Francisco Barrientos B.

El futuro llegó. Nos ha alcanzado. En sus postrimerías intentamos bordear el abismo ya no sólo creyéndonos siempre nuestras propias palabras, sino, desde el delirio, promulgamos otras más acordes con nuestro moderno y hedonista estilo de vida.

Así, intentamos en todo momento dar muestra de nuestra desvergonzada superación personal, repasando con menosprecio las páginas anquilosadas y nostálgicas de Maradona en el Mundial de México 86, en las cuales quedaron atrapados tantos artríticos y desmemoriados abuelitos.

De esta pedante actitud, cuelgan también nuestras ingeniosas y nuevas metáforas.

“Más vale pájaro en mano que cien volando”, se transforma ahora para los animalistas en una suerte de inducción matemática: “Si hay cien pájaros libres, aplica para el ciento uno”.

Por su parte, San Bernardo sentenció que “a Dios rogando y con el mazo dando”; pero, para la nueva fórmula, esta sentencia queda reducida a cenizas: no sólo ya no hay dioses, sino que aquel pesado mazo lo cargue ahora mí coach y el cirujano plástico.

Sin embargo, como leemos en el Eclesiastés, nunca hay nada nuevo bajo el sol. Nos llenamos de matices para las viejas verdades; presumimos inteligencia en nuestro supuesto enconado esfuerzo por superar la tontería más trivial.
Ya lo decía el efeso Heráclito: “Hay un mundo uno y común para los que están despiertos, pero el que duerme se reduce a un mundo propio”.

Soñamos despiertos pues el sueño nos gobierna, y ya no es sólo el papel el que aguanta todo lo que le pongan.