Francisco Flores: Problemas con Nicaragua

En dicho contexto, el interés nacional costarricense no siempre se ha derivado de un pretexto, es decir un texto sacado de contexto, sino a partir de una constante, es decir, de un antecedente o de una serie continua de actuaciones que constituyen el acervo, seguro y confiable, que ha permitido a los gobernantes encontrar un curso de acción con respecto a sus relaciones con el exterior.

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Francisco Javier Flores Zúñiga, Relaciones Internacionales.

De don Ricardo Jiménez Oreamuno es aquella sentencia de que en Costa Rica: ” …tenemos tres estaciones: verano, invierno y disputas con Nicaragua” la cual se encuentra en íntima conexión con la permanente confrontación entre el interés nacional costarricense, y el interés nacional esgrimido por el gobierno de Nicaragua, en torno al histórico y casi permanente estado de cosas que suscitan las relaciones intrafronterizas entre ambas naciones.  El examen de los acontecimientos que hoy vive Nicaragua, donde una vez más sus gobernantes optan por la vía autoritaria y antidemocrática confirman que no existe nada relevante, diferente, extraordinario o variable en los ya casi regulares y permanentes problemas en Nicaragua.

Para fundamentar mi dicho, basta recordar que hemos tenido tensiones y conflictos con Nicaragua  en 1821 en virtud de la rivalidad entre la Provincia de Nicaragua y la Capital de Guatemala, en 1823, con motivo de las desavenencias que mediaron entre León y Granada,  en 1835 con motivo de la Guerra Civil de Nicaragua,  en 1850 por la Guerra Civil en Nicaragua , en 1856 por la intervención filibustera en Nicaragua,  en 1865, por nuestra política de Asilo, en 1869, por la Guerra Civil en Nicaragua, en 1885  por la Guerra Civil en Nicaragua, en 1908 por la Guerra entre Nicaragua y Honduras, en 1909, por la Guerra Civil en Nicaragua, en 1919, por el movimiento revolucionario contra los Tinoco,  en 1926 por la Guerra Civil en Nicaragua, en 1948 por la Invasión desde Nicaragua,  en 1955  por la invasión desde Nicaragua, en 1960 por los movimientos revolucionarios internos de Nicaragua, en 1980 por las tensiones de la Revolución Sandinista, en 1985 por los movimientos de la contrarrevolución que llevó a la  ruptura de relaciones diplomáticas por la muerte de cinco policías costarricenses, y durante los últimos treinta años, con los distintos gobernantes de Nicaragua, por el Derecho a la  libre Navegación de Costa Rica en el Río San Juan, que culminó con el último fallo emitido por la Corte Internacional de Justicia.

Puestas en perspectiva histórica la regularidad de las tensiones originadas por Nicaragua, que van más allá de nuestra reiterada neutralidad frente a sus conflictos internos,  y nuestra demostrada política de paz, tolerancia, cooperación, económica, social y humanitaria, solo cabe expresar aquella frase popular que dice que uno puede escoger sus amigos, pero no sus vecinos, frente a los cuales la robustez de nuestra tolerancia y buena voluntad con un país limítrofe, no encuentra punto de comparación alguno en el mundo.

Nuestra frontera con Nicaragua, es un espacio donde los proyectos de desarrollo, que bien podrían concretar las esperanzas de los pueblos de ambos lados del Río San Juan, no reciben la atención del Gobierno Nicaragüense que encuentra siempre en ellos la ocasión para alterar el orden de nuestras relaciones internacionales, azuzando artificialmente controversias que unas veces alimenta una hoguera de palabras, y otras veces explica el entramado de provocaciones a las que nuestro país está lejos corresponder, porque la afirmación de nuestros  derechos, no se confían al despliegue de la fuerza, sino al uso de todos los instrumentos que el Derecho Internacional provee a las naciones civilizadas para dirimir sus diferencias y atenuar el desborde de las pasiones nacionalistas infecundas.

