Francisco Javier Flores Zúñiga, Relaciones Internacionales.

Leo en Corintios 5:17 “La vida antigua ha pasado, ¡una nueva vida ha comenzado! y pienso que este año y los venideros serán el cumplimiento de esta promesa, un desafío para aquellos que nunca renunciamos a dejar pasar una oportunidad.  Discurre el nuevo año, con el mundo todavía en guerra, con dificultades sin freno para aquellos que no tienen las mismas condiciones de bien estar, en una sociedad que discrimina y excluye, pero donde prevalece la esperanza, que no permite que se extinguían los sueños de aquellos que siguen insuflando los ánimos y la convicción de que las cosas no solo pueden ser mejores, sino distintas.

Un nuevo comienzo tengo en mis haberes, he dejado atrás mi paso por la administración pública y la Asamblea Legislativa donde tuve la oportunidad de ser parte de una enorme comunidad de personas inteligentes y creativas, de las cuales aprendí y de las cuales recordaré sus consejos y las convicciones que hoy tengo sobre lo que el servicio a los costarricenses significa. Haber compartido un espacio temporal de mi vida con muchas generaciones de Presidentes, ministros, diputados, consejeros, expertos, líderes y lideresas de todos los estratos sociales, económicos y políticos fue un privilegio. Fui un estudiante cuando inicie mi paso en 1982 y sigo siendo un estudiante después del año 2022, soy parte de la realidad social, del ser y haber costarricenses, dentro de la cual me forme y aprendí lo básico y lo esencial sobre la convivencia, la tolerancia y el autodominio. No siempre logré realizar mis ideas de la justicia, la libertad y la solidaridad, pero al menos cada noche regresé  a mi casa con la convicción de haberlo intentado.

Un nuevo comienzo despierta mi ánimo en la edad madura, no quiero rejuvenecer, me gusta mi edad y la disfruto. Entiendo mis limitaciones, pero nunca he despreciado las posibilidades de ampliar mi visión del mundo. Quizá haya dejado desatendidas algunas competencias, pero eso no implica que pueda llegar a adquirirlas muy pronto. No hay en mi corazón sentimientos de pesar, o de rencor, solo hay en mi perdón, hacia mis numerosos errores y si los hubo en otros, sencillamente no los recuerdo. Conocí y llegué a querer a las personas que me fue posible, existirán aquellas a las que no pude, pero no renuncio a poder llegar a comprenderlas. Nunca disimulare mis deudas y mis obligaciones personales, cada una de ellas las atenderé y las cubriré con la plena consciencia de que todo en mi vida se la debo a alguien y a muchos. No somos autoconstrucciones, ni proyectos autónomos, todo en nuestra vida es el resultado del aporte de aquellos que nos aman y de los que no nos conocen lo suficiente. Al fin de cuentas somos como catedrales enormes e inconclusas donde se albergan miles de recuerdos y millones de sueños sostenidos con fe y esperanza, pero sobretodo con amor.

Un nuevo comienzo, se abre ante mis ojos, y mi primera mirada es tan ingenua, como llena de ilusión. Este es un mundo donde las certezas solo existen en el cielo. En la tierra todo es y será siempre conseguir el pan con el sudor de la frente. Lo cual no es un castigo divino, sino una bendición, porque es hermoso saber que cada cosa buena que hagas en esta vida, requiere trabajo, esfuerzo, disciplina y no suerte o magia. Cada minuto, cada día, cada segundo es un espacio de vida, de creación, de imaginación y de entrega a los demás. La vida no es un hecho individual, es un proceso colectivo, asociativo, cooperativo, dialógico y perfectible.  Nada nos pertenece, todo es prestado, nada nos llevamos, todo lo dejamos. La felicidad no existe en forma corpórea, es un sentimiento, es una emoción, es una opción en fin una manera de vivir la vida, sin importar las condiciones o las imperfecciones que tenemos.  Ser feliz no es más que una elección entre muchas opciones, y es probable que, en ese acto, encontremos el significado de lo efímero, lo superficial, lo trascendente, lo sencillo, lo complejo y lo esencial.

