Fernando Herrero: Notas sobre política económica ante el coronavirus

Estos son algunos de los desafíos y oportunidades que la crisis plantea; ojalá los enfrentemos bien y las aprovechemos para construir una sociedad mejor.

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Fernando Herrero Acosta, Economista.

La crisis sanitaria nos proporcionó algo que hace mucho no teníamos: un propósito común. La crisis económica que la acompaña y de la cual trataremos de salir tiene el riesgo de hacernos volver a un marco confrontativo. Puede enfrentarse de dos maneras: se consolidan tendencias que ya venían de antes, como la desigualdad económica, el individualismo exacerbado, la desconfianza interpersonal y el debilitamiento de la institucionalidad y el régimen democrático; o nos planteamos nuevos caminos para construir una sociedad mejor. Este artículo busca contribuir a caminar en la segunda dirección.

1. Una crisis sin precedente. No sabemos cuándo se tomará suficiente control de la pandemia, ni en el mundo ni aquí. Tampoco sabemos cómo ni cuándo se reactivará la economía mundial, de la cual dependemos. Peor es el caso del turismo. Al problema local hay que sumar el probable contagio de los otros países centroamericanos, en lo sanitario y en lo económico. Es difícil especular, pero para pensar estratégicamente no debemos ubicarnos en escenarios optimistas, sino lo contrario.

2. Desafíos de corto plazo. Mientras, habrá que mantener un ingreso mínimo a una parte importante y quizás creciente de la población, mantener las capacidades productivas lo más intactas posibles mediante apoyos a las empresas y al empleo a través reducción en la jornada laboral y de apoyos específicos a las mipymes, acelerar los proyectos de inversión pública e incluso a través de la creación de estímulos adicionales (exoneraciones e incluso subsidios) a la inversión privada que se concrete en este período. Hemos de asegurarnos de que la crisis no se magnifique a través del contagio al sistema financiero, lo que supone restructurar muchas
deudas de forma ordenada, y el apoyo del gobierno y el Banco Central.

3. Financiamiento. Para financiar este esfuerzo hay que recurrir a una movilización gigantesca de recursos externos e internos (alrededor de 20% del PIB en los países desarrollados).

a. En el frente externo, la elevada deuda del gobierno central es un obstáculo, unida a la demanda creciente de recursos por parte de todos los países del mundo, que además podría llevar a crisis de pagos por parte de muchos. Si esto ocurriese, nuestro acceso a los mercados internacionales se restringiría, en especial si no hemos tomado medidas internas para cumplir con nuestros compromisos con el resto del mundo. Los organismos internacionales tienen que contribuir para que este riesgo no se concrete, el aporte y la reorganización de recursos ya asignados debe ser significativa, y pero igual que con la pandemia, a nosotros nos toca hacer el trabajo doméstico.
b. En el frente interno, dada la pobreza del gobierno central,

i. habrá que movilizar los recursos del resto de las instituciones públicas (por ejemplo, las utilidades acumuladas de las empresas públicas, incluidos los bancos y la aseguradora, entre otros) y redirigirlos hacia las transferencias a las personas y el apoyo a empresas y entidades financieras.
ii. También podrían reforzarse las instituciones que lo requieran a través del traslado horizontal de funcionarios y otros recursos, de manera temporal o permanente, con o sin el financiamiento por parte de las entidades de origen. Ante la crisis, más que un exceso de funcionarios, tenemos una mala asignación de ellos.
iii. Debemos además hacer ajustes en los impuestos, para responder de manera solidaria ante la emergencia y para asegurar a los acreedores, internos y externos, que Costa Rica honrará sus deudas. Entre otras acciones:

• Conviene replantear la idea de devolver el IVA a los grupos de menores ingresos y a los desempleados, como se ha discutido en varias oportunidades. Esto haría más progresivo el IVA y permitiría aumentar el ingreso tributario.
• Una contribución solidaria, superpuesta al ISR (se ha hecho en el pasado) permitiría ingresos adicionales, sin concentrarse (como han propuesto algunos) en una fuente particular como los salarios públicos, que no reflejan adecuadamente la capacidad de pago. Este impuesto, debería mantenerse hasta que la deuda pública sea inferior a determinado porcentaje (50%?) del PIB. Esto dará confianza a los inversionistas de que cumpliremos nuestros compromisos.
• Dirigir el diferencial de precios de los combustibles hacia la atención de la emergencia, como propusimos hace algunas semanas y el gobierno aceptó, dará algunos recursos temporales, en especial si se hace pronto.

