Flagellum Dei y la Nueva América

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Jorge Vilaplana, junio 2017.  La bancarrota ideológica y el partidismo tanto republicano como demócrata, le abrió las puertas a Donald Trump.  Un gran segmento silencioso de la sociedad, relegado, abusado y olvidado por las políticas de los últimos 25 años fue canalizado y cultivado por él.  Ese resentimiento al orden establecido sigue vivo, aunque la idea hueca de una América que fue no sea reversible.  La retórica, sin embargo, continúa vendiéndose, y lo que es peor aún, continúa comprándose.

No es difícil establecer los paralelos en Atila el Huno y Trump.  Ambas figuras se asocian con

  • Poder absoluto
  • Lealtad inquebrantable de sus seguidores
  • Destrucción a su paso
  • Barbarismo extremo

El Sistema de gobierno norteamericano, tradicionalmente caracterizado por balance entre los tres ámbitos de Poder: Ejecutivo, Judicial y Legislativo está siendo puesto a prueba por una presidencia absolutista que considera no estar sujeta a ninguna restricción ni obligación de rendir cuentas o decir la verdad.  No hay interés en siquiera mantener las apariencias.  Más aún, la Oficina Gubernamental de Ética ha manifestado su preocupación acerca de posibles conflictos de interés de altos funcionarios de la Casa Blanca y ha sido ignorada.

Bajo el pretexto de cumplir con promesas de campaña, racionales o no, viables o no, la administración Trump continúa atropellando y desmantelando oficinas de gobierno que no estén alineadas con sus intereses tales como el EPA y el conjunto de agencias de inteligencia.  Ha despachado sin justificación aparente, aparte de la de intentar protegerse personalmente, al director del FBI, quien le sirviera en bandeja de plata la presidencia al revivir la investigación de los emails de Hillary Clinton días antes de la elección.

Más de la mitad de los altos puestos gubernamentales que requieren aprobación del Congreso siguen vacíos.  Y no se vislumbra en el corto plazo una política económica o internacional que provea claridad de dirección.  Un “showcito” en una planta de Honeywell, proyectando la defensa del empleado Americano no es más que eso.  La economía continua anémica a través de cualquier indicador con que se mire.  El señor Trump, “Azote de Dios”, está ciego ante la realidad inevitable de que la añorada América de su discurso ya no existe, ha sido consumida por un proceso irreversible de cambio tecnológico y globalización.  El mundo se ha vuelto plano, tal y como lo afirma el autor y periodista Thomas Friedman.

El continuo flujo de discordia, torpeza, y novatada que emana de la Casa Blanca casi diariamente tiene la gente pensante del país y, peor aún, a la comunidad internacional confundidos.  La incoherencia del discurso y su enfoque transaccional, totalmente carente de contenido ideológico y visión a largo plazo, revela una naturaleza mercenaria e inmediata, por encima de toda lógica o sentido común.

Su reciente retiro del Acuerdo de París es injustificable desde cualquier punto de vista.  Tanto gobernaciones, municipios, y empresarios comprenden el alcance nefasto de tal posición y se han manifestado en contra.  El pretexto de negociar un mejor acuerdo, sigue sonando tan vacío e irrealista como el torpe intento de renegociar el Tratado con Irán o NAFTA.  Erróneamente, los cambios climáticos están siendo asociados con una posición liberal y los conservadores se encierran en su oposición, olvidando que tan solo escasos ocho años atrás, el candidato republicano John McCain había incluido la protección ambiental y el calentamiento global como parte de su plataforma presidencial.

A pesar de sus tropiezos, la administración Obama mantenía un bosquejo de liderazgo internacional.  La administración Trump ha “prendido fuego al rancho” y ha abierto el paso para que otras naciones asuman nuevos roles y redefinan el orden mundial de los próximos años.

Como dirían en el terruño, que “Dios no coja confesados…”, ya que el diablo anda suelto.

Jorge Vilaplana
Consultor internacional y Comentarista

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