En dicho contexto, el interés nacional costarricense no siempre se ha derivado de un pretexto, es decir un texto sacado de contexto, sino a partir de una constante, es decir, de un antecedente o de una serie continua de actuaciones que constituyen el acervo, seguro y confiable, que ha permitido a los gobernantes encontrar un curso de acción con respecto a sus relaciones con el exterior. Para quien examine con espíritu de rectitud y honestidad intelectual la historia patria, resulta claro que la paz es uno de esos casos en donde la definición del interés nacional no puede ser menos irreductible.  Es un lugar común en los gobiernos costarricenses trazar siempre un curso de acción ante un entorno amenazante y preñado de las más diversas presiones endógenas y exógenas, el cual por lo regular se funda en un interés nacional, sustentado en las tradiciones y no sobre pretextos interpretativos con los que otros gobiernos pretenden ver la política internacional. Por eso, antes que un reflejo de la justificación de sus decisiones, entendemos que el interés nacional ha sido un punto cierto desde el cual se ha desarrollado nuestra política y se le ha dado curso a toda nuestra acción internacional.[1]

Todos estos intereses han tenido su mejor desarrollo dentro de la historia nacional, ya que, desde la Independencia, Costa Rica ha dado su contribución inequívoca a la lucha por la libertad, la dignidad humana, los derechos humanos y la independencia económica. Por eso uno y otro interés están interrelacionados: la supresión de uno atenta de un modo contundente contra el otro. No obstante, es común que muchos consideren que en la definición del interés nacional exista la tendencia a utilizarlo como retórica política que permite más la legitimación de las decisiones y acciones que la adopción de un criterio bien fundado para determinar cómo debería ser la política exterior que ha de adoptarse.

En el caso costarricense, tal definición no ha carecido de valor y ha servido a los responsables de la política exterior para implementar políticas conscientes, con base en objetivos razonables ante situaciones particulares que exigían actuar con prudencia. De esta experiencia no surgió una retórica oficial, sino un conjunto de principios regulares que guiaron en lo sucesivo a los gobernantes en diferentes circunstancias.

Ciertamente no es una tarea sencilla en política exterior, manejar la diversidad y cantidad de valores e intereses que están en juego, no siempre es posible armonizarlos. Por ello no solo hay riesgos que correr sino muchos valores involucrados en cada situación, la cual puede orientar la decisión del gobernante en diferentes sentidos. Con tal fundamento, resultaría incomprensible que, en una circunstancia de una nueva escalada de violencia civil como la que se avizora en Nicaragua, un país que no tiene ejército permanente como Costa Rica, buscara insensatamente intervenir participando en una ofensiva abierta contra Nicaragua. Un Gobierno cuyo interés nacional reside en la paz y la desmilitarización, no puede enredarse en complejas alianzas bélicas o ceder a las presiones que lo arrastrarían a un entorno lleno de incertidumbre. Sus decisiones deben ser el resultado no de un acto ante sí mismo, sino ante los demás, es decir, el resultado de una decisión basada en la cuidadosa consideración del interés nacional.

El interés nacional costarricense es similar en este sentido a conceptos tales como el bienestar nacional y el interés público. Así, el interés nacional abarca una variedad de subtemas que compiten por influir en la conducción de la política exterior.

La próxima administración del año uno del bicentenario debe considerar si decide adoptar una política exterior más democrática, cuyo origen sea la nueva concepción teórica que hoy ve la diplomacia no como un asunto de gabinete, sino de acuerdo con las implicaciones que tiene sobre esta el advenimiento de cambios importantes en la tecnología y en la economía. Tales cambios condujeron a la transformación de lo que se denomina política “exterior” e “interna” dentro del sistema internacional, cuyas diferencias se vieron socavadas durante las últimas décadas, precisamente por una mayor democratización de las relaciones internacionales, en las que intervienen ya no solo el Estado, sino un conjunto diverso de actores, con intereses muy opuestos y con el apoyo de fuerzas sociales que se mueven en uno y otro sentido.  Los asuntos de la política interna como la energía, la alimentación, la economía y el comercio, traen consecuencias tanto internas como externas de manera que el concepto de interés nacional, dentro de la política exterior, abarque la interrelación entre los aspectos internos y externos de cualquier tema que sea objeto de su atención.

Definidas las bases de nuestro interés nacional, debemos exhortar a nuestro pueblo, para que haga sentir su voz, y pueda expresar la necesidad de manejar la actual deriva autoritaria del  gobierno de Nicaragua, dentro de los límites y las seguridades que otorga el Derecho Internacional, confiar en las resoluciones de los organismos internacionales, y preservar la calma necesaria, para recordar a nuestros gobernantes  el noble consejo de un extraordinario Ministro de Gobierno el periodista Armando Vargas Araya, quien dijo “ la prudencia es la más alta virtud política,  conjuga la sabiduría y la entereza, el arrojo y la moderación, el discernimiento y la persistencia en la acción, persuadidos, en fin, de que la Prudencia es la facultad de orientarse en la historia.”


[1] En la política exterior de Costa Rica, el interés nacional se ha podido afirmar en los siguientes principios: La defensa territorial. El ejercicio pleno de la soberanía política.  El desarrollo y la consolidación de la democracia. Él respeto al Derecho Internacional El derecho a la paz.

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