Francisco Flores: Análisis del Impacto ambiental del COVID-19 en La Revista

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Francisco Javier Flores Zúñiga, Relaciones Internacionales. 

La noche del domingo 19 de julio, durante dos horas y más, La Revista, tuvo la oportunidad de convocar a una audiencia de medio centenar de personas, que se concentraron en un intercambio generoso de ideas y propuestas sobre la llegada del COVID-19 y su impacto en la Naturaleza y el Medio Ambiente en general, el cual no ha dejado de sufrir cambios importantes.

A partir del criterio ponderado y experto de los Doctores Edgar Gutiérrez y Bernardo Aguilar se pudo debatir entorno a las dificultades actuales y oportunidades en materia ambiental, de cara al COVID-19.  Participaron entre otros el actual ministro  del Minae, don Carlos Ml. Rodríguez , el Presidente Ejecutivo de RECOPE  Alejandro Muñoz, la  Presidenta Ejecutiva del AyA Yamileth Astorga, los ex presidentes de la Asamblea Legislativa ex diputados Saúl Weisleder y Walter Coto, el ex Rector de la UNA, ex Ministro de Trabajo, ex Presiente eEjecutivo del INA y actual director del CINPE-UNA, Olman Segura, los ex viceministros de planificación don Carlos Ml. Echeverría y de Salud Don Mauricio Vargas el Ex presidente ejecutivo de la CCSS Dr. Álvaro Salas, el Ex director del proyecto Estado de la Nación don Miguel Gutiérrez Saxe Gutiérrez, además de colaboradores habituales de nuestras páginas de la Revista.cr. y miembros destacados del sector académico, empresarial y sindical en general.

Esta convergencia de diferentes y diversas perspectivas sobre el tema ambiental, y su desarrollo se ha convertido en una constante en el espacio creado por La Revista, donde resulta que lo mismo produce una la oportunidad de pensar, que permite trascender nuevas ideas para beneficio de temas que no solo ocupan las preocupaciones de los expertos, sino de todos los habitantes de esta biosfera llamada tierra.

Don Edgar Gutiérrez  como parte del movimiento que impulsa un desarrollo limpio y sostenible para las naciones del mundo, y en consecuencia aboga por el desuso de los combustibles fósiles para la generación eléctrica y el transporte debido al daño que su combustión, extracción y comercialización provocan en los seres humanos, en el agua, en los ecosistemas y en la salud del planeta, dio comienzo a una reflexión que profundiza en las oportunidades de la crisis y no solo en sus efectos económicos.  Considera que llegado el momento la humanidad tiene que tomar los aprendizajes adquiridos por esta pandemia y construir con ellos una estrategia que adelante la hoja de ruta de la sostenibilidad ambiental del planeta.

Los datos son contundentes: la pandemia del coronavirus ha generado la mayor caída en la emisión de CO2 de la que se tenga registro en la historia. Hay menos aviones en los cielos y menos autos en las vías. El consumo de energía ha bajado. La NASA ha detectado desde el espacio la disminución de gases contaminantes en la atmósfera. Los sismólogos han notado que el planeta incluso está vibrando menos. En las redes sociales circulan imágenes de aguas que se ven más cristalinas y animales que ahora pasean felices por las ciudades sin humanos a su alrededor.

Sin embargo, para los expertos esta situación puede no ser tan alentadora. ¿Porque? Para Inger Andersen, Directora del Programa Ambiental de la ONU, no hay un lado positivo, porque los impactos positivos visibles, ya sea la mejora de la calidad del aire o la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, no son más que temporales, ya que se deben a la trágica desaceleración económica y al sufrimiento humano», dijo Andersen.

El panorama, sin embargo, es más complejo. China y EE.UU., las dos superpotencias, han visto cómo la pandemia destruye su economía. ambos países están desesperados por volver a los niveles de producción anteriores al virus, así que sus líderes pueden pensar que la manera más segura de lograrlo es recurriendo a los viejos y confiables combustibles fósiles. Ante ese panorama, los gobiernos enfrentan un dilema complicado, según Harrabin. “Deben decidir si rescatar a empresas contaminantes y usar ese rescate como palanca para imponer reformas con un enfoque ambiental, o dejar que vuelvan al uso intensivo del carbono como una medida para arreglar la economía de manera rápida” En EE.UU., algunas empresas de combustibles fósiles están decididas a buscar que el gobierno las rescate sin comprometerse con un futuro menos contaminante.

En China, por su parte, durante las tres primeras semanas de marzo se aprobó la operación de plantas impulsadas por carbón en una cantidad mayor a lo que se aprobó en todo 2019, según el centro de investigaciones ambientales Global Energy Monitor (GEM).  Los analistas del GEM dicen que esto puede ser una señal de los intentos de China de usar nuevas plantas de carbón como una manera de impulsar la economía interna después del bajón generado por el coronavirus.

Respecto a otras fuentes de contaminación, el Banco Mundial ha alertado sobre algunos países y ciudades que han relajado las medidas que tienden a desestimular el uso del plástico. La ONU, por su parte, afirma que como resultado de la pandemia habrá un aumento de peligrosos desechos médicos.

El respiro que está viviendo el planeta es temporal, advierten los expertos. La NASA advierte que la disminución en las emisiones de gases como el CO2 necesitarían ocurrir durante un periodo de tiempo largo y sostenido para que pueda tener un impacto medible en el clima.

