Francisco Barrientos: La mirada de una voz

Sobre la entrevista de Vladimir de la Cruz

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Francisco Barrientos B.

Chesterton decía que los ángeles vuelan porque se toman a sí mismos a la ligera.

En el caso del ilustre don Vladimir de la Cruz, no parece que él sea un ángel, ni que se tome a sí mismo a la ligera, por lo que sabe muy bien que no puede volar. Ergo, don Vladimir tiene sus pies muy bien puestos sobre la tierra.

Por eso, siempre que tengo la oportunidad de escuchar la exposición de sus atinadas reflexiones políticas e históricas, lo hago con la devoción de aquel distraído estudiante en ciernes que sigo siendo. ¡Y es que me voy dando cuenta que a mis cincuenta y tantos años, es cuando empieza a tentar más la melancolía!

En sus deliberaciones, encuentro siempre la pertinencia y la objetividad del hombre que no sólo se juega algo propio cuando comparte sus ideas, sino la sagacidad de quien pretende tomar desprevenido al iluso que se cree (¡y crea!) sus propias narraciones, cual lecho de Procusto.

Veo que La Revista CR lo ha invitado a una extensa entrevista de la mano de la periodista Gilda Chacón, ¡y con gusto me he puesto a leerla con minuciosidad!, pues creo que, con la mirada de su voz, un hombre como don Vladimir es guía autorizada para analizar los diversos y complejos acontecimientos actuales que atraviesa el país, de cara a las próximas elecciones presidenciales 2022.

Humildemente, pretendo con esta nota hacer algunas observaciones al margen sobre dicha entrevista.

No es una revelación para nadie que vivimos hoy en una coyuntura nacional muy compleja, cuyos escenarios exigen una beligerancia política no sólo discursiva, sino de acciones puntuales y concretas, o, como reza esa muletilla jocosa de los economistas millennials, de “toma de decisiones”.

Sin embargo, don Vladimir de la Cruz tiene claro que esto no puede hacerse a la ligera, ni a partir simplemente de lo emocional. Ante la pregunta de la periodista Chacón sobre la idea de que una mujer vuelva a ocupar la Presidencia de la República, responde atinadamente que “en el campo emocional y sentimental de los costarricenses, la mayoría de los votantes, con una ligera diferencia de los hombres, son mujeres. Y en lo emocional y sentimentalmente todos los costarricenses tenemos mamitis”.

Así, un criterio de votación como éste (tener mamitis, o, mejor dicho: ¡la infantilización del votante!), desvirtúa la naturaleza misma del voto como un criterio serio y racional de decisión cívica y política, convirtiéndolo en un enredado juego de carencias y frustraciones psicológicas de los individuos particulares. Actitud esta ya materializada en la segunda ronda de las pasadas elecciones presidenciales del 2018, cuando posturas extremas y populistas se enfrentaron en las urnas, las cuales pasarán a la historia como las elecciones presidenciales cuya consigna fue “si no estás con los míos, estás contra mí”; desagradable, desvergonzada y antidemocrática forma esta que viola el principio de reciprocidad, y convierte la disputa electoral en la aplicación inmediata de la ley del Talión.

Con respecto al balance del profesor de la Cruz sobre los participantes de la contienda electoral (¡que no es lo mismo que contienda política!), es importante rescatar su atinado examen de que tanto los partidos políticos “tradicionales”, como las llamadas “nuevas fuerzas vivas”, tienen en común la desventaja del descontento y apatía popular crecientes, las cuales se cristalizan en las encuestas de opinión pública, equiparando las percepciones de los habitantes de las alejadas regiones rurales e indígenas del país, con las de los habitantes del GAM.

Como vemos, los candidatos presidenciales tienen la ardua tarea de gastar sus primeras energías en lograr consensos, no sólo al interno de su propio partido, sino también a nivel del votante, del ciudadano de a pie, lo cual no se vislumbra como un trabajo sencillo, pues, sabemos que el tiempo del elector no es siempre el mismo tiempo que el del estadista. En términos filosóficos, diríamos que la pretensión del votante es actual, la del estadista, potencial, no olvidando, ni por un instante que, para el estadista, lo que suele llamarse “bien común”, para el ciudadano es “bien particular”. Hacer congeniar estas actitudes no es sencillo, mucho menos en tiempos de pandemia, desempleo galopante y una constreñida situación económica.

Por otra parte, don Vladimir nos ofrece un dato inquietante y no menor: “la próxima campaña tiene un 52% de electores mayores de 40 años, de modo que en esta campaña no está la juventud menor de 40 años definiendo candidato, como en las dos últimas campañas electorales, la del 2014 y la del 2018, donde tenía mayor fuerza”.

En estas circunstancias, pareciera que la voz cantante de estas próximas elecciones la pondrá, ¡y con un margen significativo!, la llamada “generación perdida” de los años 80 del siglo XX, que, como sabemos, padeció en carne propia un período socioeconómico mundial muy crítico, el cual ha sido ampliamente estudiado y documentado tanto por economistas, sociólogos e historiadores nacionales, así como por los organismos internacionales. Muchos de estos otrora jóvenes, tuvieron que abandonar sus estudios secundarios y primarios, para procurarse un trabajo en condiciones laborales mínimas y casi de explotación. Así, este amplio grupo de votantes arrastra no sólo el desaliento político de aquella época, sino el resentimiento y desidia propias del desencantado.

Muchos analistas, incluido el propio don Vladimir, atribuyen a esta turbia época ser el caldo de cultivo que causó la enorme desigualdad social y económica reinante actualmente en nuestro país, cuyo coeficiente de Gini (0.519 al 2020) lo sitúa como uno de los países más desiguales de América Latina, jugando todo esto en contra para quien aspire a ocupar la silla presidencial.

Por último, advierto que estas notas al margen no agotan las valiosas y variadas observaciones de don Vladimir, por lo que me gustaría invitar al amigo lector a leer esta entrevista completa y de forma atenta, pues ella puede ser de mucha utilidad no sólo para simplemente informarse, sino para formarse un criterio serio y amplio sobre este asunto, el cual nos atañe y ocupa a todos por igual.


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