Francisco Flores: El Presidente Monge y su política de neutralidad

El Presidente Monge le dio a su política exterior con la Proclama de neutralidad, una mayor definición, que no debía entenderse como la inscripción del país en uno u otro de los bandos en pugna o en la hipotética marginación de los conflictos centroamericanos, sino tan solo como la reafirmación de los “intereses nacionales” que Costa Rica estaba dispuesta a defender por los medios que consideraba adecuados para hacerlo.

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Francisco Javier Flores Zúñiga, Relaciones Internacionales.

El Estado costarricense, a partir de 1948, funda sus iniciativas en el campo internacional, con base en el desarrollo histórico y político que privilegia las ventajas de su sistema democrático y exalta los valores de la nacionalidad.  Esta plataforma sobre la cual edificó muchas de sus iniciativas internacionales,  tales como lo fueron en el pasado una Reserva Mundial de Alimentos o la creación de un Alto Comisionado para los Derechos Humanos, de igual modo que la lucha permanente por mejores precios y nuevos mercados para los principales productos de exportación, ampliaron con los años las relaciones internacionales, a tal punto que para principios de los años setentas, el modelo administrativo de las relaciones exteriores a nivel local, resultó insuficiente.

Cuarenta años después, la globalización en las relaciones exteriores exigía que el país implementara una estrategia apropiada para interactuar a nivel externo, la cual debía ser sensible a la realidad local e internacional. Por ello, lejos de toda concepción simplista, el país y las instituciones públicas y privadas vinculadas con las relaciones internacionales en sus distintas acepciones e intereses, comienzan a participar en las políticas de desarrollo y cooperación externas que, subordinadas al interés nacional, promueven sus distintas necesidades en el ámbito internacional.

Costa Rica, por su posición y dimensión geográfica, su condición económica y su desarrollo político y cultural, necesitó sopesar consistentemente sus ventajas y desventajas, definiendo a partir de estas sus posibilidades dentro de las relaciones internacionales, porque un Estado pequeño necesita más que ninguno de un buen manejo de sus relaciones externas, las cuales debe ejecutar con estricto apego al criterio de selectividad, oportunidad y eficiencia.

De su propia experiencia, Costa Rica extrajo lo esencial para una política internacional de paz, que alcanza su madurez a partir de la proclamación de la neutralidad. En un orden cronológico, la política internacional de Costa Rica ha pasado del pluralismo político-ideológico de los sesenta al dogmatismo de la bipolaridad, asumiendo un carácter alternativo durante la crisis centroamericana, y relativamente autónomo desde los procesos de paz en la región que derivaron en la conformación del SICA.

En 1983 el Gobierno de don Luis Alberto Monge adopta como propios los principios tradicionales de la política internacional de Costa Rica.  Al asumir la Presidencia, recibe el Gobierno en medio de una grave crisis económica, que debe hacer frente en el plano externo a la convulsa situación política y militar en la región, originada por el enfrentamiento bipolar que se traslada a los países del área.

La política exterior de Costa Rica, como un todo, no puede espontáneamente cambiarse,  sino que debe adecuarse a la circunstancia en la cual se desarrolla;  por ello, dentro de las opciones disponibles, el Presidente entiende que para trazar su política debe resolver entre asumir los riesgos de continuar con la política de  apoyar al sandinismo instalado en Nicaragua o en su defecto luchar contra el autoritarismo regional, extremos apuntalados en el juego bipolar de la época,  que lo convencen sobre la oportunidad de declarar la neutralidad.

Ciertamente para 1982, el país se enfrentaba a la disyuntiva de involucrarse en el conflicto regional o evitarlo mediante los instrumentos disponibles dentro de la política exterior tradicional. El Presidente Monge opta por la neutralidad, inicialmente sopesando dos aspectos vinculados al interés nacional. El primero es la necesidad de superar una crisis económica y social sin precedentes que amenaza la estabilidad interna del país, objetivo para el cual la neutralidad le ofrece el margen de maniobra necesario en el campo económico a fin de iniciar las negociaciones con los acreedores internacionales y recuperar para el Estado costarricense la condición de sujeto de crédito, estabilizar la moneda y obtener ayuda para impulsar la reactivación económica.

