mismos, al punto de que muchas veces hemos dado pie a que se descarten como disputas personales, lo que en realidad son polémicas  de mayor calado, normales en un partido de la trayectoria y dimensiones del PLN; y peor, más de una vez hemos sido la fuente de las simplificaciones con las que se pretende descalificar la obra liberacionista.

La verdad es que no hay política sin conflicto, incluso y especialmente en democracia. Lo que es digno de resaltar, sin embargo, es que junto a esa conflictividad interna del PLN, hay también una resiliencia probada en las situaciones más difíciles. De hecho, y para poner un ejemplo de lo que digo, estoy convencido de que ese fenómeno caracterizado por liberacionistas que se fueron del Partido en medio de grandes y sonoras críticas, y que compitieron contra él, para luego reconciliarse, volver e incluso representarlo electoralmente, lejos de demostrar decadencia, es una prueba de la vigencia del Liberacionismo. Un vigor de donde surge una responsabilidad de primera importancia en la coyuntura actual, la cual no solo está marcada por la pandemia y la crisis que ya arrastrábamos, sino también por la futura celebración del Bicentenario. Una fecha que debería enmarcar la discusión sobre el futuro costarricense.

No pretendo con estas palabras disimular el desgaste del partido. Lo que digo es que sus males son superables, y que es infinitamente más importante y necesario lo que puede ofrecer el Liberacionismo en materia de soluciones para el presente y oportunidades para el futuro.

No debemos menospreciar tampoco el hecho de que desde que volvió a la oposición, y durante el tiempo en que ha debido encajar dos derrotas presidenciales seguidas, el PLN ha actuado con madurez. Lo demuestra, por ejemplo, la conducta responsable y serena que ha mantenido como oposición en estas dos administraciones del Partido Acción Ciudadana. Lo ha hecho, a pesar de la comprensible tentación de devolver los golpes, ejerciendo el mismo filibusterismo que padecieron sus últimos gobiernos. De hecho, lo que muchos críticos menosprecian como una demostración de colaboracionismo, es por el contrario producto de su sentido de Estado y de la consecuente voluntad de sostener la gobernabilidad del país. Así, cuando debió apoyar males necesarios para evitar alternativas peores, como sucedió con el Plan Fiscal, el predecible costo político de tal decisión, no distrajo a la fracción liberacionista de honrar su deber.

No espero que esta reflexión se asuma fácilmente fuera del Liberacionismo. La animosidad de la opinión pública es grande y se mantiene agitada por todo tipo de generalizaciones simplistas, que no reparten bien las responsabilidades en una serie de males que nos afectan en la actualidad.

Dicho esto, el aniversario del PLN cobra un sentido especial. La posibilidad de superar el estado de confusión y parálisis que padece Costa Rica, en buena parte depende de que el Liberacionismo asuma, desde su diversidad interior, un papel activo y constructivo, ya no simplemente como el mayor partido de la oposición, sino como portador del proyecto necesario para superar la pandemia y dar un sentido histórico al Bicentenario.

En el seno del Partido debemos entender que los conflictos son naturales e incluso necesarios para la buena salud de la democracia, siempre que se conduzcan con respeto y pensando en lograr soluciones para los problemas públicos y mejores oportunidades para los costarricenses. Esto es lo verdaderamente útil, mientras que tratar de disimularlos es como ignorar una gangrena. Para un partido que ha cumplido 69 años a lo largo de los cuales el país y el mundo han cambiado varias veces, y que ha gobernado en 9 ocasiones desde su fundación, es inevitable albergar una diversidad de perspectivas, enfoques e interpretaciones, con toda la carga de conflictividad que esto conlleva. Precisamente, lo que caracteriza al PLN y explica su permanencia y protagonismo a lo largo del tiempo, no es ni la uniformidad ni la homogeneidad, sino la capacidad de actuar desde la ebullición de intereses, percepciones y planteamientos que le caracterizan, con base en un “know how” adquirido a lo largo de décadas y sometido a prueba permanentemente.

Dos, y como causa y efecto de lo anterior, los liberacionistas debemos entender que hay una vida que cultivar más allá de la actividad electoral y de las aspiraciones que la impulsan. Es así, aun reconociendo que estas son tan naturales como inherentes a la política e indispensables para su renovación, y lo digo además, sin perjuicio de los grupos de liberacionistas que por su cuenta y a título personal discuten y hacen planteamientos.

Precisamente esto último es fundamental, porque evidencia junto a otros hechos, que el Partido cuenta con personas preparadas y experimentadas en todos los niveles y campos relevantes para hacer frente a la emergencia que estamos viviendo.

Por lo tanto, es indispensable que, sin perjuicio de su diversidad, mejor aún, reivindicándola, el Partido Liberación Nacional reconozca su potencial creativo y sea capaz de realizar un esfuerzo pedagógico, mostrándose ante la opinión pública como una organización que piensa y propone como lo hacía en los tiempos de su fundación. Una época en la que fue capaz de superar las expectativas modestas y predecibles de un país pequeño y pobre, para impulsar en medio de una predecible conflictivdad, políticas de desarrollo audaces y no siempre bien comprendidas.

COVID-19
Suscribase COVID-19

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Cargando...