Fraser Pirie: El consejo del rey Jorge VI

Para el presidente Carlos Alvarado

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Fraser Pirie Robson.

Durante los días más oscuros al inicio de la Segunda Guerra Mundial, el Reino Unido cambió de Primer Ministro. Necesitaban un primer ministro combativo, propiamente de guerra. No quedaba otro, que el impopular Winston Churchill. Impopular por bocón, por ser un poco parecido al presidente Trump en el juego de las palabras. Por el conocimiento de la palabra escrita, sus discursos son todavía legendarios.

Ante el peligro de la inminente invasión alemana y sin las defensas necesarias para contener la afronta militar, el nuevo gobierno titubeaba y temblaban del miedo. El Duque de Norfolk, cercanísimo a la Corona Inglesa, pero medio flojo y blandengue, insistía en negociar por medio de fascista Mussolini, los términos de una rendición pacífica.

Churchill, aun débil, no sabiendo con quien contaba como aliado en el gabinete de guerra, con unos generales desteñidos se sentía con la espalda contra la pared. Todos estaban en contra de él, y no sabía bien como defender la nación después de años de descuidar el armamento y la preparación militar.

Una noche oscura, le tocaron la puerta y se sorprendió al recibir al magnífico Rey Jorge Sexto que, sin las fanfarrias de las trompetas, entró a su habitación. ¡Le vino a levantar la moral y le hizo saber, con una gran fortaleza que lo apoyaba en todo! Pero le dio el más sano consejo al indicarle que le fuera a preguntar al pueblo.

—El pueblo es sabio y sabe que hacer. Pregúntele al pueblo.

Eso lo hizo al día siguiente, preguntándoles que querían. Una niña joven le contestó que nunca quería ver las insignias nazis en Londres. Otro le contestó que primero muerto… Todas las personas del metro lo apoyaban y querían verlo salir adelante. Con ese espaldarazo y certeza, se presentó ante un grupo de diputados y les comunicó lo que le dijeron los ciudadanos de a pie, la gente sencilla, que entienden más de la cuenta. El resto es historia, y las pretensiones del Duque de Norfolk quedaron en cenizas. Todo fue preguntarle al pueblo.

Yo respaldo al señor presidente de la República de Costa Rica. Bueno, soy un liberacionista, me imagino, pero este señor Alvarado ha hecho buenas obras. Yo lo apoyo en el plan del tren o metro nuevo.

Pero como otros muy buenos gobernantes, a veces se desubican en el camino, buscando afanosamente la solución, que por más que la buscan, no les aparece.

Entonces le pido a nuestro presidente, que, en vez de hablar con la contabilidad del gobierno, o sea el Ministerio de Hacienda, que hable con los asociados de la gran empresa nacional: Hable con el pueblo y pregúnteles a ellos, a los ciudadanos, a los socios de Costa Rica, … que hacer.

Seguramente le van a pedir hasta de rodillas que no les pongan más impuestos y que los manden a trabajar de nuevo.  Pero mejor no me crea a mí. Para más seguridad, …pregúntele al ciudadano común.

El pueblo es sabio y rara vez se equivoca.

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