Francisco Flores: Relaciones Internacionales en un mundo en crisis.

Para los países como Costa Rica, la política exterior debe ser el mejor instrumento para encarar los vertiginosos cambios en el mundo en medio de esta crisis

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Francisco Javier Flores Zúñiga, Relaciones Internacionales y Educación (Msc.) Escuela de Relaciones Internacionales, Universidad Nacional

Michael Brodsky exembajador israelí escribió recientemente “Una pandemia global no es el mejor momento para la diplomacia. Las fronteras se están cerrando, los foros internacionales han sido cancelados, las visitas se han pospuesto y las negociaciones están en espera indefinidamente. El trabajo de la mayoría de las misiones diplomáticas se limita a monitorear la información sobre la propagación del virus y ayudar en la repatriación de ciudadanos varados en países extranjeros. Los diplomáticos están ocupados llevando a los ciudadanos de su país a bordo del último avión a casa antes de que las fronteras cierren herméticamente.”[1]

Ciertamente, estamos frente a una situación insólita, inédita, pero también desafiante, capaz de despertar nuestra energía creativa y aprovechar las ventajas que tenemos como país pequeño en el campo de las relaciones internacionales, hoy contamos con más experiencia, más recursos más talento y más capacidades que nunca.  ¿Qué debemos hacer los que están en la acción pública, los que se desempeñan en el campo privado y los que están preparándose en las universidades?

Debido a su posición y dimensión geográfica, a su condición económica y a su desarrollo político y cultural, Costa Rica puede en esta crisis desarrollar una respuesta integral consistente para definir una estrategia internacional que configure  sus ventajas y desventajas, al definirlas de acuerdo con sus posibilidades dentro de las relaciones internacionales, porque un Estado pequeño necesita de un buen manejo de sus relaciones externas, las cuales debe ejecutar con estricto apego al criterio de selectividad, oportunidad y eficiencia.

A la luz de las tradiciones, y en contraste con la interdependencia y la globalización, es que hoy se han generado una serie de tendencias contrapuestas, motivo por el cual se puede afirmar que es poco menos que esencial para un país como Costa Rica, la necesidad de adoptar, dentro del marco básico de su política internacional, una estrategia capaz de afrontar los cambios que la importancia de la política exterior, tanto en el plano externo como en el interno; este fenómeno es consecuencia de la creciente integración internacional y se origina también en la progresiva politización de ciertos temas que en el pasado estaban más o menos reservados a los académicos o a los diplomáticos.

La crisis actual es un fenómeno que incluye la proliferación de nuevas formas de articulación internacional con los países, dado el creciente número de actores internos cuyas actividades nacionales se ven afectadas por sus vinculaciones externas y por la ampliación de los sectores sociales que se sienten involucrados y presionan por obtener ciertos resultados o evitar ser excluidos de las decisiones.

Conocimiento, más que un instrumento de trabajo es la clave para responder al reto actual de la sociedad internacional. Lejos de cualquier pretensión, los Estados pequeños tienen en la información y en el conocimiento recursos intangibles cuya capacidad todavía ignoran. En un mundo tan interdependiente, el manejo adecuado de la tecnología es un recurso inagotable que puede ser una fuente de posibilidades y de alternativas productivas imponderables.

Por eso la percepción costarricense sobre el desarrollo de las relaciones internacionales se orienta de modo inercial a priorizar la materia sanitaria y económica de manera simultánea, dada las particularidades de la pandemia. No solo estamos sometidos a la presión externa, sino en respuesta al interés nacional del país, el cual exige que todos los recursos disponibles, en especial los de la política exterior costarricense, respondan eficazmente a los retos de la salud, y la economía. Al ser estos los ámbitos en los que se ubica la mayor demanda social, el desafío costarricense que se presenta consiste en crear mejores condiciones para asegurar el bienestar del mayor número de personas.

Si bien en el pasado, y en el presente, el país ha recurrido a la deuda externa para obtener los recursos que necesita para su desarrollo, con resultados apreciables tanto materiales como espirituales, también es cierto que la deuda constituye una pesada carga, y en un artículo anterior, al tenor de la tendencia de los organismos financieros internacionales sugerí una renegociación de la deuda externa en condiciones que le permitan destinar recursos a las necesidades de salud y de la economía locales. Hoy, el país no puede producir de forma más eficiente y distribuir más equitativamente, porque la economía no está en capacidad de responder adecuadamente.

