Las nueve musas, hijas de Zeus y de Mnemosine, eran consideradas diosas de las artes y vivían en el monte Helicón. En su condición de inspiradoras, eran invocadas por los artistas para que les proporcionaran iluminación.
«Una vez mientras miraba el cielo pensé que solamente necesitaba una mancha que me inspirara, así empezó todo» (Alvarado Abella, 1999)

Francisco Alvarado Abella (1929-2001) fue un artista creativo, con una profusa producción y un maestro amante del arte y la vida. Aunque su vasta obra exhibe una gran variedad temática, nos permitiremos recorrer en este texto, uno de sus temas predilectos a lo largo de más de cuatro décadas.
Siempre activo, con un toque de humor presto a aflorar. Sus obras, sus pinturas, son para él esenciales; emprendiendo el trabajo con seriedad, con disciplina, pero, también, convirtiéndolo en un juego lúdico. No se puede mencionar a Francisco Alvarado sin hablar de pasión. Emprende con igual entusiasmo un cuadro, una decoración, un arreglo floral o logra con facilidad que sus alumnos se enamoren del arte creativo.
Aunque algunos lo consideran un pintor expresionista, su arte, en general, pensamos que está más cercano al lenguaje artístico simbólico y no a la angustia existencial. Lo real maravilloso se une en algunas de sus obras, que, realmente, son alegorías más ligadas al surrealismo, para poner de manifiesto que: «pinta con la imaginación inagotable y poética» como, en una ocasión, dijo de él Alberto Icaza.
En lo que sí podríamos estar de acuerdo es que, después de una época temprana expresionista, el artista se mueve hacia un expresionismo en el color, y, a su vez, en otra etapa, surge una pintura con una rica significación simbólica. Entonces, ¿por qué encasillarlo en un estilo pictórico, si su trabajo siempre ha mostrado la espontaneidad de no obedecer a movimientos, modas o tendencias específicas y de estar en constante ebullición?
Eros ligado a Naturalia
En un lapso de varias décadas, Francisco Alvarado crea obras con muy distintos recursos técnicos pero en las que plasma un tema recurrente, la Alegoría erótica. En esta confluyen, el cuerpo humano, que lo maravilla, la flora, y la fauna integrados de una manera muy orgánica. Las podemos ligar a lo surreal, entendido este término como el juego con lo inverosímil. En ellas, pone a prueba nuestra capacidad interpretativa, y nos preguntamos si nos las está planteando, a su vez, como un divertimento, ya que el artista confiesa que a él cuando pinta, le interesa gozar.
La fantasía no tiene límites para Francisco Alvarado. Transfigura mágicamente al ser humano y lo liga sensualmente a la naturaleza logrando pinturas de una gran riqueza, de gran belleza plástica y de una libertad absoluta.
Decía Goya que la fantasía aislada de la razón solo producía monstruos imposibles, pero que, unida a ella, en cambio, era la madre del Arte y fuente de sus deseos. Alvarado Abella constantemente nos lo recuerda y nos sorprende con ello.
En esta aventura existencial artística, el pintor está arraigado temáticamente al ser sensual; estas obras, a su vez, se podrían catalogar como metáforas de la tentación. Eros era el dios griego del deseo sexual y, además, era venerado como un dios de la fertilidad. En las diferentes leyendas griegas se le asigna ser hijo de muy variados padres, uno de los cuales fue céfiro o viento; desde la leyenda más temprana, se dice que Eros empolló nuestra raza e hizo que viéramos la luz.
Las representaciones eróticas muestran escenas de naturaleza sexual y han sido creadas por casi todas las civilizaciones, antiguas y modernas; sin embargo, la grafía ligada a este tema, que hace Alvarado Abella es, muy a menudo, sutil y la inquietante sensualidad se diluye en mágicas sugerencias erotizadas encubiertas entre flores, hojas de María o formas con apariencia híbrida. El pintor, con frecuencia, mimetiza el torso de tal manera que es casi imposible distinguirlo a simple vista. Este es uno de los recursos lúdicos que utiliza el artista; “juego con el simbolismo y no le tengo miedo a lo erótico”, acota en una oportunidad el artista.
La silueta femenina, la mezcla también, con una serie de elementos ya sean abstractos, simbólicos o figurativos y en algunas pinturas hace un juego visual antropo-zoomorfo en donde algún componente animal o de insecto como la mariposa, cobra simbolismo en la forma femenina.
En algunos casos, al pintar, el artista nos recuerda la alegoría de la creación. La manzana pendiendo de su estigma y, en primer plano de la obra, crea un juego visual: son caderas y, a la vez, genitalia femenina, o, la forma de un endocarpio pintado con una pintura brillante para que, al imitar la humedad, refleje y destaque en su interior, una pequeñísima semilla que asemeja a un embrión. Muy ligados a este tema están el de la concepción, y, a su vez, el de la conquista masculina. En ambos predominan las figuras de aves – pico – flor – huevo – óvalo – útero – ingle. Lo interesante y valioso es que logra establecer nuevos códigos de comunicación entre la imagen y el espectador y nos introduce, de alguna manera, a un mundo poético.
Desde la antigüedad existen incontables imágenes de símbolos sexuales relacionados con la fecundidad como las aves. El búho, al que Francisco Alvarado pinta en múltiples ocasiones, suele ser asociado, en la cultura maya se le consideraba signo de fertilidad.
No podemos concluir este tópico llamado Alegoría erótica y en el que se integran muy orgánicamente la flora, la fauna y las formas femeninas, sin relacionar esta temática y la del bodegón, ya que algunas de estas obras de desnudo se mezclan, se intercalan y se crea también una relación simbiótica entre los frutos y el cuerpo humano.
Asimismo, la floración puede ser abordada con realismo o puede ser reelaborada pictóricamente al cargarlas de erotismo, y, como las apariencias engañan y ahí, la magia del artista, en dos cuadros aparentemente parecidos, a menudo se halla un planteamiento diverso y, si se mira a fondo, se descubre otra intención. Mediante el motivo floral, Alvarado Abella parece descubrir sus propios vehículos de expresión, enriqueciendo la representación con variados estilos, gran variedad cromática e infinitos recursos experimentales.
Siempre activo, con un toque de humor presto a aflorar. Sus obras, sus pinturas, eran para él esenciales; emprendiendo el trabajo con seriedad, con disciplina, pero, también, convirtiéndolo en un juego lúdico, como en esta temática en la que Eros está íntimamente ligado a la Naturaleza.
Francisco Alvarado caminó por la vida pintando y buscando la esencia de lo que interpretaba.
De andar rápido.
Actitud, desenfadada.
Con una risa a flor de labios, nervioso, atento.
Con su sempiterna cola de caballo atada a la nuca, desafiante.
¿Fue Francisco Alvarado Abella un protegido de las musas? Tal vez. . .
Pero lo esencial es que, en su lucha por la libertad de creación, logró, además, que su pintura se convirtiera en un complemento espiritual como lo soñaba, ya que, sobre todas las cosas, su lealtad fue con su obra plástica y consigo mismo.
María E. Guardia Yglesias
La Nación, Áncora publicado en 2011.
Académica, Curadora e investigadora del arte costarricense
maria.guardia@ucr.ac.cr

