Francisco Barahona: veo más oscuros que claros en la realidad política del país

Por lo que hemos visto, pareciera que el actual Presidente tampoco tiene poder de decisión, puesto que casi después de un año de trabajar, da la impresión que los que toman decisiones, no son los integrantes de esta supuesta alianza de gobierno de “unidad nacional”, sino que más bien es un grupo de personas allegadas al actual Ministro de la Presidencia.

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Francisco Barahona Riera.

Politólogo, abogado y analista de la realidad sociopolítica nacional, así como de lo que acontece más allá de nuestras fronteras, brindó su atención -una vez más- a La Revista, del cual es asiduo colaborador.

En esta ocasión, hizo una recapitulación de hechos políticos, así como del trasfondo de los mismos, sus causas y consecuencias en la vida nacional.

El tema inicial fue preguntarle ¿quién manda en la Costa Rica actual? a lo que Barahona responde:

«Muy pocos y una buena mayoría de esos pocos, desde la oscuridad desde las penumbras. A las juventudes costarricense, desde las aulas, se acostumbra enseñarles que, en nuestro sistema republicano, democrático, de partidos políticos, la toma de decisiones queda en manos de los dirigentes de dichos partidos.

El problema consiste en que, o se ha reducido el liderazgo de las dirigencias políticas de los partidos políticos, con frecuencia con acusaciones de corrupción de la clase política, por lo cual el electorado ha venido perdiendo la motivación para votar como lo hacía antes, en tiempos del bipartidismo. O en que ahora lo mismo da votar por un partido tradicional que tiene unos10 años, o por uno completamente nuevo cómo pasó ahora en las últimas elecciones.

Existe una desorientación en cuanto a liderazgos partidistas. Se conocen contradicciones en el seno mismo de los partidos políticos, que a veces sostienen encarnizadas batallas, no siempre transparentes ni a la luz pública, pero que producen una especie de desvío de la toma decisiones. Esto por un lado, y por otro, se da  en Costa Rica lo que yo llamo, junto con otros analistas de nuestra realidad histórica nacional, una “aristocracia de latifundio”, que no es otra cosa que una  “aristocracia de la riqueza, de la industria, de las exportaciones del capital extranjero”, que con mucha frecuencia tiene más peso que los liderazgos formales de los partidos políticos, sean estos los que se ubican en la Asamblea Legislativa o en el Poder Ejecutivo.

Se puede por eso, afirmar que en Costa Rica ha existido tradicionalmente una especie de sombra, de la cual emana quién toma realmente las decisiones. Con relación a esto me remito al último incidente sobre acusaciones por acoso sexual formuladas en contra de Óscar Arias, quien se supone es uno de los líderes de reserva del Partido Liberación Nacional y, digamos, portador de una bandera internacional muy desplegada y cuya situación aún es indefinida.

Esta situación hace que los que han manejado en la sombra las decisiones fundamentales no hayan producido más transparencia sino, todo lo contrario, sigan teniendo poder. Son los sectores a los cuales, digamos, las dirigencias de facto consultan en secreto y en voz baja, en una cena, en una casa, por medio de  una llamada telefónica o en un encuentro casual.

Por lo general, esos sectores están ligados al ámbito económico, que en Costa Rica tiene una influencia decisiva. Sus dirigentes lo saben y se reservan sus opiniones para cosas fundamentales. Para aquellas que no afecten el estatus quo en el que llevamos décadas de manejarnos, y que se sabe, además, que los dirigentes políticos les van a consultar.»

Los reajustes de la historia nacional han producido importantes cambios en el modelo tradicional de hacer las cosas. Se habla de nuevas formas, como respuesta a la confusión y desgaste de la legitimidad institucional.

¿Qué tan cierto es esto y de que formas se estaría plasmando estos factores en la realidad nacional?

«El resultado de la combinación de factores hace que la responsabilidad que por Constitución se le asigna a un Presidente en ejercicio, puesto que ha ganado las elecciones o cuenta con una mayoría o con minorías pero con bastantes diputados y diputadas en la Asamblea Legislativa, sea ilusoria.

La gente ya no cree que las personas democráticamente electas sean las que verdaderamente toman decisiones en Costa Rica.

Y eso, sin tomar en cuenta las influencias externas internacionales, que también tienen peso específico, y cuya influencia no siempre se evidencia en consultas frente a la prensa o en reuniones de índole pública.

