Francisco Flores: Ética parlamentaria. ¿Una aspiración?

La experiencia demuestra que el ser social éticamente instruido, está en mejores condiciones para no incurrir en errores humanos comunes, ya que comprende claramente aspectos fundamentales tales como: la naturaleza y el contenido de ética

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Francisco Javier Flores Zúñiga, Relaciones Internacionales.

Quiero compartir con base en mi experiencia profesional en la Asamblea Legislativa unas ideas sobre la ética en la vida parlamentaria y a la necesidad de comprenderla a partir de su significado y su contexto actual.  La ética es hoy un aspecto imprescindible en el proceso de formación de las leyes y constituye una oportunidad para mejorar, ampliar y concretar nuestra visión sobre el mundo contemporáneo, por lo tanto, su función no es abstracta, es concreta y determinante en el proceso parlamentario.

La ética parlamentaria, que todavía no se ha expresado en un código material en la Asamblea Legislativa, no por falta de iniciativas, sino por limitaciones propias para alcanzar un acuerdo sustantivo, ocupa desde hace mucho tiempo numerosos aspectos de nuestra vida política, sino todos.  Para cada legislador y legisladora la ética se proyecta como una luz que fundamenta las particularidades de su función y se propone introducir una tendencia ya evidente hacia el examen continuo de sus acciones tanto públicas como privadas.

Por ello, una de las características más sorprendentes del debate público contemporáneo, y también del académico, es el énfasis en estas cuestiones éticas, donde sorprende igualmente cómo estos debates carecen normalmente de profundidad histórica o de precisión teórica.  Lo cual hace poco menos que esencial una reflexión y una acción constante, proactiva y determinante de las instancias que promueven la inserción de la ética en todas las instancias humanas.

No obstante, en el debate sobre cuestiones morales —cuándo y cómo intervenir, si se debe aceptar un mal para prevenir otro, nuestra obligación de ayudar a otros— se viene realizando en un discurso moral desprovisto de dimensión histórica. Esto no quiere decir, por supuesto, que esta dimensión proporcionaría las respuestas a todos los dilemas morales; sin embargo, serviría para informar e iluminar el debate público y afinar las decisiones que tienen que tomar los políticos y los ciudadanos.

Aquí, acertadamente, los mundos de la teoría clásica y del debate político público podrían encontrarse en una interacción creativa. Porque tal parece, que sobre la base de los últimos tres cuartos de siglo pasado y lo que ha transcurrido en este primer tramo del nuevo siglo, se ha dado mucha confusión en las esferas públicas y privadas, obligando hoy a que se necesiten mutuamente más que nunca.

La ética, no puede concebirse exclusivamente como asignatura académica, debido, en parte, a la permanente tensión que vive la sociedad entre lo que es correcto y no lo es.   Y eso es precisamente la fuente más duradera de insatisfacción humana que tenemos y a la que hay que darle la bienvenida sobre todas las demás.

Una ética para la vida parlamentaria, es necesaria para poder hacer frente a los desafíos políticos e históricos que tiene ante sí el país, dado que con ella ha de producirse un trabajo que cumpla no solo con los supuestos teóricos que la sustentan, sino que sean capaces al mismo tiempo de contribuir en la doble tarea de explicar sucesos y procesos, y la de aclarar los debates normativos.

La ética parlamentaria, no puede entenderse solo como exclusiva y aplicable a los políticos que forman parte de la Asamblea Legislativa, debe estar sujeta a las necesidades del contexto en el que se aplica.  Para que la ética haga su tarea en la vida parlamentaria y participe en el debate público, esta debe ser reconocida, respetada y preservada. Entonces los parlamentarios podrían desempeñar un papel adecuado, reuniendo tres condiciones que toda ética pública necesita para establecerse y promover esa autonomía e integridad:   En palabras de Esperanza, Guisan:

  1. La ética se ocupa de deberes y no de derechos, porque los deberes y los derechos, las normas y las obligaciones de los individuos en la vida social tales como la justicia, se derivan de necesidades surgidas del hombre natural. En tal sentido la ética tiene que partir del estudio y comprensión de lo que la persona humana es, y tal vez habría que decir, de lo que quiere ser.
  2. La ética, es tal vez, la aventura por excelencia, a la que se debe acudir con cierta ingenuidad deliberada y con el deseo de encontrar verdades provisionales que nos ayuden a mejorar nuestra vida y las vidas humanas que nos rodean.
  3. La ética, es sabiduría. Constituye, una técnica, una ciencia y un arte. Nos muestra no sólo los límites, sino las infinitas posibilidades de nuestro llegar a saber, de creación y recreación de las relaciones humanas, el orden social, político, económico, etc.