El segundo interés nacional vinculado al campo político constituye la supervivencia del sistema de vida institucional democrática, que exige un esfuerzo coordinado del Gobierno para  promover el apoyo de la comunidad internacional hacia la posición  costarricense de paz y neutralidad, acciones que incluyen en particular la diplomacia personal del Presidente, la cual jugó un papel extraordinario en la lucha por revertir las dificultades internas y el aislamiento internacional  en las que se encontraba el país al comenzar la Administración.

La neutralidad surge de las raíces mismas de la política internacional del país; responde en gran medida a las presiones que el Estado costarricense recibió para involucrarse en la estrategia de hostigamiento al régimen sandinista que forjó la Casa Blanca; permitió al Presidente salvaguardar los intereses nacionales y mantener un equilibrio en sus tradicionales vínculos con los Estados Unidos.  La neutralidad no estuvo exenta de dificultades en su proceso de definición y ejecución, pero esto no limitó su efecto sobre la colectividad que la respaldó sin reservas, bajo el principio de que la guerra no es parte de la política internacional de Costa Rica.

El Gobierno de don Luis Alberto Monge, desarrolla una política exterior dentro de una perspectiva diferente de la de su predecesor e instaura un estilo pragmático, pero no menos teórico, inspirado en las tradiciones y en las lecciones de la historia nacional. De hecho, su gestión se caracteriza por un reducido margen de acción, porque, como dijo una vez el expresidente Figueres Ferrer: Luis Alberto jugó la mejor partida con los peores naipes.

El Presidente Monge fomentó un estilo de gobierno descentralizado, que durante los dos primeros años de su administración provocó que las decisiones en materia de política exterior se caracterizaran por una gran fragmentación, situación que no experimentó en el área económica donde el funcionamiento del equipo de gobierno tuvo gran independencia y una alta valoración de lo técnico sobre lo político.

La fragmentación a la que muchos especialistas aluden, al considerar esta fase de la política exterior, podría decirse que estuvo influenciada por una multiplicidad de los actores involucrados y la contradicción entre dos interpretaciones sobre las relaciones de Costa Rica con Nicaragua, las cuales se desarrollaron paralelamente y se enfrentaron finalmente. Sin embargo, dicha crisis fue resuelta por la intervención del Presidente, quien adoptó una política interna de pesos y contrapesos, manteniendo el equilibrio entre las tendencias en favor y en contra de su política de neutralidad, en aras de la estabilidad y de los mejores intereses del Estado costarricense.

Es por ello, que la neutralidad se logra introducir formalmente gracias al apoyo externo y local que recibió una vez que se definió en forma de Proclama presidencial.  El segundo aspecto que dio origen a la fragmentación fue la existencia de muchos canales de acción, que no comprendieron más de lo que permitiría el Presidente, en su búsqueda permanente de opciones para atender cada uno de los diferentes conflictos que las relaciones con Nicaragua derivarían para su Administración. Dicho estilo no fue comprendido por los medios de comunicación, ni por algunos sectores intelectuales de izquierda o derecha que criticaban al Gobierno y aducían que no se sabía quién tomaba las decisiones.

Lo cierto es que el Presidente Monge siempre tomaba la última decisión, pero esta no se imponía sobre la de sus colaboradores, como era costumbre dentro de los estilos presidenciales tradicionales. Sin mandatos imperiosos y utilizando su influencia personal por medio de canales de persuasión, debidamente establecidos, el Presidente Monge logró, en un término adecuado, el consenso necesario para afirmar el valor de su política de neutralidad al interior de su gabinete, con miras a lograr el respaldo popular e internacional que finalmente obtuvo, apoyo que necesitó en un proceso ordenado de acciones internas y externas, que relacionadas con los intereses del país le posibilitaron a su Gobierno ir abriendo espacios reales, con base en alianzas estratégicas.