Un nuevo comienzo, se abre a mi paso, veo con alegría que el pasado no me define, tan solo me sirve como una lámpara, para poder iluminar lo que no conozco, lo que no entiendo, lo que no he amado, porque lo que está por delante de mí y a eso me dirijo de modo inexorable, solo puede ser un sendero de estrellas lejanas, desconocidas, brillantes que deseo descubrir, contemplar y apreciar.  Me acompañan los mejores momentos de mi vida, mi esposa, mis hijos, mis nietos por venir, mis amigos, y lo nuevos por conocer, mis proyectos, y mis nuevos desafíos.  Tengo la misma inseguridad de ayer, pero la puedo equilibrar con la seguridad de lo vivido, de lo amado, cuento con lo suficiente, y lo necesario para aproximarme hacia el camino que me conduce a donde todos hemos de llegar algún día, siempre solos pero agradecidos.

A mi lado, están las personas que siempre han estado conmigo, y las que no, también las extraño, y les deseo todo lo mejor. Tengo muchos libros por leer, otras lecturas para releer, tengo imágenes para recordar, y las que no, Dios sabe mejor por qué no puedo. La vida es un nuevo comienzo cada día y en ese inicio nos jugamos todos los días un sueño, una utopía, una esperanza, que solo la fe sostiene y realiza cada instante. He aprendido varias cosas importantes, perdonar, amar, recordar, agradecer, sentir, llorar, reír, trabajar, descansar, viajar, leer, mirar, creer, esperar, olvidar, luchar, y he desaprendido todo aquello que me aleja de Dios y de lo humano. Veo y escucho menos de lo que quisiera, pero me esfuerzo por aprovechar la poco que recibo de la vida, aquilatando su valor, expresándolo en emociones y en nuevas convicciones sobre el destino del ser humano, del cual Teilhard de Chardian nos dice, “Nada vale la pena de ser encontrado sino lo que jamás ha existido aún.  En la escala de lo cósmico solo lo fantástico tiene posibilidades de ser verdadero. Nosotros mismos somos nuestro peor enemigo. Nada puede destruir a la Humanidad excepto la Humanidad misma.”

Quiero agradecer a todas y cada una de las personas que en los últimos cuarenta años me dieron una razón para amar a Dios, para amar todo en el ser humano, y para entender que la vida no es solo respirar, que todos somos una promesa, porque en cada uno de nosotros existe el sello de Dios, que es la dignidad que nos vuelve irreductibles, y nos permite ser y estar en este mundo. Seguiré aprendiendo, y compartiendo con mis estudiantes, seguiré queriendo y perdonando a mis amigos, porque ellos siempre lo hacen conmigo. Seguiré dando todo lo mejor a mi familia y a mis hijos porque ellos me necesitan, tanto como yo a ellos. Seguiré detrás de cada sueño nuevo y puro que el corazón de la patria despierte, seguiré siendo un optimista bien informado con relación a la política, seguiré escribiendo desde la Revista.cr hasta que lo haga bien y cada vez mejor. Seguiré cada comienzo de mi vida, pensando inequívocamente que este siempre nos llevará por el camino que conduce a Dios.  Y otra promesa que aspiro a ver cumplida, de la inspiración intelectual y humana de Chardian es que creo firmemente en que: “Llegará el día en que después de aprovechar el espacio, los vientos, las mareas y la gravedad; aprovecharemos para Dios las energías del amor. Y ese día por segunda vez en la historia del mundo, habremos descubierto el fuego. “A todos mis lectores, que Dios les pague tanta bondad conmigo. Su amigo de siempre en este comienzo de año nuevo,  en el que pido a Dios que  los proteja y los bendiga siempre.

Por Francisco Javier Flores Zúñiga

Estudió Relaciones Internacionales y Educación (Msc.) Escuela de Relaciones Internacionales, Universidad Nacional. Funcionario de la Asamblea Legislativa de Costa Rica. Académico, Escuela de Relaciones Internacionales, Universidad Nacional