Francisco Javier Flores Zúñiga, Relaciones Internacionales.

Eugenio Herrera Balharry (1953) editor y administrador de La Revista.CR cumplió setenta años de vida, que han sido para él y sus seres queridos, lo mismo que para sus amigos, un continuo vaivén de desafíos.  De hablar pausado, mirada profunda, verbo directo, humor cáustico, ser  un amigo leal y sincero es lo que más sobresale en él. No usa las palabras para expresar sus compromisos, sino los hechos, que son el fundamento de su pragmatismo y sentido común.  Suma y suma, y nunca divide, raras veces resta en sus relaciones con el mundo. Tiene la sensibilidad para entender lo sublime y lo ridículo.

Lo conocí en uno de sus últimos pasos por la administración pública en la Asamblea Legislativa, en donde estuvo una larga década, en la que su experiencia previa como politólogo y administrador público le habían permitido estar liderando en los campos de la cooperación internacional, las negociaciones comerciales y la academia universitaria, no por nada domina las tres lenguas del  continente, el español, el portugués y el inglés, lo que le facilita comunicarse en contextos y con personas de todas las latitudes.

Ha publicado previamente en el área de investigación política y su mayor influencia ha sido como consejero de distintas administraciones públicas, donde su personalidad afable, discreta y ejecutiva le proveyó de los elementos necesarios para ejercer un campo de indiscutible importancia: el del análisis de la realidad nacional e internacional, que le permiten siempre identificar a aquellos que son actores y factores determinantes en el contexto de una sociedad costarricense cuya modernidad ha sido una oportunidad, pero también ha sido objeto de grandes decepciones.

Nos volvimos a ver hace más de un año, por interpósita mano, le hice saber de mi interés en publicar La Revista y fue así como a partir de una comunicación telefónica y de un artículo y otro me invitó a ser parte de una cofradía de intelectuales de todas las edades, mujeres y hombres jóvenes y adultos. Los cuales con su liderazgo había convocado a pensar, decir y escribir en un medio digital donde su influencia como editor y administrador es el punto central, de una profusa actividad de comunicación que ha sido objeto del reconocimiento de autores diversos, y entidades que ven en La Revista un espacio de pluralidad e independencia necesarios para ejercer la libre expresión sin límites y sin censuras.

Con su tenacidad La Revista, no se limita al orden local, sino que abarca la mirada internacional, no solo se puede leer, se puede escuchar y cuando la ocasión lo amerita se puede ver en sus coloquios. Su mayor impacto ha sido en las redes sociales, pero su trascendencia se ha incrementado en el ciberespacio. No por nada, Eugenio domina todos los ángulos de la tecnología de la comunicación, tanto en la producción digital del medio, como la edición de podcast, el uso de las plataformas digitales y la divulgación de La Revista en medios latinoamericanos, gracias a los convenios con prestigiosos medios internacionales. La Revista es hoy el medio digital que orienta la opinión pública con seriedad, criticidad, y pluralidad.  En este medio convergen todas las miradas del país y el mundo. Y su capacidad de estar a la vanguardia de la agenda nacional e internacional es superior a la de los medios tradicionales.

Hay en la revista opiniones diferentes, hay capacidad de diálogo, debate y crítica, gracias al equilibrio que Eugenio suele dar a todas las voces y todas las posiciones que suelen expresarse en la comunicación social y política.  Siendo el mayor logro, la capacidad de recepción a los argumentos a favor y en contra, sin discriminar las voces discrepantes que suelen expresarse en los comentarios cotidianos a las publicaciones de La Revista. En esta empresa editorial surge sin embargo un elemento distintivo y es la enorme cantidad de voces femeninas que predominan, gracias al esfuerzo de Eugenio para que la igualdad sea plena en la construcción del proceso comunicativo de La Revista.  Hoy La revista tiene secciones amplias para expresar el debate sobre la igualdad de género, sobre el arte, la poesía, la música,  la literatura, la ciencia y la sociedad dando espacio a una faceta de divulgación cultural que es genuina e inédita.