El primer paso se dio al constatarse los reducidos márgenes para la política exterior de Costa Rica en la región. Esto obligó a la Administración Monge a delimitar la urgencia de una estrecha alianza entre Costa Rica y los Estados Unidos, por el peso político e ideológico de la potencia en su principal área de influencia.  Tal alianza que se plantea en lo político y en lo económico desde el inicio de la Administración del Presidente Monge, se mantiene sin alteraciones hasta la proclamación de la neutralidad.

A partir de 1984, las presiones que debió soportar el Gobierno para variar su línea de conducta, no fueron fáciles de manejar. Sin embargo, el valor y la oportunidad de la alianza inicial con los Estados Unidos, le posibilitó al país atender sus prioridades en el campo económico a fin de evitar que la economía, costarricense se deteriorara a tal grado que el efecto negativo que pudiera ocasionar en el sector social hiciera peligrar al sistema político costarricense.

Como segundo paso, el Presidente Monge buscó mayores márgenes de acción, a través de la diversificación de los vínculos con los países europeos.  La base de este replanteamiento en la dirección de la política exterior consistió en adoptar una firme posición pro Contadora y hacer respetar la neutralidad, pero, sobre todo, guardar distancia de los Estados Unidos en cuanto a la solución regional, como política preventiva ante el peligro de un eventual conflicto bélico entre Costa Rica y Nicaragua.

En su alocución en el Congreso de los Diputados en España, responsabilizó a los Estados Unidos y a su improvisación por la crisis centroamericana.  Señaló que el interés “tardío” de Washington hacia la conflictiva región y el posicionamiento en favor de gobiernos impopulares y totalitarios, determinó que el descontento y la frustración de la población haya desembocado en una situación totalmente propicia que justifica la tendencia de determinada población hacia regímenes alineados con la Unión Soviética. Consideró también el mandatario que América Central se había convertido en una encrucijada en donde se yuxtaponen las contradicciones Este-Oeste, cuyos resultados son las injustas relaciones que prevalecen entre los Estados del Norte y o el Sur. Por ello hizo en su visita a España un llamamiento a la tolerancia política en la región y a la defensa del diálogo sobre los conflictos armados.

En las decisiones sobre asuntos políticos, principalmente en los temas sobre Nicaragua, la neutralidad y Contadora, el debate nacional fue intenso y en algunos momentos acalorado.  Este debate se produjo fundamentalmente a nivel de la opinión pública, con el propósito de articular las prioridades e intereses definidos por los decisores y los grupos de interés con el “interés nacional” que perseguía la política exterior del país.

El Presidente Monge le dio a su política exterior con la Proclama de neutralidad, una mayor definición, que no debía entenderse como la inscripción del país en uno u otro de los bandos en pugna o en la hipotética marginación de los conflictos centroamericanos, sino tan solo como la reafirmación de los “intereses nacionales” que Costa Rica estaba dispuesta a defender por los medios que consideraba adecuados para hacerlo.

Un país sin ejército en una región de recurrentes conflictos bélicos internos y bilaterales, sumados a los numerosos antecedentes históricos y jurídicos de neutralidad, hicieron que la decisión del Presidente Monge se sustentara adecuadamente, por lo que su política provenía de una práctica comúnmente aceptada por los gobiernos que lo precedieron y que ante todo procuraron mantener al país fuera de los conflictos armados que la región históricamente ha enfrentado.

A treinta y nueve años de su proclamación, la Neutralidad no pudo incorporarse como fue deseo de su Gobierno al texto constitucional, pero sí pudo instrumentalizarse a través de una Ley de la Neutralidad, que hoy recoge la tradición costarricense y se engarza con la Proclama de Neutralidad convirtiéndose ambos en un sólido instrumento jurídico y político que es un seguro contra la guerra y propicio para promover la paz.

En un contexto complejo para Occidente, donde el crimen organizado transnacional, el terrorismo y las migraciones concentran la atención mundial, por su violencia, por su intolerancia y por la creciente desigualdad planetaria, la neutralidad no se plantea en lo ideológico o lo político, sino en lo militar, espacio donde nuestro país no puede aportar nada, siendo mucho lo que puede ofrecer para afirmar su compromiso con la democracia y la libertad que son valores irrenunciables que sustentan al  Estado Costarricense que deber atender con prudencia y fidelidad los deberes de su destino.

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