Francisco Flores: Un paquete de ayuda emocional

Festejar la vida, se ha vuelto una oportunidad, pero vencer la indiferencia, y contrarrestar la soledad de nosotros y los otros es hoy más que una necesidad. 

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Francisco Javier Flores Zúñiga, Relaciones Internacionales.

Al término de un año en el que los paquetes de ayuda sanitaria, económica y financiera han sido el recurso más utilizado por los dirigentes de muchos países  para ayudar a quienes necesitan  toda clase de apoyos, porque han perdido parte o toda fuente de ingresos,  han visto su salud quebrantada o comprometida por un peligroso virus, y en el peor de los casos han perdido su vida; cabe considerar si estos estímulos han sido los mejores o suficientes para estabilizar la existencia de los habitantes en cada país y que tanto han contribuido a la afirmación de la confianza y el control de la incertidumbre.

Son muchos los líderes que se han concentrado en controlar la amenaza que se cierne sobre la salud, y la economía.  Los dos ámbitos de la vida en sociedad que al parecer más importan, han sido objeto de la atención científica y tecnocrática, no obstante, las acciones que se han implementado si bien no resuelven el problema, han intentado aliviar y disminuir los impactos perversos de una pandemia que resulta difícil aceptar que haya sido imprevisible, cuando sus raíces se encuentran en la conducta humana que es causa y efecto de las circunstancias que hoy experimentamos.

Llama la atención, que el paquete de ayuda emocional, se haya diluido con los dos que he mencionado, o su formulación sea un asunto marginal, bajo el supuesto de que las reservas morales que nos quedan disponibles pueden ser suficientes para vencer los efectos peligrosos de una crisis que quizá muchos consideren una oportunidad, pero que para muchos puede estar traduciéndose en frustración, desánimo, y desesperanza.

Me pregunto, si es posible que mejorando los ingresos o evitando los riesgos sanitarios nuestros congéneres pueden sentirse confiados, seguros, y dispuestos a continuar con sus vidas a pesar de todo el dolor, la tragedia, y el desconcierto que ha producido el hecho simple de que los paquetes de estímulo sanitario y económico son tanto limitados, como temporales y no siempre su cobertura o su impacto es verificable en la realidad.

Si bien es cierto, que la vida humana es lo más importante y, por ende, la atención sanitaria es un soporte indispensable y el tener acceso a los alimentos básicos asegura la supervivencia humana, no es menos cierto que tener confianza, creer y pensar a largo plazo tienen una relación directa con las emociones que experimenta nuestro corazón y que muchas veces la razón ignora. Esa es la difícil cuestión de nuestro tiempo, en la que el esfuerzo social debe ser tridimensional.

Los seres humanos solemos guiar nuestra conducta sumergidos en emociones muy variadas, a las cuales la racionalidad no logra poner freno siempre, se requiere un enorme esfuerzo para poder asumir en momentos de crisis la actitud adecuada que demanda nuestro entorno.  El miedo por ejemplo es una de esas emociones peligrosas, que afectan sensiblemente el comportamiento social que está influenciado por contextos difíciles, en los que las reacciones son diversas: parálisis, inacción, descontrol. De ahí la urgencia de plantear un paquete de ayuda emocional que muchos ignoran o creen es prescindible.

El fin y comienzo de cada año, hace que las emociones estén a flor de piel y en este particular contexto, es evidente que los mensajes muchas veces no suelen identificar y conectar con el estado emocional de muchos de nuestros amigos, vecinos y familiares.  Festejar la vida, se ha vuelto una oportunidad, pero vencer la indiferencia, y contrarrestar la soledad de nosotros y los otros es hoy más que una necesidad.  Estamos obligados a mejorar nuestra capacidad de ser empáticos, y generosos con los otros.  Porque estamos enfrentando una crisis que ha postrado muchos sueños, vencido muchas esperanzas, y debilitado las fuerzas de muchos seres humanos, a quienes la expresión de nuestra solidaridad no debe limitarse a los regalos tradicionales, sino a la acción y la toma de decisiones con los recursos infinitos que hoy proveen las comunicaciones.

Llamar a un ser querido, hablar con un amigo, escribir un mensaje de texto, ofrecer una oportunidad a los otros para que haya comprensión, ejercitar nuestra capacidad de escuchar, confiar en el valor de perdonar, afirmar nuestra confianza, reforzar nuestra cooperación, profundizar en nuestros afectos, vencer el egoísmo, compartir una sonrisa, despertar la esperanza, deben ser parte del contenido de nuestro paquete de ayuda emocional en estos tiempos.

Cada uno de nosotros puede reunir poco o mucho en su paquete de ayuda emocional, pero lo que no puede dejar de hacer es ofrecerlo, dar de sí a los otros y de nosotros a los demás, son cosas que no nos cuestan dinero y no es necesario envolver, estos son: tiempo, afecto, palabras, gestos, que confirmen nuestro potencial como seres humanos para transformar la realidad más dura, complicada y difícil de todas las que hemos vivido en los últimos 200 años siendo parte de este espacio que hemos heredado y llamado Costa Rica.

Tengo puesta mi esperanza en que, para preparar este paquete de ayuda emocional, hay abundantes recursos espirituales en el alma de los costarricenses, puede que el mejor impacto sobre la pandemia y su control definitivo, no sea otro que un desborde de esa energía de emociones positivas sobre toda nuestra geografía nacional. Necesitamos volver a nuestro origen social, basado en la fe, sustentado en el amor al trabajo, y forjado en infinitos gestos de solidaridad, hoy el país necesita apoyar su destino en lo que le da sentido a la convivencia y confirma su esperanza en el porvenir:  el amor a Dios y el amor a nuestro prójimo.


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