Francisco Barrientos: Un bufón místico

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Francisco Barrientos B.

He perdido la cuenta de mis muchas noches en vela. Atormentado y exhausto, el insomnio me convierte en asesino del Tiempo.

Me torturo despiadadamente a mí mismo. Soy mí propio deudor y recaudador de impuestos; soy mi propio Espartaco y mi desalmado emperador romano; un Ícaro cuyas alas fueron quemadas por la luz de la luna nueva.

Una voz grave me ha dicho: “Eres un Job sin amigos, sin Dios y sin lepra”.

En estas noches de pesadilla, mis abarrotados ojos todo lo han visto. Tengo la prueba del Infierno, conocí su fetidez.

He visto a ángeles sin rostro vomitar su suplicio sobre mí; enfermos mentales y atormentados conjuran juntos una maldición que abarca a la Creación.

He implorado la desaprobación divina, he rogado por la condena absoluta de esos actos, he suplicado a Dios por justicia; pero el eco de un aguzado silencio se incrusta en mis tímpanos como el filo de un bisturí.

La infamia me atormenta y me persigue hasta la vigilia. Me ha despertado un escalofrío que estremeció hasta mis huesos. Siento la pesadez del Universo y pienso que quizá Dios me ha creado con un oscuro propósito: ser un brujo fabricante de herejías cósmicas; un bufón místico que entretiene y al mismo tiempo es aborrecido; un payaso abominable cuyo acto consiste en la insondable crueldad de quien, para hacer reír a los demás, ofrece en bandeja sus propias vísceras.

Nada de qué vanagloriarse.

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