Francisco Flores: Un acuerdo por la paz y la seguridad globales

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Francisco Javier Flores Zúñiga, Relaciones Internacionales.

Si usted nació en el siglo pasado, la noticia de que cinco potencias nucleares del mundo se hayan comprometido esta semana a trabajar en conjunto para evitar una guerra nuclear y lograr «un mundo sin armas atómicas», no solo le ha parecido sorprendente, sino que debe llenarle de satisfacción, dado que la mayor parte de su vida ha transcurrido esperando un acuerdo similar o parecido, como resultado de las tensiones que la carrera nuclear ha producido entre Oriente y Occidente.

La declaración conjunta que suscribieron al unísono:  Estados Unidos, Rusia, China, Gran Bretaña y Francia según fuentes internacionales dice: «Una guerra nuclear no puede ganarse y nunca debe lucharse”, ampliando que: «Debido a que el uso nuclear tendría consecuencias de gran alcance, también afirmamos que las armas nucleares ––mientras sigan existiendo–– deben servir para fines defensivos, disuadir la agresión y prevenir la guerra», concluye el comunicado.

En conteste con todos los esfuerzos precedentes, la mayor parte de ellos desarrollados durante la segunda mitad del siglo veinte, la humanidad recibe con alegría y porque no decirlo con optimismo esta forma de cooperación del mundo desarrollado, que envía un mensaje esclarecedor a todos aquellos que ven limitados sus pretextos para usar un recurso que más allá de ser irracional, debe llegar a ser prohibido.

La declaración emitida por las cinco potencias, también conocidas por ser miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, pide a todos los Estados que fomenten un entorno de seguridad «más propicio para avanzar en el desarme con el objetivo final de un mundo sin armas nucleares con una seguridad intacta para todos».

Las cinco potencias se comprometieron a adherirse al Tratado de No Proliferación Nuclear (NPT, por sus siglas en inglés) de 1970, que obliga a «buscar negociaciones de buena fe sobre medidas eficaces relacionadas al cese de la carrera de armas nucleares en una fecha próxima y al desarme nuclear».[1]

En contexto, aún está pendiente que los Estados miembros permanentes del Consejo de Seguridad que han suscrito esta reciente declaración, se adhieran al Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares que fue adoptado por dos tercios de los Estados miembros de la ONU en 2017 y entro en vigor el pasado 22 de enero del año 2021.  Este taxativamente Prohíbe a los Estados una amplia variedad de actos, entre ellos desarrollar, probar, producir, fabricar, transferir, poseer, almacenar, utilizar o amenazar con utilizar armas nucleares o permitir desplegar amas nucleares en su territorio.

 

Ciertamente el camino hacia la eliminación de las armas nucleares, parece despejado, pero aún la meta sigue siendo lejana, de la misma forma que lo es para el mundo llegar a proscribir la guerra más allá de conocer sus resultados.  No obstante, la humanidad suele avanzar entre luces y sombras y no es posible siempre lo deseable.  Tenemos muchos países que tienen armamento nuclear y que son fuente de inestabilidad y conflicto para la humanidad.  Ellos no son parte de este acuerdo, pero es necesario que lleguen a formar parte del mismo.

En Londres, el 9 de julio de 1955, los mismos científicos que habían colaborado en el uso de la energía nuclear para contener el avance del nazismo y el fascismo durante la segunda guerra mundial, suscribieron un manifiesto cuyas conclusiones debemos recordar:

“Hemos comprobado que las personas que más saben son las más pesimistas. Este es pues el interrogante que planteamos, espantoso, terrible e ineludible: ¿desaparecerá la raza humana o la humanidad renunciará a la guerra? Mucha gente no acepta tal alternativa, porque le parece muy difícil que se consiga desterrar la guerra. La supresión de la guerra exigiría desagradables limitaciones de la soberanía nacional. (…) La gente apenas puede imaginarse que ellos mismos individualmente, y las personas a las que quieren, están en inminente peligro de perecer angustiosamente. (…) Ante nosotros está, si lo escogemos, un continuo progreso en términos de felicidad, conocimiento y sabiduría. ¿Escogeremos la muerte como alternativa, sólo porque somos incapaces de suprimir nuestras querellas? Hacemos, como seres humanos, un llamamiento a los seres humanos: Recuerda que eres humano y olvida el resto. Si los hombres obramos así, se abrirá ante nosotros el camino hacia un nuevo paraíso, en caso contrario, quedará con nosotros el peligro de la muerte universal.” «Ante el hecho de que en toda futura guerra mundial se emplearán con certeza las armas nucleares, y de que tales armas amenazan la existencia misma de la humanidad, hacemos un llamamiento a los gobiernos de todo el mundo, para que entiendan, y lo reconozcan públicamente, que sus propósitos ya no pueden lograrse mediante una guerra mundial y, consecuentemente, para que resuelvan por medios pacíficos cualquier contencioso que exista entre ellos».[2]

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[1] El Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP) es la piedra angular de los esfuerzos mundiales para prevenir la propagación de las armas nucleares, fomentar la cooperación en los usos pacíficos de la energía nuclear y promover el objetivo del desarme nuclear y el desarme general y completo. El TNP se abrió a la firma en 1968 y entró en vigor el 5 de marzo de 1970. El 11 de mayo de 1995, el Tratado se prorrogó indefinidamente. Con 191 Estados partes, es el tratado del ámbito de la no proliferación nuclear, los usos pacíficos de la energía nuclear y el desarme nuclear con mayor número de adhesiones.

[2]Manifiesto Russell-Einstein Una declaración sobre armas nucleares Difundida a la prensa en Caxton Hall, Londres, 9 de julio de 1955 https://www.filosofia.org/cod/c1955rus.htm

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