Francisco Flores: Un regalo de Fraser Pirie a Costa Rica

Fraser Pirie es sinónimo de empresa, de servicio, de esperanza, de solidaridad, de trabajo, de amor y de sacrificio.   Fraser Pirie es un costarricense que como muchos proviene de una familia de inmigrantes que encontraron fascinante la experiencia de un pueblo único, que supo hacer rica y prospera una tierra cuya riqueza viene del tabaco, el café y la caña de azúcar. 

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Francisco Javier Flores Zúñiga, Relaciones Internacionales.

La noche del sábado 14 de agosto la Revista CR, reunió a doña María Enriqueta Guardia, y don Víctor Valembois, y a quien esta nota escribe para comentar, conversar y agradecer la entrega del más reciente libro de fotografías de Fraser Pirie, costarricenses.  Es una obra donde las imágenes son texto y narrativa de una historia que nos quiere contar su autor.  En ella, Fraser Pirie ha colocado en orden cronológico las ideas y las fotografías que relatan nuestro origen, presente y porvenir en el contexto del bicentenario de la independencia patria.  Todo el libro, es elocuente, dinámico y ordenado, ofreciendo al lector un relato de sí mismo, que logra decir mucho más de lo que se propuso su autor, quien establece con claridad quienes somos, de dónde venimos, que hemos hecho, pero también que podemos hacer.

Costarricenses, es una exposición de nuestra huella histórica, recoge todo el sentimiento y toda la fuerza del ser costarricense, define el carácter de cada apellido venido del norte, del sur del este y oeste del mundo, que ha tenido la oportunidad de llegar a una tierra donde todo es un encuentro no una conquista en su expresión literal.  Donde las aspiraciones, los sacrificios, las esperanzas, son espacios abiertos. Hay en la fusión entre los pueblos originarios y los españoles colonizadores que el ilustra, la expresión sintética de una cultura criolla excepcional.  La identidad costarricense como lo muestra la obra de Fraser Pirie, nos plantea la convivencia, la coexistencia y la construcción de una forma de vida que rompe por completo con el prejuicio, con el rechazo a lo diferente o a lo que viene de afuera.

Las familias inmigrantes como la mía y la de Fraser, que somos nietos y descendientes de padres cuyos idiomas y valores son ajenos, pudieron arribar a Costa Rica y quedarse para siempre porque solo en Costa Rica es factible que se realicen los sueños que no son posibles afuera. Dios para mí, el destino para otros, define sabiamente donde ha de realizarse el regalo de la descendencia. Las mujeres y los hombres que han fraguado este país son una mezcla armoniosa de identidades, y de herencias de adentro y de afuera que han hecho viable lo costarricense.

Si definieramos costarricense, yo diría dícese de aquellos que han podido lograr que lo tuyo, lo mío, lo nuestro, sea de todos para el bien de muchos. Porque aquí las diferencias étnicas, culturales, sociales, económicas no fueron un obstáculo para vincular y unir familias. Aquí el origen de las personas no condiciona su felicidad, porque no vivimos separados por castas o por estratos sociales enfrentados, divididos al extremo de que la supervivencia dependa de la extinción de aquellos que no son como nosotros. Por el contrario, aquí hemos tenido la oportunidad, de aprovechar el talento, la vitalidad, la riqueza, el conocimiento, la belleza de fuera y de dentro fundiéndolas en un crisol pluricultural capaz de producir una nacionalidad civilizada e inteligente.

Ser costarricense no es sencillo, exige requisitos que van más allá de la adopción administrativa de la nacionalidad, solo logran aprobarlos en un verdadero sentido aquellos que comprenden porque en esta patria es un principio fundamental que blanca y pura descanse la paz.

Costarricenses de Fraser Pirie nos manifiesta en cada imagen el significado profundo de cada estrofa de la letra del himno nacional escrita por José María Zeledón.  Hay una feliz convergencia en este libro de iconografías, fotografías y retratos con nuestro canto nacional, ambos expresan con profunda claridad nuestro sentido de la vida y nuestra aspiración de vivir de otro modo. Nuestra disposición para trabajar en paz, y defender el terruño de toda amenaza externa ocupa el centro de la identidad patriótica.  Somos un pueblo que necesitó medio siglo para tener un canto que recogiera la hazaña de un país cuyo heroísmo está fundado en su capacidad de vivir en paz y dos siglos completos para considerar esto una verdad irrefutable.