No sabemos hasta donde estas permitirán contener el aumento y dar sostenibilidad a la deuda pública, pero se podrán afinar conforme se precise el costo.

4. La política monetaria también está llamada a jugar un papel estratégico, durante la crisis y en la reactivación. Los instrumentos utilizados hasta ahora (como la tasa de política monetaria o los encajes) no son muy poderosos y son de carácter general, como debe ser en tiempos de paz. La flexibilización de normas en CONASSIF, para que se pueda renegociar las deudas, enfrenta correctamente un problema sistémico causado por la crisis, que no tiene origen individual. Con mucha prudencia, sin embargo, hay que reconocer que la obsesión con la inflación ha sido probablemente exagerada por muchos años y que el desempleo ya estaba alto antes de la crisis. Estos factores, unidos a la alta disponibilidad de reservas internacionales y la elevada credibilidad del Banco Central, abren la posibilidad de tener una política monetaria más activa, que incluso pueda dar crédito al gobierno para las transferencias que tiene que hacer, o a otras entidades financieras para programas críticos (como se hizo con la devolución del FCL). Es posible que se reduzcan un tanto las reservas y que el tipo de cambio se deprecie más, pero ese no es un resultado indeseable: protegería las reservas, favorecería las exportaciones y el turismo, e incluso estimularía los sustitutos de importaciones.

5. El gran desafío: solidaridad y lucha distributiva. Pero lo más importante es enfrentar el impacto y la lucha distributiva que ya son evidentes. En este proceso se define la Costa Rica del futuro. Dado que no hay grupos organizados con capacidad para defender los intereses “de la mitad para abajo”, dichos grupos podrían salir perdiendo en estas luchas y generarse un desorden social que no beneficiaría a nadie y no se sabe dónde terminaría (delincuencia, xenofobia, protestas sin dirección o con dirección autoritaria, entre otros). Es uno de los riesgos que se corren en todos los países, y el nuestro no es excepción. Quienes tenemos la suerte de estar “de la mitad para arriba” tenemos la oportunidad de impedir ese deterioro, por solidaridad con los demás, o al menos por interés propio. Preocupa que algunos grupos de presión no estén viendo más allá de sus narices, pero hay la posibilidad de aprovechar la sensación (temporal) de unidad nacional que produce la crisis sanitaria para impulsar transformaciones orientadas al bienestar general y al de los que se encuentran más amenazados:

a. El área más crítica es la educación. Todavía estamos pagando el costo de la crisis de los ochenta, cuando muchas personas tuvieron que dejar de estudiar para sobrevivir. Ahora la desigualdad se está profundizando, entre otros factores, con un grupo que continúa recibiendo educación, por Internet y computadora, y otro que está a la espera. Hay muchísimas tecnologías disponibles para retomar el acceso a la educación de todas las personas.
b. Otras acciones que podrían ejecutarse ya son el acceso universal a la Internet y al equipo de cómputo necesario para aprovecharla ( un derecho humano y que al menos ahora debería ser gratuito para las mayorías), eliminar restricciones a la competencia en bienes estratégicos de consumo, y mejorar la calidad y el precio de los servicios de transporte público. Si aceleramos estos elementos, mejorarían en un plazo relativamente corto las condiciones de vida de la gente en medio de la crisis.

Estos son algunos de los desafíos y oportunidades que la crisis plantea; ojalá los enfrentemos bien y las aprovechemos para construir una sociedad mejor.

 

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Fernando Herrero Acosta, es economista, académico, investigador, consultor internacional; fue Viceministro de Planificación, Ministro de Hacienda en dos ocasiones y también ha sido Regulador General en la Autoridad Reguladora de los Servicios Públicos.

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