Estamos ante una confusión general: el país no tiene norte, no tiene brújula. Los liderazgos se han disminuido; al Presidente a veces lo esconden, o se esconde voluntaria o involuntariamente, cuando no justifica algunas de las decisiones que se toman. Al final, se da un gran desconcierto pues la gente no ve quien saque al país adelante mediante un liderazgo fuerte y aglutinante. No hablo de liderazgo mesiánico, sino de uno que, por lo menos, nos diga por aquí se va, y mediante estas vías son las motoras del gobierno.

Y es así que la política en Costa Rica ha culminado en un ausentismo de poder y de responsabilidad a la hora de gobernar. Los últimos dos presidentes del PAC, o mejor dicho los últimos tres, incluyendo a doña Laura Chinchilla, han sido mandatos presidenciales que nos quedaron debiendo muchas decisiones, y nos brindaron, a cambio, un sinnúmero de evasiones.

Claro ejemplo es la famosa “trocha fronteriza” con Nicaragua, paralela a Río San Juan, autorizada por doña Laura, y cuya resolución por parte del Ministerio Público hace poco no ha aclarado ni satisfecho a nadie. ¡Ausentismo y evasión! Obviamente quedó demostrado que se presentaron facturas falsas sobre viajes y materiales que nunca se depositaron, ni se compraron, o llegaron a utilizarse en a carretera. ¡Corrupción en materia de obra pública!

Don Luis Guillermo Solís nos regaló el famoso “cementazo”, que a estas alturas sigue navegando en las proverbiales aguas tibias costarricenses:  sólo hay una persona detenida y todos los demás inculpados están casi por la libre, gracias a medidas de tipo” casa por cárcel “o análogamente cautelares.»

Al inicio de la actual administración se habló de un Gobierno de “unidad nacional”, incorporando a varias figuras de diferentes partidos en el gabinete, puestos de dirección y diplomacia. Para el público,  la mayor visibilidad de esta alianza política es la presencia de militantes del PUSC en el Ministerio de la Presidencia y la cabeza completa del equipo económico. En estas últimas semanas se sabe de negociaciones entre el PAC y el PUSC para convenir posibles alianzas electorales en las próximas elecciones municipales.

¿Logró el presidente Alvarado conformar un Gobierno de “unidad nacional”, y qué peso político tiene el PUSC -partido más evidente en la gestión gubernamental-?

«Por lo que hemos visto, pareciera que el actual Presidente tampoco tiene poder de decisión, puesto que casi después de un año de trabajar, da la impresión que los que toman decisiones, no son los integrantes de esta supuesta alianza de gobierno de “unidad nacional”, sino que más bien es un grupo de personas allegadas al actual Ministro de la Presidencia; personas que acompañaron al señor Piza en su campaña electoral, y que le permiten cogobernar desde Zapote con el Presidente electo por el PAC.

La crisis social que se produjo con la huelga sindical anti reforma fiscal y empleo público, ha dejado repercusiones muy serias, que probablemente reactiven una efervescencia sindical y popular, quizá más virulenta, no digo violenta, pero sí más virulenta, no sólo porque la huelga fue un fracaso, en términos en que finalmente se aprobó el paquete fiscal. Muchos sectores quedaron muy lastimados.

El gobierno no aceptó ni una sola idea que las que plantearon los grupos sindicales; no aceptaron un diálogo que hubiese sido constructivo, pluralista, democrático. La mesa de negociación mediada por la Iglesia católica no llevó a nada. En realidad, se negaron a dialogar.

Los “derrotados” mantienen leña en el ojo, en el ojo los líderes sindicales, de los miles y miles de maestros y maestras, profesores, jueces y demás que participaron en este proceso. Ahora, el sector de educadores ya está anunciando huelga para defender los que llaman sus intereses laborales y sindicales.

Sumando lo anterior a la crisis económica actual, no es extraño que experimentemos un elevadísimo aumento en el número de personas que no consiguen trabajo, como lo indica el índice de desempleo que ya llega al 12.4% con este gobierno de Alvarado, algo inédito, como el crecimiento del sector informal según el último estudio del INEC.

Esta situación no presagia nada bueno en el campo social. Estoy seguro es que el país no seguirá esperando promesas incumplidas, sobre todo cuando se comprueba que la casa presidencial establece a la fuerza vías para la aplicación del paquete fiscal, la reducción del déficit, la reducción también sustantiva de la ejecución del presupuesto, y no se ve la reactivación económica.

