Francisco Flores: Sembrando justicia, cosechando igualdad

“Siembra un pensamiento, cosecha una acción; siembra una acción, cosecha un hábito. Siembra un hábito, cosecha un carácter; siembra un carácter, cosecha un destino», dice el proverbio chino.

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Francisco Javier Flores Zúñiga, Relaciones Internacionales.

Hace cuatro décadas, poco después de la creación de la Universidad Nacional, un movimiento de trabajadores comprometidos con la realización plena de la justicia y la igualdad, dieron luz a un emprendimiento social y económico cuyas aspiraciones trascendentes eran servir y trabajar juntos por alcanzar los valores irreductibles de la libertad y la solidaridad.

En los linderos físicos y espirituales de la nueva Universidad Nacional, nace el Fondo de Beneficio Social bajo la inspiración de una comunidad universitaria que entiende como ninguna otra, su compromiso social y humano, con su labor educativa, la cual le define como necesaria. En ella convergen de un modo singular el acervo histórico y social que la distingue y la convierte en una universidad del pueblo.  Porque en ella la ciencia, las artes y las letras, se expresan en una diversidad de formas y realizaciones concretas que han permeado e influenciado de manera poderosa el desarrollo de nuestro país, mediante el esfuerzo y el compromiso inequívoco de sus trabajadores en su ruta de servicio al ideal de una patria más justa y más libre.

Vinculada a una idea social, edificada sobre la participación económica de los trabajadores, el Fondo de Beneficio Social, surge como una respuesta inequívocamente universitaria, pero esencialmente costarricense, en la que dialogan las distintas miradas del movimiento social que ha hecho posible a Costa Rica.  Ciertamente las ideas convergentes del sindicalismo, el mutualismo, el cooperativismo y el solidarismo iluminaron el camino de un proyecto social que ha trascendido el tiempo, creando las condiciones para la realización plena del ser universitario.

Entre 1982 y el año 2022. el fondo de beneficio social de la Universidad Nacional, ha experimentado una transformación social y económica sin precedentes, la cual ha sido posible, no tanto porque las aspiraciones de las distintas fuerzas sociales que la componen, hayan podido conquistar posiciones irreversibles, sino porque las que siguen no serán tan fáciles de concretar, por el solo hecho de mencionarlas.  El impulso que el fondo de beneficio social le ha dado la justicia y la igualdad, no son solo el resultado de las luchas de uno u otro movimiento social especifico, sino la confluencia del dialogo, el acuerdo y la construcción progresiva de nuestra historia universitaria.

Si la naturaleza de la justicia y la igualdad es estar en permanente unidad, es porque ninguna puede estar separada de la otra, ambas deben establecer su propio equilibrio, y en la universidad que configura nuestra utopía particular hemos aprendido una lección universal: si la una prevalece sobre la otra desaparece. No podemos vivir en los extremos de la justicia sin que se expandan las desigualdades, como tampoco en la creencia de que la máxima igualdad no suprima el concepto mismo de la justicia.

Muchos de estos llamados compromisos sociales se adoptan como consecuencia de la formación de la Universidad y se reflejan en el Fondo de Beneficio Social, influenciando la vida de los trabajadores, los grupos sociales de los que forman parte y sus familias. En su fase fundacional, la solidaridad se constituyó un elemento determinante para su supervivencia, después lo fue el trabajo organizativo, acto seguido lo fue la fuerza social que configuro, y a continuación su dimensión económica, etapas que fueron posibles, sin dejar de encarar las inevitables tensiones de cada época. Y en medio de estos procesos de cambio, los universitarios que son parte del fondo han luchado por inspirar y forjar una estructura social capaz de responder a las demandas de la justicia e igualdad.

Sin embargo, los embates de la revolución neoliberal provocan, y demandan una respuesta social que los contenga, porque su finalidad ha sido precisamente no solo desintegrar esta herencia social de la justicia, sino convertir en mercancía a los hombres, y también a las mujeres y los niños. De la mano de las innovaciones tecnológicas, los cambios sociales se impusieron rápidamente, pero también los económicos se hacen difíciles de contener.  En este contexto la universidad discute sus razones económicas, pero también sus razones sociales Porque donde la educación y el trabajo plantean sus dudas, las consecuencias son la superación de los viejos conceptos económicos, que comienzan a ceder y replantean la respuesta de la sociedad.