Rodeado de un equipo de colaboradores directos, donde sobresale el talento de mujeres jóvenes, La Revista avanza en medio de un intenso proceso de cambios y adaptaciones que le permiten estar cada día más cerca de los segmentos de nuestro pueblo y de la juventud que necesita voz y necesita manos para darle forma a la libertad de expresión. La cual debe estar sustentada en la tolerancia, el respeto a las diferencias y sobre todo orientada a la formación del espíritu ciudadano que confié más en los resultados de la propuesta que de la protesta. Costa Rica es un país donde la juventud no tiene páginas abiertas donde escribir su historia y su proyecto de vida, es necesario que La Revista sea consciente de que esta labor requiere del entusiasmo y la visión de un Editor que como Eugenio no puede hacerlo todo solo, y requiere por ello del compromiso indispensable de todos los que colaboramos en este medio.

A sus setenta años, nuestro querido amigo, hace las mismas tareas de Joaquín García Monge, solo que, en el contexto de una Costa Rica, que es más educada, pero menos culta.  Por eso LaRevista.CR no es un experimento ocasional, sino una labor de enormes alcances, Eugenio nos ha mostrado el camino, el cómo hacerlo, y hasta donde es posible que lleguemos, pero necesitamos estar a su lado, mantener nuestras contribuciones, ofrecer nuestra ayuda, y solventar los desafíos de nuestro incansable editor.  En el primer tercio del siglo veintiuno La Revista se yergue como un faro luminoso capaz de decir las cosas, que otros callan por intereses inconfesables o las que otros dicen por simple oportunismo.  Distinguir entre la verdad y la mentira no es sencillo en un país donde la confianza en las personas, las instituciones y las ideas ha decaído porque no siempre son lo que parecen, ya que deberían ser lo que son por su esencia, y no solo por su virtud.

Un país donde la libertad es posible, requiere que su ejercicio sea lúcido, sereno, confiable y fraterno. No necesitamos de los extremos para hacerla posible, por eso en La Revista buscamos los equilibrios que le permitan a todas las personas que habitan esta pequeña comunidad llamada Costa Rica, realizar sus aspiraciones de justicia utilizando los valores heredados y adoptando los valores de la convivencia, donde sea posible la utopía de la igualdad para todos sin restringir la libertad de nadie.  Eugenio ha inspirado, motivado y abierto los caminos de todas las personas cuyas ideas sean capaces de transformar, de edificar, y hacer realidad mañana las imágenes que hoy tenemos sobre nuestro porvenir.

En una Costa Rica donde suele dominar hoy la violencia contra la dignidad de todo lo creado y todo lo que creíamos sagrado, Eugenio despierta cada mañana desde su pequeño espacio de reflexión, con la mirada puesta en el horizonte que tiene su enorme ventana, acompañado de sus amigos gatunos, que expresan un afecto y una lealtad ilimitadas. Eugenio es un hombre que en su madurez sabe llenar las horas del día con ideas, con acciones puntuales, habla con todos, mujeres, hombres, jóvenes y viejos amigos con los que construye, diseña y proyecta diariamente no solo una edición de La Revista, sino una luz en la oscuridad, una voz contra el silencio complaciente, una mano que mueve el mundo en el que nos encontramos todos y nos necesitamos todos. A Eugenio debo mi continua mejora en la expresión escrita, la capacidad de autoeditar y de autocorregir cada línea de lo que se publica. A cada autor él lo hace responsable de su artículo, y le concede el espacio para pensar antes de escribir.  Lo que consecuentemente lleva a pensar antes de hablar y entender que nadie es más importante, que otro, que cada uno tiene un valor que agregar a la Revista, donde los egos acaban y las virtudes se ensanchan.

A Eugenio le debo mucho de mi aprendizaje actual, en el arte de comunicar, porque gracias a su labor, él me ha podido conectar con ideas, personas, pensamientos, poemas, elaborados por seres humanos extraordinarios, cuya experiencia de vida, cuyas contribuciones y cuyos sacrificios definen el tipo de país al que aspiramos. Sin prejuicios, sin límites, sin censura, con conciencia, con humildad los colaboradores de La Revista, sabemos que Eugenio nuestro editor, nos abrió la puerta de su corazón y nos ha dado un sentido de la lealtad que hace posible a La Revista y que promete continuar iluminando el camino de la patria, que nos pertenece a todos por igual. Por eso, Eugenio y por más.

Felices 70 años y Muchas Gracias.