En un plano más amplio vemos que toda la región está siendo sacudida negativamente por acontecimientos internacionales. Los grandes economistas del mundo están previendo un nuevo crack financiero internacional, el estallido de una nueva burbuja en el sistema bancario mundial, con consecuencias mucho más graves que las que tuvimos hace una década.

En el contexto de una Centroamérica complicada, con Nicaragua en efervescencia política a causa de la violación flagrante los Derechos Humanos, con una Venezuela sin rumbo, vamos de cara a una confusión donde no puedo ser muy optimista.

En esta realidad el gobierno tampoco pareciera estar dando las señales esperadas por el costarricense.»

En el marco político de la asamblea Legislativa, el partido oficialista está en franca minoría y su poder está limitado a la búsqueda de votos en otras bancadas para sacar adelante la agenda gubernamental. Algunos de los partidos de oposición han manifestado su voluntad de hacer una “oposición constructiva”, lo cual para muchos ha sido visto como cogobierno PAC-PUSC-PLN.

¿En qué medida la oposición ha estado haciendo juego político con el Gobierno para la aprobación de legislación y a la vez omisión de crítica y señalamiento de faltas políticas de la Administración Alvarado?

«Ya hemos hablado sobre el manejo tras bambalinas del poder en Costa Rica. Examinemos ahora la oposición política.

En tiempos recientes hemos visto a los partidos de oposición pasar de una oposición constructiva a una asociación con el gobierno. Hasta cuándo podrá funcionar este “modelo político” no lo sabemos:  no se ven agendas en los partidos, ni agenda en el gobierno al que le faltan tres años de gestión, y sabemos que el último año es prácticamente perdido por la lucha electoral.

Por otro lado, tenemos a un año, unas elecciones municipales que van a generar mucho ajetreo. ¿Qué irá a pasar? No tengo una bola de cristal para ver el futuro, pero por simple proyección sigo siendo pesimista como ya lo dije.

Entendamos que Liberación Nacional, la Unidad Social Cristiana y Acción Ciudadana, son partidos tradicionales. Este último va a tener ocho años en el poder cuando termine Carlos Alvarado, el actual Presidente.

Además de estos partidos, existen otros representados en la Asamblea Legislativa que se para Dios a verlos, en el buen sentido de la palabra. Restauración Nacional, que casi ganó las elecciones, obtuvo en la primera ronda una fracción de 14 diputados, que por luchas internas se divide, liderando a siete de ellos el ex candidato presidencial Fabricio Alvarado, y el resto sigue alineado con el diputado Carlos Avendaño.

Personas como estas, que jamás imaginaron llegar a una Asamblea Legislativa, han demostrado que unidos o no, manejan una agenda referida a la interpretación bíblica. Se desarrollan entonces dinámicas retroactivas, totalmente nuevas en una política costarricense que desde hacía años habían logrado reducir la presencia del mundo religioso en el ámbito público.

Hoy en día, esos dos partidos políticos, aunque uno de ellos se diga aconfesional, son partidos que defienden los intereses de los sectores religiosos conservadores, ligados por supuesto a los de un vicepresidente norteamericano que mantiene fuertes vinculaciones con el fundamentalismo religioso de su país. Es decir, con el temido Ku Klux Klan del sur Norteamericano, con las luchas contra la igualdad entre hombres y mujeres, y con un conservadurismo económico de viejo arraigo, que en la Costa Rica de hoy habíamos creído pertenecía a un pasado histórico.

De los partidos minoritarios solo hay dos o tres partidos políticos con fundamento ideológico, uno de ellos es el Frente Amplio, que disminuyó su presencia legislativa de ocho a un solo diputado. Otro es el PIN de Walter Muñoz, actualmente dividido.

Recientemente, el Presidente del Tribunal Supremo de Elecciones nos anuncia que hay un reverdecer de propuestas para inscribir una cantidad enorme de nuevos partidos políticos, sea para que participen directamente en las próximas elecciones municipales, o para participar en el próximo proceso electoral para la presidencia y las diputaciones.

Esto significa un incremento en la desorientación electoral, donde el elector tomará sus decisiones al margen de los partidos políticos, al margen de las estructuras tradicionales.  La iglesia católica, por ejemplo, que actuaba discretamente en política, y de la cual se dijo que era de inclinación ligeramente verde, de la línea de Liberación Nacional, con el paso del tiempo ha sido superada. La gente ahora toma sus propias decisiones, sin dejarse orientar por lo que diga el pater familias, el abuelo o el padre. Son las redes sociales y la propia experiencia vital los que van a determinar la propia identidad y orientación social.  Así el régimen de partidos políticos se debilita cada vez más y su futuro se instala en una franca crisis.