Como complemento de esta revisión ética que he podido compartir, a partir de su necesaria especificidad y contextualización quiero agregar un valor adicional y es el concepto de ética de tercera generación, es decir la concepción de Edgar Morín sobre la Ética del Género Humano.

Una ética de tercera generación brinda las bases para que los miembros del parlamento asuman su responsabilidad consigo mismos, con sus semejantes y con el entorno como parte de una premisa esencial, en el sentido de que existen dos éticas previas, la de primera y la de segunda generación.

La ética de primera generación, llamada también ética personal, se fundamenta en los conceptos de Bien y de Mal. En esta visión, el ser humano se preocupa por su propio bien y el de su prójimo, es decir, el de las personas más cercanas a él; se ubica en el presente, sin una clara visión de futuro. Desde esta propuesta ética, evita hacer o hacerse el mal por las implicaciones o consecuencias que las acciones malas puedan tener para sí mismo.

La ética de segunda generación o ética social se basa en los conceptos de Justicia e Injusticia. En ella se toman en cuenta las estructuras sociales y los derechos universales de las personas. Desde la perspectiva de la ética social, la persona asume el deber de respetar los derechos universales de sus semejantes, con la intención de construir una sociedad justa. En este marco es imprescindible la generación y consolidación de estructuras y marcos jurídicos que regulen el comportamiento de los ciudadanos de modo que se evite y corrija la injusticia y se salvaguarden los derechos de las personas.

De lo anterior, se desprende el hecho de que, desde estas éticas, no sea posible ocuparse adecuadamente de problemas como el potencial holocausto nuclear, los desequilibrios ecológicos globales, el manejo del ciberespacio, las manipulaciones genéticas, etc.

Para que el ser humano responda a los desafíos que le plantea la situación planetaria actual es necesario que formule una ética que: facilite que las personas sean buenas y consideradas con sus semejantes; justas y equitativas en sus relaciones sociales, y cuidadosas y prudentes para contrarrestar los efectos colaterales de su presencia en la tierra.

La ética de tercera generación o ética global pretende responder a los problemas globales y locales abarcando a todos los integrantes del planeta tierra, humanos y no humanos. Esta ética se basa en los conceptos de Sostenibilidad e Insostenibilidad.

Finalmente, el conocimiento de las leyes del desarrollo social es la base teórica para una toma de consciencia sobre los fenómenos sociales, pero también lo es del comportamiento del ser social; la comprensión de las causas del creciente papel de las organizaciones políticas y sociales en la vida contemporánea, las cuales en su conjunto refuerzan el asertividad de los parlamentarios en su actuación personal, como un elemento importante en la vida social.

La acción participativa en los problemas sociales, forma parte inseparable y resulta imprescindible en el conocimiento y la interpretación de la realidad a través de la teoría científica y el desarrollo de la conciencia, que hace suyos y se rige por los principios de la ética moderna.

La Asamblea Legislativa tiene una elevada responsabilidad en la definición de una posición activa ante los dilemas éticos ; esto exige de mucha planificación, la aplicación de un enfoque complejo y la realización práctica del principio de la unidad de la acción cívico-política, laboral y ética; la Asamblea puede llegar a  resolver este problema partiendo del liderazgo que ejerce en el proceso político con la aplicación de una ética parlamentaria trascendente,  por lo tanto un aspecto importante del mismo lo constituyen sus decisiones éticas de hoy de mañana.

El conocimiento es el punto de partida, un componente principal de la adhesión voluntaria a la ética, pero sobre todo la base de la convicción y la conducta futura del individuo. El discernimiento de las normas y principios éticos permite, aunque no obliga a todo ciudadano a realizar la selección de estos, para conformar su patrón de conducta.

La experiencia demuestra que el ser social éticamente instruido, está en mejores condiciones para no incurrir en errores humanos comunes, ya que comprende claramente aspectos fundamentales tales como: la naturaleza y el contenido de ética, lo específico de su manifestación en las relaciones colectivas e interpersonales; y la determinación social de la actividad ética y de los valores éticos de la personalidad.

Hay que superar el debate ético oportunista y maniqueo de hace más de dos décadas y avanzar en la afirmación  de las  cuestiones relevantes de la ética y la política que contribuyen a  esclarecer la posición  del parlamento en  el contexto actual, que son transcendentes porque impactan la vida política nacional que está ligada hoy de manea ineludible a los aspectos referidos a las exigencias que plantea la sociedad globalizada, dado que el nivel de responsabilidad ética de la Asamblea Legislativa  es más influyente hacia el porvenir.

 

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