El siglo veinte fue el espacio donde el Fondo de Beneficio Social, encaro los difíciles contextos producidos por las corrientes mundiales y locales que intentaron reducir los derechos sociales y económicos de los trabajadores. En tal circunstancia esta organización ha sido el instrumento idóneo de los universitarios para contener los cambios en las conductas de los grupos hegemónicos de la sociedad que de nueva cuenta derivan de las tensiones naturales de todo proceso transformador.

A principios del siglo veintiuno, la sociedad costarricense, ha tenido una profunda transformación en su estructura política, económica y demográfica, impulsada por la diversificación de la producción, la revolución en la salud y la educación cuyos impactos culturales en su conjunto no pasan desapercibidos. Hay evidencias del progreso material y de un cuestionamiento del orden social en que la dinámica entre justicia y libertad ocupa el centro de todos los cambios que concurren a nivel mundial, y en la que la lucha entre lo material y lo espiritual es irrefrenable.

El debate moral y social heredado desde y hacia el nuevo milenio, versa sobre la defensa de los derechos humanos de primera y segunda generación, pero también de la incorporación de los de tercera generación.  Para cada una de estas demandas, hay un segmento social activo en una sociedad donde las demandas de las mayorías se concentran en las oportunidades de acceso a la riqueza. Frente a esto, la desigualdad social ocupa el centro de una política pública que ni estructural, ni orgánicamente logra disminuirla por debajo del tercio de la población, convirtiéndose en el objeto de continuas decepciones que van desde el Estado paternalista, benefactor, intervencionista y clientelar.

Junto al debate social expuesto, pero pospuesto, el Fondo de Beneficio Social impulsa un proyecto exitoso en el campo económico, pero sobre todo en el ámbito de la solidaridad.  Conectado a la nueva dinámica cultural y tecnológica del presente siglo, quiere ser parte junto a la clase trabajadora organizada de una etapa activa e influyente del cambio que la sociedad experimenta. Frente a la exigencia de imaginación y capacidad para gestionar un contexto de crisis económica y una poscrisis sanitaria producida por el Covid-19, que entre ambas profundizaron el desempleo, el cierre de la economía, la quiebra de empresas pequeñas y el aumento de la criminalidad, aunado a la violencia social y restricciones sensibles en materia de libertades públicas, los universitarios tienen que están dispuestos a ofrecer respuestas coherentes y consistentes.

La historia del Fondo de Beneficio social es una historia de participación democrática, de organización económica, de responsabilidad social en la que sus aportes han estado unidos a sus propósitos.  En el contexto universitario ha forjado una fuerza económica y social determinante que influye en la vida de los trabajadores y se extiende a la ciudadanía en la medida en que sus principios fundadores, son un modelo para poder aspirar a mayores grados de progreso y desarrollo humanos.  En estos cuarenta años, no solo se ha dedicado a resolver problemas sociales y económicos cuidando que ambas funciones mantengan sus oportunidades, e impidiendo que una menoscabe a la otra.  Su función ha sido promover la lucha contra todo lo que disminuya la dignidad humana, promoviendo el dialogo, el acuerdo y el trabajo cooperativo para superar las diferencias y profundizar las convergencias.

En tal sentido, el Fondo de Beneficio Social resume una historia de siembra en el campo de la justicia y de cosecha en las aspiraciones de igualdad, los cuales nos plantean, la ruta del porvenir, que debemos construir de manera concurrente, mirando juntos hacia el mismo punto, por encima de las diferencias, dado que este entendimiento definirá en el presente, el futuro de la universidad del pueblo.

Básicamente, el Fondo de Beneficio Social entiende que el carácter social está compuesto por nuestros hábitos económicos. Los hábitos económicos son factores poderosos en nuestras vidas. Dado que se trata de pautas consistentes, a menudo inconscientes, que de modo constante y cotidiano expresan nuestro compromiso social y generan nuestra efectividad, influyendo en nuestra calidad de vida.

El Fondo de Beneficio Social apoyado en el pensamiento de Horace Mann entiende que: «Los hábitos son como hebras. Si día tras día las trenzamos en una cuerda, pronto resultará irrompible». O como dijo Aristóteles. «Somos lo que hacemos día a día. De modo que la excelencia no es un acto, sino un hábito».  Nuestros hábitos económicos en la universidad de la mano del Fondo de Beneficio Social han desarrollado nuestro compromiso social, convirtiéndola en una organización que nace y se hace de la voluntad y la unidad de los trabajadores de la Universidad Nacional.

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