Francisco Barrientos B.

En reiteradas ocasiones, he escuchado decir al señor presidente Rodrigo Chaves: “Pues mire usted, ¡yo duermo como un angelito!”

Enterarnos que nuestro presidente duerme bien podría tomarse por buena noticia, sobre todo por las escalofriantes estadísticas difundidas recientemente por la Caja Costarricense del Seguro Social sobre el insomnio entre los ticos, el cual tiene como causas principales el estrés y la depresión, así como severos cuadros de ansiedad (La República, 05-04-2023).

Pero ahí no estaría el problema y vamos a creerle al Presidente.

(Además, desgraciadamente, el Presidente no es uno de los residente de la casa de Big Brother para que el Gran Ojo panóptico lo esté monitoreando cuando está en brazos de Morfeo, y así poder validar o desmentir su afirmación.)

Sin embargo, en el desplazamiento semántico de autoetiquetarse como angelito, ¡ahí sí veo yo un gran problema!
Y es que la falta de cordura en el manejo de las proporciones en la comunicación oficial, así como la invertebración que sustenta algunas de sus denuncias de corrupción, la matonería y prepotencia para con la prensa, la burla y el desprecio manifiesto hacia los estudiantes y jerarcas universitarios, no son conductas propias de ningún angelito que conozcamos.

Por lo que, dormir bien y ser un angelito -como diría mi abuelita- son otros cien pesos.