En estos momentos, no veo para el próximo proceso electoral la posibilidad siquiera de que haya tres o cuatro partidos políticos que se aliasen entre ellos, que lograsen establecer a través del diálogo un común denominador plasmado en un programa de gobierno, en un plan de acción a mediano o largo plazo. Pienso que imperarán los intereses personalistas dentro de los partidos, con la consabida presencia de los sectores no formales en la toma de decisiones.

El personalismo y el regionalismo, geográfico o identitario, se han entronizado en la política costarricense. Como ejemplos de ello resalta el que el tema del ataque a la Virgen de Los Ángeles, o el debate sobre el matrimonio gay o lésbico, tuvieran tan alto impacto en las elecciones de 2018.

Me pregunto ¿de dónde vino toda la plata para esa campaña millonaria? ¿Cuánta gente de Liberación y de la Unidad, y hasta del PAC finalmente, terminaron dándole el apoyo a Fabricio Alvarado? quien había sido periodista de sucesos que era diputado cuando lanzó su candidatura, persona sin formación política, sin experiencia de gobierno casi.

¿Qué factores de poder real intervinieron para que la gente y los medios de comunicación, engañados los unos y cegados los otros -pudieran tomar sus decisiones?

Lo que veo es una anarquía de voluntades generalizada, una decepción completa del elector. Mucha gente capaz, con liderazgo, formación y experiencia, se niega a participar en política, porque manifiesta no querer “ensuciarse las manos”, o porque realmente les embarga el desánimo y la sensación de impotencia ante la desmesura de los nuevos problemas que afrontamos.

Nuestra sociedad no ha estado inmune al crimen organizado. Temas como el lavado de dinero, el narcotráfico y los ajustes de cuentas entre pandillas, nos tienen preocupados a todos. Pareciera ser cada vez más claro que en Costa Rica que no estamos tan lejos de las experiencias colombiana y mexicana supuestamente ajenas a nuestra experiencia histórica.

Estoy sumamente preocupado. No quiero decir con esto que ya no hay esperanza para Costa Rica. Ni quiero negar que las nuevas generaciones deban crear nuevos movimientos políticos, o retomar la lucha por perfeccionar la democracia, ya que afortunadamente existe mucha gente honesta y tremendamente capaz.

Tengo la impresión general, como lo demuestran Venezuela y México, que el crimen organizado una vez entronizado en el poder es difícil de erradicar. En México se compraban gobernadores, jueces y políticos, se le han pasado millones al expresidente Nieto, se han favorecido los negocios de los narcotraficantes como el lavado de dólares y el giro de empresas vinculadas directamente a los carteles.

Si en determinado momento Nicaragua y Venezuela dejaran de ser útiles para el crimen organizado porque en esos países cambiaran el régimen o las autoridades, bien pueden los zares de la droga pensar en utilizar las ventajas de una Costa Rica vulnerable en temas de seguridad, e incapaz de mantener a raya la delincuencia.

Pero, digamos que se puede ser medianamente optimista, teniendo la convicción de que las nuevas generaciones puedan hacer más que las generaciones como la mía, que nos dormimos en su momento, y dejamos de actuar. Dimos un paso atrás en política y permitimos que personas no preparadas, de dudosa reputación y honradez, de formación política insuficiente, ocuparán espacios claves de dirección y decisión.

¡La profunda crisis que hoy se vive es sumamente dolorosa, pero no inesperada!»

El país tradicionalmente ha tenido una clara línea en su actuar diplomático, obviamente con los matices propios de cada administración. Al pasado y actual gobierno se les critica por actos de incoherencia, líneas erráticas y hasta contradictorias en el manejo de la política exterior y pérdida de protagonismo e iniciativas en los foros internacionales, donde nuestras representaciones han ido en paulatina retirada.

¿Cuál es su opinión al respecto y qué implicaciones tiene el acertado o no, manejo de la política exterior para Costa Rica?

«Entre los temas centrales de nuestra política exterior, cabe destacar los casos de Nicaragua y Venezuela. Recordemos la participación de Costa Rica en el Grupo de Lima, mediador ante la crisis de Venezuela. En este seno la participación del país estuvo a cargo de un funcionario de la Embajada de Costa Rica en Colombia, a diferencia del resto de países que enviaron a sus cancilleres o funcionarios de alto rango.