Lejos estoy de sugerir el desatender las obligaciones internacionales en el campo financiero, pero en un contexto donde la economía interna pierde capacidad y dinamismo, es posible que dependamos más del apoyo y la solidaridad de los organismos internacionales y aquellos Estados que estén dispuestos a apoyar nuestras demandas. Pero, a diferencia de ayer, la competencia de hoy por recursos contra la pandemia y los efectos sobre la economía global exige que la cooperación sea distinta, porque ya no se trata de buscar la cooperación tradicional sino de obtener alivio financiero, para sobrellevar la crisis interna, sin dejar de ofrecer cooperación a otros Estados. De este modo, se podrá identificar oportunidades para la complementariedad de nuestras relaciones económicas y diferenciar el enfoque global de nuestra política exterior en medio de la pandemia.

La Academia puede contribuir de un modo ilimitado a mejorar la percepción sobre la situación nacional y la capacidad del Estado costarricense para interactuar en un mundo interdependiente donde el objetivo a alcanzar sea la cooperación solidaria.  Mientras tanto el Ministerio de Relaciones Exteriores puede adecuar nuestro servicio exterior a la tendencia moderna que hoy se identifica con en el rediseño de una nueva concepción en la acción diplomática basada en el uso de tecnologías y con ello acentuar la capacidad negociadora de nuestros representantes en el mundo.

La tendencia ha sido a la expansión del margen de maniobra internacional de los países medianos y pequeños, hasta el punto de que hoy son pocos los que no enfrenten la posibilidad o el desafío de ensayar políticas exteriores más activas con el propósito de evitar perjuicios y conseguir logros significativos por ese medio. Pero como toda crisis es una oportunidad nuestro país tiene en la diplomacia un recurso pos pandemia de infinita riqueza y potencialidades.

Hoy cobran relevancia dos decisiones estratégicas en política exterior, recogidas dentro de las recomendaciones de la Comisión Especial Presidencial, para analizar la situación del Servicio Diplomático y Consular de la República y el funcionamiento del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto (Naranjo, 1997).

1)         Fortalecimiento político del Ministerio de Relaciones Exteriores para transformarlo en cabeza real de todas las relaciones externas por encima de las divisiones burocráticas y administrativas. Esta es una de las mejores oportunidades para hacer y adecuar el marco normativo del país, de modo que podamos convertir a la Cancillería en la primera línea de nuestra acción internacional pos pandemia.  Una reforma a nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores, debe superar el debate de corto plazo del Estatuto del Servicio Exterior, y concentrarse plenamente en el fortalecimiento de sus ejes de coordinación con la cooperación internacional y su impacto en el desarrollo nacional.  Formular política exterior de modo coherente con nuestra política interna es el desafío de largo plazo que tenemos.

2)         Dar mayor énfasis a la conducción de las relaciones económicas y financieras, las cuales la Cancillería siempre debe dirigir políticamente. El sector externo de la economía costarricense es demasiado importante para dejarlo únicamente en manos de un equipo tecnocrático.  Todavía no me son comprensibles las razones por las cuales el país ha puesto el proceso de ingreso de Costa Rica en la OCDE en manos del Ministerio de Comercio Exterior. Pero dada la evolución de este proceso, conviene un relevo inmediato de Comex por parte de la Cancillería, toda vez que la agenda de inversiones y comercio es solo una parte de los diversos y complejos trabajos de la OCDE, cuyo centro está en la adopción de políticas públicas internas que orienten el país hacia el desarrollo y la innovación.

Finalmente, es necesaria una mayor participación de otros poderes del Estado en la política exterior como lo es el caso de la Asamblea Legislativa, cuyo reglamento interno, en concordancia con la Constitución Política, le otorga funciones de control ineludibles en la Política Exterior del Estado, la cual lejos de ser una aspiración, es su razón de ser en virtud de su función política. La cual no puede eludir la necesidad de fortalecer el sistema democrático costarricense, pues es conveniente hacer partícipe a la sociedad de las decisiones que adopta el país a nivel internacional, ya que estas, hoy más que nunca, tienden a afectar la vida de los miembros que la conforman, como producto de la globalización. De este modo, se puede afirmar que las relaciones exteriores no pueden, en cualquier sistema de representación democrática, excluir el consentimiento de la población, pues este provee la legitimidad necesaria para cualquier acto adoptado por las instituciones de un Estado o una organización internacional.

Si la política mundial es algo más que la mera suma de políticas nacionales y la política exterior constituye una intersección de la política mundial con la política doméstica. Para los países como Costa Rica, la política exterior debe ser el mejor instrumento para encarar los vertiginosos cambios en el mundo en medio de esta crisis ; pues, si a principios del siglo XX la política exterior era el campo exclusivo de estadistas, de diplomáticos y de militares en el nuevo milenio,  la política exterior es  de la incumbencia inmediata de todo ser humano, más aún cuando se refiere al futuro y la sostenibilidad de nuestra democracia, amenazada por una pandemia mundial y la incertidumbre sobre el rumbo de la economía global.

[1] https://www.jpost.com/Opinion/Diplomacy-after-the-coronavirus-623586

 

 

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