Comprender este crisol cultural que reúne Costa Rica, es vislumbrar su historia, asumir que la prudencia, el silencio, o el lacónico sentido de la expresión oral de los costarricenses, aunque es un rasgo distintivo, no debe hacernos suponer que no aprecia aprovecha y suma, la audacia, la experiencia, la expresión elocuente de los otros costarricenses que se han unido a su familia.  De este modo comportan una unidad de propósito, porque en cada etapa de la historia nuestros liderazgos combinan de manera armoniosa la personalidad aislada, callada, silenciosa, con la que es abierta, expresiva, y a veces indiscreta. No se trata de una dualidad, es una combinación de hombres y mujeres que aprovechan sus talentos que crean sinergias provechosas que son responsables del adelanto cultural, social y humano del costarricense.

Lo que nos dicen las imágenes de costarricenses, es que no hay razones para la desesperanza, que no existe prueba alguna de que este pueblo haya claudicado, que no vivimos tan cerca del abismo. Solo estamos pasando por un momento duro, complicado donde nuevamente se prueba el poder de adaptación, la resiliencia del ser costarricense, que tiene en sus orígenes, la poderosa influencia de una diversidad cultural que condiciona el espíritu nacional para encarar grandes desafíos, y ejecutar enormes transformaciones.

Ciertamente estamos transitando por el filo de una navaja, en la que la superficialidad, el hacer las cosas sin apoyarnos en nuestra historia, nuestras tradiciones, nuestros valores, nuestras virtudes es sumamente peligroso. En contraposición a ello necesitamos profundizar en el valor de la paciencia, la serena confianza, la escucha activa, la inclusión de todas las personas en las decisiones democráticas que definirán hoy el futuro de un país, cuyos éxitos han sido el resultado de la participación del pueblo, y no exclusivamente el resultado de la voluntad de un liderazgo.

Nuestro individualismo ha sido parte de la cultura y de nuestra identidad, y ciertamente ha tenido una capacidad creadora excepcional, pero esta actitud solo es la mitad de la ecuación, la prueba de que el pensamiento puede transformar nuestra forma de vida, es que su realización es un acto colectivo.  Debemos volver a alinear el pensar y el actuar de nuestra patria, trabajando en la superación de todo lo que divide nuestra nacionalidad,  y  cooperar para que todas nuestras conductas sean propicias en la construcción de un orden social donde la justicia y la solidaridad vuelvan a ser los fundamentos de la convivencia y la permanencia de nuestro proyecto país.

Si bien es un hecho que  en el bicentenario de nuestra independencia, podemos decir con orgullo que en el año 2021 superamos los peores vaticinios que teníamos en 1821 sobre nuestro porvenir, la confirmación de que hicimos el mejor país posible, siempre está en discusión, porque lo que nos desafía es si tendremos el coraje, la determinación y la voluntad de realizar con la prudencia y la sabiduría que hemos heredado, una sociedad costarricense superior, cuyas imágenes solo podremos convertir en realidades si trabajamos hoy como lo hicimos ayer por ser una Costa Rica singular.

Costarricenses es un regalo de Fraser Pirie a Costa Rica.  Es un libro elaborado con esmero, con cuidado, con sentido de lo que intenta y quiere decirnos su autor, su confección es de fina factura, hecho para que perdure, para que sobresalga y para que ocupe el centro de atención de aquellos que lo posean, lo disfruten y se encuentren con ese poderoso sentimiento vivo de amor a Costa Rica.  Fraser Pirie nos entrega un libro que trasciende el significado mismo de su obra, nos regala algo hecho como diría Oreamuno con pedazos de su corazón.

Todo el que quiera entender, comprender, el ser costarricense, puede acercarse a estas hermosas páginas, llenas de imágenes vivas, trascendentes porque son testimonio de lo que hemos recibido de generación en generación.  Aquí nuestro autor, cuyos orígenes familiares darían para toda una historia de afecto a Costa Rica, se conduce con discreción, habla de nosotros y de los otros, convencido de que la noble y leal tradición de su familia es la entrega generosa al prójimo, es decir: darlo a aquel que no pueda devolver lo que recibe.

Fraser Pirie es sinónimo de empresa, de servicio, de esperanza, de solidaridad, de trabajo, de amor y de sacrificio.   Fraser Pirie es un costarricense que como muchos proviene de una familia de inmigrantes que encontraron fascinante la experiencia de un pueblo único, que supo hacer rica y prospera una tierra cuya riqueza viene del tabaco, el café y la caña de azúcar.   Costarricenses que durante   dos siglos han forjado el sueño de construir un proyecto social y económico donde siempre vivan el trabajo y la paz.

 

 

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