Fernando Rudín: de la ingeniería a las artes plásticas

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Fernando Rudín Vega, ha transitado en el mundo de los números, fue un destacado estudiante de ingeniería, ejerciendo esa profesión durante varios años. Reveló su veta artística humanista como aficionado al piano y, años más tarde, decidió enfocarse en las artes plásticas.

Ha desarrollado una interesante obra en este campo y ha participado en varias exposiciones. El interés fundamental de La Revista reside en exponer su trabajo así como el de muchos artistas costarricenses que por motivos diversos han tenido poca divulgación. Con ese fin, dejamos que él nos cuenta sobre su trayectoria y sobre lo que está haciendo ahora. Nos dice Rudín:

“Empiezo por el principio. El interés por el arte se desarrolla casi siempre desde que somos niños.

Así la exploración de la historia del arte fue de interés desde muy temprana edad, porque mi mamá tenía un álbum de imágenes de los grandes artistas de la historia; era como como su libro de consulta. Yo desde chiquillo pintada con lo que llamábamos pinturas de agua, verdaderas acuarelas; y esculpía en los jabones de barra que se usaban en el laboratorio, para desesperación de mi mamá.

En el colegio, el profesor de artes plásticas me sugería que siguiera la carrera de Bellas Artes.  Sin embargo supongo que por inseguridad económica estudié ingeniería civil, lo que me fue muy grato porque me gustaba mucho. Sin embargo, el ejercicio de la profesión no fue una experiencia tan grata como el estudio. Posiblemente porque tenía un interés  científico me gustaba más la parte hidráulica,  la hidrología de la disciplina,  y no las cosas más concretas como la construcción o el diseño de estructuras.”

Rudín confiesa su afición por la música, la cual despertó de niño, empezando a estudiar piano cuando tenía como 14 años, sin embargo cuando llegó el momento de decidir qué hacer, se fue por la ingeniería, profesión que ejerció por varios años.

“Después de haber estado fuera del país algunos años, me puse a trabajar seriamente en la ingeniería, pero sin que me abandonara el gusanillo de las artes plásticas. Cerca de donde yo vivía descubrí que había una facultad de Bellas Artes de una universidad privada. 

Empecé a llevar talleres  y talleres por la noche y cuando me di cuenta me faltaban prácticamente unos cuantos cursos teóricos para completar mi formación. Saqué el bachillerato en Bellas Artes cuando la empresa constructora en la que yo trabajaba cerró.”

En esa coyuntura personal acabó por enfocarse a las artes plásticas, trabajando en su taller y abriéndose espacio en ferias de arte y exposiciones colectivas.

“En algún momento, me ofrecieron dar un taller de acuarela en una empresa que comercializaba artículos de arte, y desde hace algunos años doy clases de acuarela.

Soy parte de la Asociación Costarricense de Artistas Visuales. Con ellos participo en exposiciones colectivas, exposiciones colectivas temáticas como una de animalística en la cual obtuve un galardón con un grabado. También hubo una sobre bodegones y exposiciones individuales, aparte de la exposición individual de rigor para graduarse  del CUC de Cartago hecha ex profeso con elementos arquitectónicos de Cartago de pisos de fachadas que me llamaron la atención.

Luego hace un par de años junto con Juan Diego Roldán, programamos una exposición en el Centro Cultural que se llamó Umbral de Salida, cuya idea original era la expulsión del paraíso.

Yo trabajo mucho mi obra desde el punto de vista de la nostalgia, de lo que ya no está o de lo que está en peligro de extinción,  como podrían ser los elementos arquitectónicos de fachadas mencionados, o Inclusive la misma naturaleza. Entonces la expulsión del paraíso en un principio se piensa como un castigo, pero yo no quería enfocar el punto de vista de la culpabilidad sino el de la invitación a echar a andar.

Algo similar a cuando  uno está muy cómodo en un lugar y de pronto, por circunstancias de la vida o por lo que sea, te presentan un portal que tenés que cruzar. Así es como termino utilizando elementos de  relatos bíblicos. Por ejemplo,  la figura de Caín quien después de matar a su hermano tuvo que abandonar su país y abandonar su tierra para a establecerse como emigrante en  una zona peligrosa, por lo que le pide a Dios que le ponga una señal en la frente que lo proteja y no lo maten».

Rudín dice que él no hace grabado, sino  que hace estampa, porque abandonó el proceso de reproducir una imagen varias veces. Lo que trata ahora es dar la impresión de obras únicas por lo que mezcla varias técnicas.

“Trabajo sobre todo la talla en madera que imprimo sobre pelón como soporte. Las uso como módulos, como sellos. No hago la talla completa de la obra sino que utilizó mis tallas como sectores de la misma que quedan, y que van interviniendo. Luego utilizo la impresión del trazo que se traslada de la tinta imprimiendo por detrás del grabado y por su anverso. También utilizo la transferencia de imágenes fotográficas por medio de fotocopias de fotografías que tomo y que intervengo usando tinta y pintura acrílica. 

“Para este año, aparte del salón anual y de las exposiciones colectivas que se puedan presentar, estoy trabajando en una exposición colectiva con artistas amigos que vamos realizar en el INA y que se presentará el año entrante y cuya temática será el bosque.  También ha quedado pendiente una exposición individual que tuve que suspender y que se quedará para ser presentada el próximo año en el restaurante Silvestre en Barrio Amón. Será parte de la  exposición de “umbral de salida”. Se trata de exposiciones de fecha obligada, en el sentido de que son exposiciones colectivas relacionadas con la memoria urbana que se realizan en el TEC en Barrio Amón todos los años.”

 

 

 

 

 

 

 

 

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