“La pandemia nos está mostrando formas alternativas de hacer las cosas” dice. “¿A cuál de ellas nos vamos a adaptar en un mundo pospandemia?”. “Todo depende de qué aprenderemos durante la pandemia que nos fuerce a cambiar nuestros comportamientos”. “Necesitamos un cambio sistemático en la forma en que se genera y transmite la energía”, dicen los expertos.

Aunque los efectos del coronavirus son para muchos más evidentes en este momento que los de cambio climático, los expertos dicen que por causa de la pandemia no se debe descuidar el medio ambiente.

Por su parte el Doctor Bernardo Aguilar, se refirió a los impactos del COVID-19 en Costa Rica, y lo hizo en dos perspectivas, antes y después de marzo del 2020.  Para destacar el antes, se concentró en las fortalezas de un esfuerzo histórico que el país ha hecho para contar con un sistema de áreas protegidas que sustentan un ecosistema que es un modelo ejemplar.

Toda esta fortaleza se origina en un marco legal e institucional progresivo y organizado entorno a  la protección del ambiente que desde la Constitución Política en su artículo 50  le ha permitido al país otro desarrollo como lo es el acceso al agua como un derecho humano.  Gracias a este desarrollo normativo se ha podido contar con leyes en materia forestal y en la protección de nuestra biodiversidad, energía y más recientemente en política de des carbonización.

Nuestro país ha tenido una acción creativa de fomento de la biodiversidad, manejo de los bosques, lo cual ha creado sinergias entre el modelo económico y de conservación ambiental. Con base en los datos del CINPE, se puede afirmar que Costa Rica obtiene ingresos de los parques nacionales en  un 5% del PIB y la actividad turística genera un 12% del PIB.  Si a eso sumamos una matriz energética que depende en su totalidad de fuentes renovables,  podemos contar con condiciones muy singulares en materia ambiental.

Aunado a lo anterior, el país ha desarrollado un liderazgo en diplomacia ambiental sobresaliente que ha deparado en grandes oportunidades para que muchos costarricenses ocupen posiciones destacadas en materia ambiental en el mundo.

Todo lo anterior, si dejar de considerar los retos pendientes que tenemos en aspectos como la ausencia de una ley de manejo de los recursos hídricos que tiene mucho tiempo sin ser objeto de aprobación legislativa.  Un ordenamiento territorial urbano que no atiende la realidad país.  Y una polarización de los servicios eco sistémicos que nos dividen el país central y periférico de manera que impacta porque impone fronteras al desarrollo social junto a prácticas agrícolas no superadas.

La dependencia de los combustibles fósiles, afecta no solo la calidad del aire, sino que impacta en materia de transporte terrestre, con las consecuencias que tiene para las ciudades y sus habitantes. A eso se suma el impacto de las rutas del narcotráfico sobre las zonas protegidas del país.

Si lo anterior resume las fortalezas y debilidades antes del Covid19, después de marzo 2020 los impactos positivos y negativos sobre el ambiente no son cosa menor.  Dado que se ha dado un aumento de avistamiento de la vida silvestre tanto dentro como fuera de las zonas protegidas, y una reducción de huella ecológica.  Siendo también positivo el aumento del teletrabajo y la actividad virtual, producto de la restricción de la actividad terrestre y aérea.  Otros impactos van de la mano con los problemas sociales que produce la pandemia por el frenazo de la actividad económica.

El Doctor Aguilar resume a tres los impactos del COVID-19 sobre el ambiente. 1) Impactos generados en materia servicios dentro de los ecosistemas que están dentro de las reservas. 2) Impactos en las zonas urbanas y 3) Impactos en la institucionalidad ambiental.

En el primer impacto las áreas silvestres protegidas han visto aumentar la actividad de la cacería furtiva, también estimulada por los efectos económicos de la pandemia.

En lo fiscal se están dando reducciones importantes en el financiamiento público de las actividades de las entidades que tienen programas de servicios ambientales como el SINAC y el MINAE.

En materia de gobernanza ambiental, esta ha sido una temporada de cero visitaciones lo cual supone un impacto sobre las áreas protegidas, con derivaciones directa sobre la actividad turística a la baja.

Existe junto a la crisis sanitaria, un impacto ambiental sobre los grupos humanos socio ambientalmente más vulnerables, debido a problemas de hacinamiento, calidad del aire, manejo de los desechos. De hecho, el mayor foco de contagio se concentra en la población más pobre en virtud de la problemática ambiental que los rodea.

Dentro de la visión de ciudades sostenibles, hay que atender los retos que esto supone y las oportunidades que plantea su desarrollo después del COVID-19. Volver a la normalidad de hace 30 años es el debate en que estamos entrando.  Dado que la propuesta impaciente de la economía, se enfrena a la propuesta resiliente del trato verde. Los aspectos negativos de la primera implican reformas legales evidentemente regresivas, que modificarían la seguridad ambiental por su orientación económica extractivista.

Sobre ambos aspectos, internacionales y nacionales los expertos tuvieron la oportunidad de responder numerosas preguntas de la audiencia, que motivaron un intenso debate sobre la importancia de atender con sentido de oportunidad y creatividad los impactos futuros del COVID-19 sobre la economía, la salud y en consecuencia sobre la naturaleza y el ambiente.

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Francisco Javier Flores Zúñiga.
Estudió Relaciones Internacionales y Educación (Msc.) Escuela de Relaciones Internacionales, Universidad Nacional.
Funcionario de la Asamblea Legislativa de Costa Rica. Académico, Escuela de Relaciones Internacionales, Universidad Nacional

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