La anterior Canciller actuó de manera contradictoria e inexplicable, haciendo viajes a países productores de petróleo, desatendiendo los temas regionales y administrativos, lo cual y después de un fracaso absoluto, la obligó a renunciar y a nombrar a un personaje a quien quiero mucho. Se trata de don Manuel Ventura, compañero en la facultad de derecho, y ex Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos con sede aquí en San José.

Manuel Ventura, un hombre de valores propios, de currículum probado, de compromiso, poseedor de conocimientos relacionados con los Derechos Humanos, pero sin cultura política, sin liderazgo político, o experiencia diplomática. Como buen burócrata fue un buen juez, determinante y decisivo en sus decisiones a favor de los Derechos Humanos y sus víctimas. Pero la ausencia de experiencia política puede salir muy cara para el país.

Es el caso del nobel presidente Carlos Alvarado sentimos que de política exterior conoce muy poco, no sólo por su edad sino porque su experiencia se centra en el campo de la lucha contra la pobreza, en el IMAS y después en el Ministerio de Trabajo. Específicamente creo que presenta vacíos y una especie de incoherencia visionaria.

Su canciller, don Manuel Ventura, no creo que esté en capacidad de hacer sugerencias de fondo al Presidente, ni plantearle estrategias a mediano o corto plazo, ni tampoco en lo personal, de ir adquiriendo un liderazgo propio dentro de la burocracia de la Cancillería.

Ventura se ha manifestado en la prensa sobre actos que no explica, que son actuaciones decididas por el Presidente a manera de instrucciones recibidas.  Por eso, no asistimos a la reunión del Grupo de Lima que se produjo en México; adujo que como estaba apenas retomando la Cancillería, no había tenido tiempo para poder resolver asuntos internos y prepararse para representar al país.

Esto no es justificable, teniendo en consideración que la Cancillería cuanta desde décadas con funcionarios que han permitido dar continuidad a la actividad diplomática, que no se suspende por cambios de jerarquía en el servicio exterior. En cambio, el Presidente decide no enviar a nadie de peso y nuestra diplomacia se ve debilitada. Se perdió la valiosa oportunidad de haber tomado una posición de liderazgo frente a la crisis venezolana.

El manejo de la Cancillería durante este primer año de la administración Alvarado, no augura coherencia en la política exterior costarricense. Me parece que una buena parte del equipo de funcionarios de la cancillería está ahí defendiendo sus privilegios, su carrera diplomática. No existe unidad de criterio o dirección en cuanto a política exterior, ya que los grupos internos de poder existentes se confrontan y entorpecen cualquier labor de orientación común.  Aquello puede llegar a parecer cualquier cosa menos que un Ministerio de Relaciones Exteriores compacto. Los intereses personales y políticos, así como la falta de un claro liderazgo llevan a posiciones absolutamente contradictorios, que dominan el quehacer cotidiano los hechos lo confirman.

Si no todos, una buena parte funciona con esa errónea lógica, de ahí que el Presidente tampoco pueda esperar recibir gran asesoría y planes alternativos. Esto lo hace un Presidente mucho más permeable a elementos e información que le puedan llegar y uno no sabe por donde escucha y tomará decisiones. La ausencia de un análisis histórico ponderado, de un conjunto de alternativas y el deseo de replanteo real del servicio exterior, podría acercarnos a cómo funciona realmente un servicio exterior en otras partes del mundo.

Y no olvidemos que, además, nos ha tocado vernos enfrentados las cancillerías de Venezuela, Nicaragua y Cuba, que cuentan con excelentes recursos humanos y logísticos. La experiencia de Cuba tras 60 años de supervivencia en aguas internacionales turbulentas de algo habrá servido a estos países que cuentan la asesoría de dicho país.

Por otro lado, tenemos una cancillería como Itamaraty en Brasil que después de los Estados Unidos y un poco la canadiense, es una las mejores cancillerías del continente Americano, panoramas ante los cuales obviamente quedamos en franco déficit.

Por el panorama general descrito me siento, en general, pesimista.  No veo que don Carlos Alvarado vaya a brillar por planteamientos o soluciones suficientes para capear la crisis económica, para poder activar la economía del país y para mantener ese prestigio nuestro tan bien ganado, tan bien adquirido por generaciones anteriores de nuestra diplomacia.

En suma, la dinámica Zapote-Casa Amarilla deja mucho que desear. ¡Lástima, porque por parentesco cromático deberían armonizar muy bien!

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