Francisco Flores: Asamblea Legislativa y Política Exterior

   El creciente nivel de interdependencia entre los Estados, y la diversidad de asuntos que hoy afectan la vida de los ciudadanos.  Son fenómenos de un proceso de globalización que tiene efectos directos sobre el comportamiento de la sociedad civil.  Ante eso la Asamblea Legislativa no puede ser indiferente, pues todo responde a un conjunto de tendencias a nivel mundial cuyo impacto estamos comenzando a percibir. 

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Francisco Javier Flores Zúñiga, Relaciones Internacionales.

Costa Rica desde la fundación de la Segunda República, ha orientado sus propuestas en el campo internacional, dentro de una perspectiva política, que privilegia las ventajas de su sistema político y exalta los valores de la nacionalidad costarricense. Esta plataforma sobre la cual ha edificado muchas de sus iniciativas internacionales, tales como lo fueron en el pasado una reserva mundial de alimentos o la creación de un Alto Comisionado para los Derechos Humano, al igual que su lucha permanente por mejores precios y nuevos mercados para nuestros principales productos de exportación, ampliaron con los años nuestras relaciones internacionales a tal punto, que para principios de los setenta, el modelo administrativo de las relaciones exteriores a nivel local, resulto insuficiente.

Cuarenta años después, la globalización en las relaciones exteriores, exige que el país implemente una estrategia apropiada para interactuar a nivel externo, la cual debe ser sensible a la realidad local e internacional. Por ello, lejos de toda concepción simplista, el país y las instituciones públicas y privadas vinculadas con las relaciones internacionales en sus distintas acepciones e intereses, se encuentran obligadas a concertar una política de desarrollo y cooperación externas que privilegiando el interés nacional promueva en forma ordenada sus distintas necesidades en el ámbito internacional.

Una de las instituciones llamadas a colaborar en este esfuerzo lo es la Asamblea Legislativa, la cual tiene la obligación de modernizar sus procedimientos y su función dentro de la Política Exterior de Costa Rica.  Su compromiso es esencial, dada su trascendencia política y su condición institucional dentro del Estado.  Mantener un bajo perfil en la definición de la política exterior del país, es contraproducente para nuestro propio desarrollo.

El creciente nivel de interdependencia entre los Estados, y la diversidad de asuntos que hoy afectan la vida de los ciudadanos.  Son fenómenos de un proceso de globalización que tiene efectos directos sobre el comportamiento de la sociedad civil.  Ante eso la Asamblea Legislativa no puede ser indiferente, pues todo responde a un conjunto de tendencias a nivel mundial cuyo impacto estamos comenzando a percibir.

Nuestro país por su posición y dimensión geográfica, su condición económica y su desarrollo político y cultural, necesita sopesar consistentemente sus ventajas y desventajas, definiendo a partir de estas, sus posibilidades dentro de las relaciones internacionales. Somos un Estado pequeño, necesitamos un manejo de nuestras relaciones con el exterior, moderno, integrado y flexible, nuestras políticas con el exterior no pueden seguir siendo ejecutadas sin un estricto criterio de selectividad, oportunidad y eficiencia. En efecto, sin renunciar a nuestra dimensión política de las relaciones internacionales, que es fruto de nuestra experiencia histórica, podemos crear y mejorar el trabajo del Poder Ejecutivo que dirige las relaciones exteriores, y de la Asamblea Legislativa que tiene la responsabilidad de tutelar dicha responsabilidad.

El esfuerzo legislativo, tiene que sumarse al del Ejecutivo, creativamente. El primero promoviendo un control dinámico de la política exterior y el segundo ejecutándola bajo premisas pragmáticas, que le permitan al país explotar todas las ventajas y posibilidades que plantean la cooperación, y el intercambio económico y cultural con el mundo. Si tenemos pocos recursos, optimizarlos es lo adecuado, si no tenemos oportunidades, crearlas es una tarea esencial a nuestros intereses.

Conocimiento, más que un instrumento de trabajo es la clave para responder al reto actual de la sociedad internacional. Lejos de cualquier pretensión los Estados pequeños, tienen en la información y en el conocimiento recursos intangibles cuya capacidad todavía ignoran. En un mundo tan interdependiente, el manejo adecuado de este recurso inagotable, puede ser una fuente de posibilidades y de alternativas productivas imponderables. Por eso la percepción costarricense sobre el desarrollo de las relaciones internacionales se orienta de modo inercial a priorizar la materia económica, no solo por la presión externa, sino en respuesta al interés nacional del país, el cual exige que todos los recursos disponibles, en especial los de nuestra política exterior, respondan eficazmente a los retos de la salud, la educación y el ambiente. Siendo éstos los ámbitos en los que se ubica la mayor demanda social de nuestros días, el desafío costarricense que tenemos por delante es crear mejores condiciones para ampliar el bienestar del mayor número.

Si bien en el pasado, y en el presente, el país ha recurrido a la deuda externa para obtener los recursos que necesita para su desarrollo, con resultados apreciables tanto materiales como espirituales, también es cierto que la deuda constituye una pesada herencia sobre las generaciones futuras. Hoy, el país necesita producir más eficientemente y distribuir más equitativamente, pero también tiene que pagar por la ayuda que recibió. Si atendemos nuestras obligaciones internacionales en el campo económico y político con la misma capacidad y dinamismo, es posible que obtengamos el apoyo y la solidaridad de las naciones amigas. Pero a diferencia de ayer, la competencia de hoy, exige que la cooperación sea distinta. Porque ya no se trata de buscar la cooperación altruista o interesada de un Estado amigo, sino de ofrecerle nuestra cooperación a cambio de su ayuda. De este modo lograremos identificar la complementariedad de nuestras relaciones económicas y culturales y diferenciar el enfoque global de nuestra política exterior.

Agudizar nuestra percepción sobre el desarrollo nacional y la capacidad del Estado costarricense para interactuar en un mundo cada vez más interdependiente, es el objetivo a alcanzar. Adecuar esta nueva tendencia con el interés nacional que hoy por hoy se identifica con una mejor calidad de vida para nuestro pueblo es poco menos que esencial. Lo cual es posible, si primero trabajamos en el rediseño de una nueva concepción en la dirección de las relaciones exteriores y segundo si acentuamos la capacidad negociadora de nuestros representantes en el mundo. Pero sobre todo si la Asamblea Legislativa pasa a tener un rol activo, apoyado técnicamente y dispuesto a profundizar en sus responsabilidades constitucionales y reglamentarias en lo relativo al ejercicio del control de la política exterior, las cuales no ha cedido, solo ha dejado de ejercer.

 

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