Fraser Pirie R.  

Esta semana que ha pasado ha sido muy tumultuosa en la vida del expresidente Trump.

El sistema judicial norteamericano es diferente al nuestro. Un fiscal o sea el que acusa, convoca a doce personas comunes y corrientes, y les expone, frente a un juez federal, las razones criminales no-probadas con el fin de solicitar la autorización judicial para presentar la acusación formal ante la corte. Esta acusación formal se le conoce en el inglés como “indictment”.

Es muy grave y no hay recurso salvo presentarse al juicio formal. Claro en el juicio ya tendrá el derecho a la defensa con todos los abogados y los descargos que quiera.

El 5 de noviembre 2020, Trump alega fraude electoral.

La gran mayoría de los norteamericanos conocen y entienden perfectamente bien, que Trump indujo a miles de personas al lanzarse en contra de los que “nos robaban la elección”. Esos eran los senadores y representantes.

Hoy, hay cientos de personas condenadas por las cortes y encarceladas. El resto espera juicio por atacar al Senado de los Estados Unidos de Norteamérica. Elementos peligrosos, radicales, como los “Proud Boys” y “Quanon” guardan prisión.

No hay duda alguna, por las mismas declaraciones presidenciales, grabadas y publicadas de que Trump lanzó a la multitud a defender las elecciones robadas. “Hay que luchar como un demonio”, dijo.

Según las leyes norteamericanas, el Colegio Electoral emitió un informe de los resultados estado por estado. Esto fue elevado al Congreso. El mismo vicepresidente saliente Pence, aprobó las elecciones como verídicas y el Senado aprobó la voluntad popular y por ende fueron declaradas legales. Joe Biden era el presidente electo.

 Entre las múltiples demandas por acoso sexual entre otras, Trump enfrenta 34 cargos por delitos graves al falsificar registros comerciales después de ser acusado por un gran jurado de Manhattan. Tal vez se salve de estas demandas con pagos millonarios en multas.

Los cargos que lo acusan, como obstruir la justicia, impedir las elecciones nacionales y otros crímenes son graves.  Pero el peor y más difícil de librarse, es incitar a la sedición.  Grave, porque va en contra de la Constitución Política y la base jurídica de ese país.

Se le acusa de conspirar para defraudar a los Estados Unidos, “por sus esfuerzos repetidos y generalizados de difundir afirmaciones falsas sobre las elecciones de noviembre de 2020 sabiendo que no eran ciertas y por supuestamente intentar descartar ilegalmente votos legítimos, todo con el objetivo de anular las elecciones de 2020”. Además, conspiración para obstruir un procedimiento oficial y conspiración contra los derechos de otros ciudadanos.

A muchas personas les llamaba la atención y les gustaba escuchar los discursos de Trump en los mítines políticos norteamericanos. Al analizar por qué les gustaba, con horror, me di cuenta de que el presidente Trump ¡le hablaba a cada uno personalmente! Las palabras que él usaba siempre venían con un énfasis muy personal. ¡Entre Trump y cada uno en lo personal! Esto mismo lo pensaron miles y miles de personas en todo ese país. No importaba si lanzaba mentiras, medias verdades, exageraciones.

Lo que importaba al elector, … ¡era que me hablaba a mí!

Pocos son los candidatos que logran esa metodología para dirigirse al público. Es altamente peligrosa. Ejemplos:

—Ya lo están haciendo otra vez. El torcido de Biden y la ladrona de Hillary quieren subirnos los impuestos. Eso sería muy dañino para todos nosotros. Tenemos que derrotarlos.

No importa tanto si es cierto o no, uno piensa que sí, … y aprueba.  Aprueba la mentira.

Cuando era apenas un candidato tenía la facilidad para desarmar y descalificar a sus competidores. Por ejemplo, el caso de Jeb Bush, hermano del presidente Bush y gobernador del Estado de la Florida. Le puso el apodo de “slo Jeb”, o sea el lento Jeb.

Entonces yo volví a ver a Jeb Bush y lo vi ¡lento! Uno por uno los fue descalificado con apodos desagradables.

La candidata Elizabeth Warren, quien disfrutaba de ser descendiente de indígena, (la cual le costó probarlo), Trump la empezó a llamar “Pocahontas”. No es un apodo feo, pero todo mundo sabía de quién se trataba. Así, también era derogatorio. Hasta ahí llegó.

—La corrupta y fallida New York Times, estimó el mitin en 1.000 personas, cuando en realidad fue muchas veces ese número. Ese estadio estaba rockeando. Es una gente muy deshonesta. Después de esta falsa aseveración introdujo al mundo el “Fake News”. La noticia falsa.

Hablando de Kim Jong Un, dictador de Corea del Norte, lo tituló de una vez como aquel “pequeño hombre cohete”.

En enero 2022, en un mitin de “Salvemos a los Estados Unidos” en Arizona.

Para muchos de nosotros los electores nacionales de Costa Rica, al igual que en otros países, la política es un distractor de la cual hay que disfrutar. Entonces de alguna manera disfrutamos la novela en donde un candidato desarma al otro.

Quizás uno de los peligros que pueda enfrentar nuestro país es que un candidato populista aprenda esta metodología para dirigirse a cada persona y que se sientan aludidos personalmente y por ende tenga fuerte incidencia en los resultados electorales.

Los discursos de Trump nunca fueron magníficos discursos, floridos, de bellísimas palabras poéticas y románticas. Eran solo un acceso a los sentimientos más básicos del ser humano.

¡El peligro radica en que a uno le guste!

“Hagamos grande a Costa Rica de nuevo.”

 

Fraser Pirie

Por Fraser Pirie

El autor es empresario e investigador histórico. Cuenta con varios libros de historia y fotografía sobre Costa Rica: "Tiempos de héroes", "Nuestra Patria", "Cartago station", "El tiempo congelado". "Salve Oh tierra gentil". Articulista en medios de comunicación.