Francisco Flores. La revista: ideario costarricense del siglo 21

Hagamos de La Revista, algo orgullosamente nuestro, es decir, de todos y todas aquellas expresiones vitales en esta cofradía maravillosa que es Costa Rica, que hoy forma parte espiritual de la aldea global de las comunicaciones que propenden a enlazar todo lo mejor de la humanidad.

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Francisco Javier Flores Zúñiga, Relaciones Internacionales y Educación (Msc.) Escuela de Relaciones Internacionales, Universidad Nacional

Con la humildad que es característica de quienes no creen saberlo todo, pero están dispuestos a aprender, surge en nuestro medio un ateneo de la palabra, la prosa, la poesía y la expresión de un pueblo que tiene mucho que pensar, mucho que decir y mucho que compartir.

La Revista, un medio electrónico, donde confluyen la diversidad de opiniones, y la integridad del pensamiento de los habitantes de este pequeño espacio en construcción llamado Costa Rica, ha venido a resolver para bien de nuestra república, el rescate de la escucha, y de la expresión del ser costarricense.

En este sitio que la tecnología de las comunicaciones nos provee, un grupo de patriotas todos conocidos y unidos por sus historias de servicio y amor a Costa Rica, entregan numerosos esfuerzos de reflexión, pensamiento e ilusión sobre el presente y el porvenir, no ya de la patria, sino del mundo.

Como revista de cultura francesa, hay lugar para que dos o más voces divergentes, se combinen armoniosamente con aquellas no menos convergentes, todos caben cuando la condición para publicar es el compromiso con la libertad de pensar, la capacidad de crear y con la irreductible solidaridad hacia aquellos que se sienten representados y expresados en la prosa, el verso y la palabra.

Desde los tiempos de Ángel Coronas en los años cuarenta, no se recogía semejante ideario cotidiano del pensamiento costarricense, donde la mayor aspiración de todo columnista es recoger el verso de Debravo, “soy hombre, animal con palabras y exijo que me dejen usarlas”.

Pasaron muchos años en Costa Rica, para que todos tuvieran la oportunidad de que sus artículos llegasen sin editar a las galeras de un medio de comunicación, todos democráticamente hablando aspiraban a tener un espacio como el don Cristian Rodríguez, don Eugenio Benavides, Rodolfo Cerdas, Alberto Cañas, Alberto Di mare, a quienes un editor en Jefe jamás se animó a recortar o editar sus reflexiones profundas, críticas y abiertas.

La Revista no está hecha por periodistas, está hecha de retazos del alma nacional, de esperanzas y promesas que sustentan la realidad de nuestro quehacer, y forma sin quererlo, parte de nuestro proyecto nacional, donde todas las voces son escuchadas, y mejor aún, pueden ser distinguidas por el valor de la palabra empeñada en la construcción de un camino que conduce a la convivencia y el respeto por la diferencia.

El país, necesitaba un espacio de expresión, capaz de reunir con equilibrio, ideas, conceptos, y aspiraciones.  Sin recursos, pero con una idea ingeniosa sobre cómo hacer comunicación en internet, los fundadores de la Revista, han dado con este maravilloso concepto al servicio de la inteligencia y la razón.  Puede que sea necesario que reciba aportes económicos para su sostenibilidad operativa futura, pero nunca lo serán para reducir la opinión libre y fundada de sus columnistas y sus suscriptores.

Hagamos de La Revista, algo orgullosamente nuestro, es decir, de todos y todas aquellas expresiones vitales en esta cofradía maravillosa que es Costa Rica, que hoy forma parte espiritual de la aldea global de las comunicaciones que propenden a enlazar todo lo mejor de la humanidad.

 

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