Francisco Flores: La esperanza vuelve a Costa Rica

El liderazgo que vendrá, tiene una ocasión propicia para el entendimiento, la sustitución de los mediocres desempeños, el ejercicio responsable, humilde, respetuoso y confiable de los deberes públicos.

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Francisco Javier Flores Zúñiga, Relaciones Internacionales.

Dentro de un año, tendremos una nueva ocasión como sociedad democrática para avanzar hacia el porvenir.  Por lo pronto, es probable que tengamos que encarar los eventos de un presente en el que las incertidumbres comienzan a ceder frente a las certezas, ambas las adquirimos como resultado de una experiencia que pertenece un pasado que cada día se aleja más de nosotros.  Costa Rica se encamina a un destino promisorio, donde podremos volver a unirnos y encarar juntos los desafíos de un país que tendrá la oportunidad de recuperar su esperanza y su confianza.

Los últimos años, han sido una etapa interesante, en la que lo aprendido formará parte de un manual de sobrevivencia, los costarricenses son hoy más entendidos en materia de naufragios.  Hemos podido aprender a nadar en dificultades sin par, unas producidas por la acción de unos pocos y otras por la imprevisibilidad de la realidad.  Pero eso no nos detuvo, ni nos detendrá en el presente, ahora somos una nación más fuerte, porque los golpes han venido de todo lado y sin disimular el desagrado, hemos demostrado como pueblo que tenemos la capacidad para ponernos de pie, sacudirnos el polvo y continuar la marcha.

Podemos pensar que la situación actual, sería distinta, si nuestras decisiones de ayer hubiesen sido mejores, pero la verdad, a estas alturas como sociedad ya dejamos de conjeturar, le ofrecemos a los historiadores la oportunidad para que ellos hagan sus aproximaciones, ya veremos si su narrativa se parece un poco a lo que hemos sufrido la mayoría de los habitantes de este proyecto llamado Costa Rica.  Sin embargo, estoy seguro que el costarricense, fiel a sus orígenes históricos, dejará las cosas atrás, y se concentrará en como continuar su marcha, porque allá adelante están las imágenes del presente que queremos convertir en realidades.

Queremos lo mejor y deseamos lo bueno, tenemos claridad sobre lo que nos conviene y no hay en nosotros un deseo de volver a los viejos tiempos, sino de crear los nuevos y mejores momentos que nos esperan.  El reloj de nuestra historia marcará doscientos años de vida independiente en setiembre, pero no será producto de un gobierno o de una sola persona, sino la obra de dos siglos de generaciones completas dedicadas a trabajar, luchar, soñar y vivir de otra manera.

Nuestra gratitud por los valores heredados, por las obras terminadas, por las empresas desarrolladas, por las tareas cumplidas. Nuestra gratitud por las tradiciones que nos distinguieron, como por las innovaciones que ahora nos abruman.  La fuerza de nuestras ideas, la voluntad de nuestras familias, el trabajo de nuestro pueblo, la inteligencia de nuestro liderazgo, combinada con el conocimiento que proviene de sus errores y fracasos son el cimiento de nuestra esperanza.

Somos un pueblo que sigue luchando, que sigue lidiando entre la pasión y la razón, que no se somete a la voluntad de grupos o de algunos, que sabe sacudirse de todo aquello que amenace su dignidad y que sabe conducirse en equilibrio frente a los extremos, tanto de la intolerancia, como de la manipulación. El ser costarricense, no está domesticado, es paciente, es inteligente, su desconfianza en proverbial, y su sabiduría es infinita.

Costa Rica, vive un natural reacomodo de sus expectativas sobre la política, la economía y la sociedad. Hay un aparente caos, creado por los juegos de quienes detentan el poder o concentran la riqueza.  Es un tinglado que intenta sostener de manera artificial un orden de cosas que desea imponernos la falsa expectativa de que todo tiene plazo en el calendario y una fecha fatal que sabemos que es imaginaria.  La forma en que hemos escapado una y otra vez a las diversas representaciones del autoritarismo son una demostración de la naturaleza democrática del costarricense.  De la misma manera podremos nivelar de nuevo la sociedad desigual que nos legaron las elites políticas de reciente data que no supieron estar a la altura de las circunstancias.

Los grupos políticos y económicos que han gobernado en los últimos años, todos caben en una sala, serán superados por la realidad, su paso marginal por la política será olvidado, porque ellos son sencillamente una generación que carece de identidad, y su paso por la economía será recordado solo por el deseo descontrolado de hacer negocios y concentrar riqueza.  Estos grupos pequeños no forman parte de la historia de Costa Rica, pronto serán fantasmas, imágenes borrosas, un ejercicio de la ficción, recuerdos que la gente de bien que es mayoría en este país, solo tendrá presente para no repetir los errores del pasado cercano, porque la confianza, lo hemos aprendido a fuerza de equivocarnos, debe ser un bien preciado y respetado.

Lo que viene en el año uno del bicentenario es una tarea de recuperación de espacios, de metas, de objetivos nacionales, de equilibrios, de reconciliación, de superación del conflicto e identificación de lo que nos es común, natural y conveniente.  El país que se aproxima lo volverán a tener el conjunto de las y los mejores costarricenses, y no será más de unos pocos.  El liderazgo que vendrá, tiene una ocasión propicia para el entendimiento, la sustitución de los mediocres desempeños, el ejercicio responsable, humilde, respetuoso y confiable de los deberes públicos.

Tengamos fe, pronto volverán hombres y mujeres de todas las edades que serán capaces de entender las oportunidades que tiene la patria cuando está se asume como una responsabilidad compartida, cuando los que la habitan, comprenden que la idea de la justicia no es una concesión, o una aspiración, sino un derecho por el que vale la pena luchar e incluso morir. Si queremos, podemos, si en nuestra voluntad hay un deseo irrefrenable de superar este tiempo que nos ha tocado vivir, tendremos la posibilidad de hacerlo, para eso solo necesitamos unirnos, y mirar juntos ahora, la Costa Rica que podemos construir y no solo soñar.


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